Barrio: Pacifico / Tema: Deporte
Ubicación Histórica, Año:1947

Domingo Lorenzatti
DOMINGO LORENZATTI

Otro de esos deportistas que nos representaron con altura.

Entre las historias para contar, no pueden faltar las deportivas, ya que aquellos muchachos se brindaron, cada uno por su deporte favorito y defendieron no solamente su prestigio, sino el de un pueblo a quien querían porque era su lugar en el mundo y por el que se entregaron sin concesiones.
Este, a quien quiero recordar, era loco por los automóviles de carrera. Fue piquense a muerte a pesar de haber llegado con sus padres desde otro pueblo, formando parte de un numeroso grupo familiar, muy propio de aquellos años. Los viejos, los muchachos y las mujeres de esta familia, trabajaron un gran almacén en la esquina de calle 2 y 12, allí mismo donde se encuentra una Estación de Servicio.
Pero como toda familia se va decantando por el imperio de los años, no quiere decir que se separaron por diferencias, nada de eso, simplemente que las mujeres al ir conformando cada una su propia casa, fueron los varones quienes continuaron con la actividad, hasta que también ellos poco a poco tuvieron que ir buscando otros horizontes y aquel matrimonio que se terminara radicando en General Pico luego de dejar el pueblo de Monte Nievas, vio cómo sus hijos emprendieron sus propias vidas.
Este, a quien recordaremos, fue armando lo suyo y cuando le pareció que podía darse algún gusto, se decidió por comprar un vehículo de competición. Corría entonces el año 1946 o tal vez el 47, y la *wippet* que le habían ofrecido pasó a ser suya. Los pocos retoques que debían darle, los hicieron en el taller del *Pelao* Ramón. Hasta allí se arrimaron don Juan Medrano y los hermanos Vigovich. Por supuesto, no podía faltar algún *metido* y este fue un chiquilín muy travieso desde siempre, que terminó por ser algo así como una *cábala-mascota*, Osvaldo García. *El Cola* García era ese chiquilín que por la proximidad de su casa con la el taller, lo tenía siempre mirando a ver qué se hacía en ese coche de carrera. Y lo de la cábala era simplemente porque el capot, además de tener otros seguros, tenía un tornillito que solamente se podía sacar metiendo la mano por debajo de él y para completar, tenía que ser una mano chica, como la de éste muchachito quien terminó por ser la figura del grupo, hasta que le cambiaron el sistema. Además el tío Ángel estaba metido y seguramente fue quien lo llevó. Así fue cómo entre todas esas manos, el coche quedó listo para largar y la carrera próxima ya estaba ahí, a pocos días. Se cuenta que por esos años la zona era muy competitiva y donde se hiciera, llegaban hombres de primera línea, de General Pico, Catriló, Lonquimay, Santa Rosa, General Acha, Eduardo Castex, Salliqueló, Huinca Renancó, Bahía Blanca, Junín, Trenque Lauquen, América, Colonia Barón, Ceballos. Y para completar en aquella carrera que se disputaría en Eduardo Castex, en el circuito denominado *La María Gilda*, se haría presente una figura consagrada en el ámbito nacional, Ricardo Risatti, quien vendría a competir con una máquina recientemente adquirida a Alfredo Pian, por un valor aproximada a los $7.000.- de la época. Nadie desconocía las condiciones de manejo del hombre de Laboulaye, y mucho se sospechaba que la máquina era de primera línea, pero eso a nadie asustó. Ni siquiera los hizo dudar de la participación. El único que faltaría a la cita iba a ser Juan Marchini pero ocurre que para esta época ya se había desprendido de la categoría y estaba dedicado casi exclusivamente a la competición en ruta. El resto se fue todo a Eduardo Castex y el *Gordito* Lorenzatti por ser la primera vez, no buscó excusa y allí estuvo presente y hasta ganando la primera serie, o sea *Debut y triunfo* y a esperar la segunda serie, para ver con quién compartiría la primera línea de largada en la final. Risatti no estuvo acorde a las circunstancias por un pequeño problemita de carburación que, aunque lo mandó al final del lote, no lo hizo dudar ni mucho menos desistir. Realmente, –cuentan las viejas crónicas–, las series fueron duras batallas que hicieron tomar la decisión, –a los dirigentes–, de dar algunos minutos más para reparar y asegurarse un buen espectáculo. El único que no aprovechó ese tiempo fue *Cachi* Castaño, pues lo que a él le había sucedido, no lo arreglaba con unos minutos más y decidió, junto a su equipo, quedarse afuera.
Domingo Lorenzatti contaba para esa época con veintiséis a veintisiete años de edad, que si bien es cierto no eran tantos, sí eran bastante como para iniciarse con esos pequeños *bellacos*, con esos coches para las pistas de entonces, donde todo era arena y los pisos en pocas vueltas, quedaban muy marcados y correr de atrás era cosa de *mandinga*. Pero él tenía mucho entusiasmo por los fierros y amor propio era lo que le sobraba. Desde chico anduvo entre motores, el trabajo mismo le fue dando oportunidades como para saber qué era un motor, cómo funcionaba y qué había que hacer para volverlo a la normalidad cuando se rompía. Es que entonces no solamente llevaban la mercadería a repartir, solían carga algo más para ampliar la venta y como generalmente se internaban en caminos donde pocos pasaban, entonces también llevaban sus repuestos y herramientas, porque eso de pedir auxilio no era cosa pensada ni remotamente.
Acostumbrado a ese sacrificio, que se sumaba al entusiasmo, en poco tiempo aquel coche comprado fue rápidamente puesto a punto, con los resultados que continuamos detallando ya que aún no dijimos nada sobre la final. Risatti largó desde bien atrás, pero antes del segundo giro ya estaba adelante. El pique, el agarre de ese coche para la salida era impresionante, lo que el cordobés aprovechó al máximo, y a partir de esa salida fue ampliando ventajas hasta que le quedó solamente delante de él, la petiza que conducía Domingo. Ese domingo para *El gordo* de General Pico estaba todo a su favor, había algo en la máquina de Risatti que no funcionaba bien, mientras la de él, –tal vez menos veloz–, se lucía con andar parejo, con un conductor que parecía tener mil carreras por las costillas. Lorenzatti se llevó todo, serie, final, aplausos, copas, abrazos, todo y hasta su acompañante se vio envuelto en esos aplausos y abrazos, pero Angelito García Alonzo los quería devolver porque todo había sido obra de Domingo, él solamente había cumplido como acompañante, ¡¡*Como contrapeso*!! dicen que gritaba en medio de la alegría.
Lo de llevarse todo no es muy cierto, Domingo contó luego que había tenido la suerte de ver el trofeo horas antes en la vidriera de un negocio. En ese momento de aplausos y euforia no le fue entregada la copa, se la mandaron a su domicilio pero nada que ver con la grande, parece que se la dieron a Risatti.
Desde ese entonces pasó a ser, *el hombre a vencer*. En todos los circuitos de la zona era requerida su presencia. Ya no era Domingo Lorenzatti, era *El gordito con la petiza* o simplemente *La pampita* como él la había bautizado. Tuvo a partir de ese momento, excelentes actuaciones como también accidentes considerables, porque en esas competencias nunca se sabía qué podía ocurrir en los próximos cinco metros, debido al polvo que se levantaba. Los despistes generalmente eran por no llegar a ver la proximidad de las curvas, un coche detenido o intentando corregir un trompo. A Domingo le ocurrió eso en una oportunidad, cuando Curto, que marchaba delante de él, se le revienta un neumático y apenas si logra ver el bulto. Intenta el volantazo, pero su rueda trasera dio con el auto de Curto, prácticamente detenido. De ahí en adelante su coche da un trompo y se clava en la tierra, para provocar un revolcón considerable que lo deja en cama por varios días y unos cuantos más para soldar la costilla fisurada.
Su vida se complementaba con el trabajo, había que andar mucho para poder vender y entregar mercadería y aunque en lo personal le iba bien, a esos *bichos* había que dedicarles tiempo.
A pesar de todo, un buen día se armó de una coupé 1938, con la que asistió a la Vuelta del Chaco, disputada en dos durísimas etapas. Entonces cada tramo no bajaba de los seiscientos kilómetros y algunos llegaban hasta mil.
La coupé pintada de amarillo fue bautizada aquí, como *La Pampita grande*, pero en territorio chaqueño la bautizaron, *La canaria*. En ella, acompañado por el *Drina* Celestino Berguño, lograron dar la vuelta, con muchos tropiezos, pero dieron la vuelta completa y una clasificación final en el vigésimo lugar sobre 54 participantes.
Esa *IIª Vuelta del Chaco* (Agosto de 1950), obviamente por rutas del territorio chaqueño fue ganada por Daimo Bojanich.
En la primera etapa Domingo Lorenzatti clasificó en el 21º lugar, desarrollada entre Resistencia y Saenz Peña, con un recorrido de 724 kilómetros y fue ganada por Daimo Bojanich.
La segunda etapa entre Saenz Peña y Resistencia el ganador fue Eusebio Marcilla, mientras Domingo clasificó en el 22º lugar luego de recorrer 741 kilómetros de ese segundo tramo.
La clasificación final, en la suma de tiempos le dio el primer puesto a Daimo Bojanich, mientras que *El Gordo* Lorenzatti se colocó en el 20ª lugar, cumpliendo una excelente actuación, luego de sortear la falta de aceite en el diferencial por un pequeño descuido al poner el tapón.
Pero desde el Chaco se vino con una condecoración, muy, pero muy especial, la misma que un año antes lograra el hombre de Junín, Eusebio Carmelo Marcilla, el de *Caballero del camino* ya que ahora y a pesar de los inconvenientes propios, en un momento se encontró con otro competidor que había sufrido un vuelco y se encontraban, conductor y acompañante, en dificultades para salir del paso, logrando luego entre los cuatro, poner el coche en posición normal. Al comprobar que los ocupantes no tenían heridas de consideración, –más allá del revolcón–, esperó hasta que fueran atendidos y recién continuaron en carrera.
Es dable destacar que este no fue un título puesto así, al pasar, la honestidad de este hombre ya se había manifestado. Los chaqueños no sabían que muy poco tiempo atrás, Domingo había protagonizado otras situaciones similares y una que lo pintó de cuerpo entero, fue aquella en la que yendo detrás de otro competidor en la pista de Eduardo Castex, este se clavó de punta y salió despedido hacia el costado de la pista dando algunos tumbos. Dentro de su petiza solamente vio cómo se clavo y cómo voló dando vueltas, pero ahí no termina todo, este accidente se produce a solamente un par de giros para terminar y delante del resto con mucha distancia, en una palabra, le quedó la carrera para disfrutarla, pero contrariamente a lo que muchos hubieran hecho, al llegar a la línea de largada, paró su coche y pidió urgente atención del piloto ya que para él, había ocurrido lo peor. Si bien es cierto piloto y acompañante sufrieron serios golpes que les produjeron algunas quebraduras de huesos, lo más grave, fue que estuvieron escupiendo tierra por varios días.
Al regreso del Territorio chaqueño fue agasajado por todos sus amigos y colaboradores con una tremenda *raviolada* en la Fonda de Fosatti, donde además se pudo escuchar la palabra de varios *oradores*, pero la suya, fue la más esperada. Manifestó que se encontraba muy contento y sumamente agradecido con todos, más aún con los residentes pampeanos en el Chaco, pero quería dejar en claro que no se encontraba con la suficiente experiencia para ese tipo de competencias, por lo que se iba a dedicar exclusivamente a las competencias de pista… Pero ahí vino lo mejor, les pidió a todos que aunaran los esfuerzos para acompañar a *Juancito* Marchini, porque, ¡*Él es el padre de las rutas pampeanas*!. Estaba claro que tenía incorporada la humildad de los grandes, demostrando el cariño y respeto por este dúo (Marchini–Gallo) que paseaba el nombre de General Pico por todas las rutas del país y Sudamérica.
En mayo de 1949 se corre la *Primera Vuelta de La Pampa* y Domingo junto a otros pampeanos, como Marchini, Justino García, Lucesoli, Sabaidini, Docampo, Lluch y Alvarez Beramendi, se apresta para competir y logrando en la prueba de clasificación el número 64. En realidad por sorteo, ya que no pudo clasificar. Problemas mecánicos le hacen desistir de continuar y se produce su abandono en la primera parte de la primera etapa.
Interviene en otras competencias como la *Primera Doble Vuelta de Rojas*, la clasificación para el orden de largada se hace en un circuito el día anterior a la competencia, –2 de octubre de 1949–, y el dúo Lorenzatti–Berguño logra el número 36. Inconvenientes mecánicos les obliga a abandonar la competencia. La misma es ganada por Eusebio Marcilla escoltado por Daniel Musso. En estas carreras ya estaban presentes en forma casi permanente, figuras que marcaron la época, como Pablo Gulle, Remo Gamalero, Félix Peduzzi, los hermanos Gálvez, Risatti, Descotte, Emiliozzi, Petrini, Sokol, Froilan González, en fin, las figuras que estaban peleando siempre los primeros diez lugares.
Esto es en líneas generales la actividad deportiva de Domingo Lorenzatti, un verdadero campeón en las pistas de aquellos años, donde manejar en el pelotón era cosa que solamente ellos pudieron hacer. Había que ponerse la camiseta de guapo y creo que “El Gordo” la llevaba pintada en el cuero. En realidad fue ese tipo de hombres que no hubiera sido necesaria tanta humanidad para llevar tanta grandeza, tanta solidaridad… O tal vez sí, vaya uno a saber.
La vida le fue dando amigos que no tenían inconvenientes para recibirlo con un mate y compartir una charla de esas que hoy, casi no se pueden realizar, antes de disponer la mercadería a bajar.
Vinieron épocas mejores por supuesto, cuando la envasadora de vinos ocupó un primer plano y el radio de acción de Domingo fue mucho más amplio. Solo que él no cambió su General Pico por nada y siempre se mantuvo cerca del automovilismo de pista o circuito. Ese que permitía verlos íntegramente entregados al manejo, empecinados en buscar la delantera, para salir de la gruesa polvareda que llegaba a picar en brazos y cara.
Fueron cinco años de actividad plena. Cinco años que le permitieron ganar muchas carreras aquí y en la zona, pero por sobre todo ganó amigos y más amigos y fue querido por su espíritu de colaboración y simplicidad de carácter.
Afortunadamente Domingo tuvo un feliz acompañamiento de sus hijos, y uno de ellos siguió sus pasos para ser parte de aquel movimiento automovilístico que puso en pista coches especiales donde aparecían los conocimientos técnicos de varios, no solamente en los motores, sino también en el trabajo de chasis. Su hijo Gustavo fue parte de aquel movimiento dando continuidad al apellido en el mundo de los fierros.
*El Gordo* Domingo Lorenzatti había nacido el 4 de agosto de q921 y nos dejó el 2 de abril de 1979, demasiado joven para irse a correr a las rutas de arriba. Pero el destino así lo habrá querido.
Él seguirá viviendo entre esos duendes que andan en los talleres, donde se esté preparando algún coche para correr en cualquier terreno de nuestro suelo pampeano donde se pueda calzar las antiparras y pisar el acelerador *hasta la tabla*.

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Recopilación de viejas crónicas de los diarios La Reforma y Zona Norte.
Armado en base al libro *Automovilismo… atado con piolín*
Fotos rescatadas por Osvaldo García, cedidas oportunamente.
Y gracias Gustavo por ceder algunas de tu parte.
Héctor Pérez Farías
General Pico
Marzo de 2016.
(Derechos reservados)





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