Barrio: Pacifico / Tema: Deporte
Ubicación Histórica, Año:1947
Domingo Lorenzatti
DOMINGO LORENZATTI
Otro de esos deportistas que nos representaron con altura.
Entre las historias para contar, no pueden faltar las deportivas, ya que aquellos muchachos se brindaron, cada uno por su deporte favorito y defendieron no solamente su prestigio, sino el de un pueblo a quien querÃan porque era su lugar en el mundo y por el que se entregaron sin concesiones.
Este, a quien quiero recordar, era loco por los automóviles de carrera. Fue piquense a muerte a pesar de haber llegado con sus padres desde otro pueblo, formando parte de un numeroso grupo familiar, muy propio de aquellos años. Los viejos, los muchachos y las mujeres de esta familia, trabajaron un gran almacén en la esquina de calle 2 y 12, allà mismo donde se encuentra una Estación de Servicio.
Pero como toda familia se va decantando por el imperio de los años, no quiere decir que se separaron por diferencias, nada de eso, simplemente que las mujeres al ir conformando cada una su propia casa, fueron los varones quienes continuaron con la actividad, hasta que también ellos poco a poco tuvieron que ir buscando otros horizontes y aquel matrimonio que se terminara radicando en General Pico luego de dejar el pueblo de Monte Nievas, vio cómo sus hijos emprendieron sus propias vidas.
Este, a quien recordaremos, fue armando lo suyo y cuando le pareció que podÃa darse algún gusto, se decidió por comprar un vehÃculo de competición. CorrÃa entonces el año 1946 o tal vez el 47, y la *wippet* que le habÃan ofrecido pasó a ser suya. Los pocos retoques que debÃan darle, los hicieron en el taller del *Pelao* Ramón. Hasta allà se arrimaron don Juan Medrano y los hermanos Vigovich. Por supuesto, no podÃa faltar algún *metido* y este fue un chiquilÃn muy travieso desde siempre, que terminó por ser algo asà como una *cábala-mascota*, Osvaldo GarcÃa. *El Cola* GarcÃa era ese chiquilÃn que por la proximidad de su casa con la el taller, lo tenÃa siempre mirando a ver qué se hacÃa en ese coche de carrera. Y lo de la cábala era simplemente porque el capot, además de tener otros seguros, tenÃa un tornillito que solamente se podÃa sacar metiendo la mano por debajo de él y para completar, tenÃa que ser una mano chica, como la de éste muchachito quien terminó por ser la figura del grupo, hasta que le cambiaron el sistema. Además el tÃo Ãngel estaba metido y seguramente fue quien lo llevó. Asà fue cómo entre todas esas manos, el coche quedó listo para largar y la carrera próxima ya estaba ahÃ, a pocos dÃas. Se cuenta que por esos años la zona era muy competitiva y donde se hiciera, llegaban hombres de primera lÃnea, de General Pico, Catriló, Lonquimay, Santa Rosa, General Acha, Eduardo Castex, Salliqueló, Huinca Renancó, BahÃa Blanca, JunÃn, Trenque Lauquen, América, Colonia Barón, Ceballos. Y para completar en aquella carrera que se disputarÃa en Eduardo Castex, en el circuito denominado *La MarÃa Gilda*, se harÃa presente una figura consagrada en el ámbito nacional, Ricardo Risatti, quien vendrÃa a competir con una máquina recientemente adquirida a Alfredo Pian, por un valor aproximada a los $7.000.- de la época. Nadie desconocÃa las condiciones de manejo del hombre de Laboulaye, y mucho se sospechaba que la máquina era de primera lÃnea, pero eso a nadie asustó. Ni siquiera los hizo dudar de la participación. El único que faltarÃa a la cita iba a ser Juan Marchini pero ocurre que para esta época ya se habÃa desprendido de la categorÃa y estaba dedicado casi exclusivamente a la competición en ruta. El resto se fue todo a Eduardo Castex y el *Gordito* Lorenzatti por ser la primera vez, no buscó excusa y allà estuvo presente y hasta ganando la primera serie, o sea *Debut y triunfo* y a esperar la segunda serie, para ver con quién compartirÃa la primera lÃnea de largada en la final. Risatti no estuvo acorde a las circunstancias por un pequeño problemita de carburación que, aunque lo mandó al final del lote, no lo hizo dudar ni mucho menos desistir. Realmente, âcuentan las viejas crónicasâ, las series fueron duras batallas que hicieron tomar la decisión, âa los dirigentesâ, de dar algunos minutos más para reparar y asegurarse un buen espectáculo. El único que no aprovechó ese tiempo fue *Cachi* Castaño, pues lo que a él le habÃa sucedido, no lo arreglaba con unos minutos más y decidió, junto a su equipo, quedarse afuera.
Domingo Lorenzatti contaba para esa época con veintiséis a veintisiete años de edad, que si bien es cierto no eran tantos, sà eran bastante como para iniciarse con esos pequeños *bellacos*, con esos coches para las pistas de entonces, donde todo era arena y los pisos en pocas vueltas, quedaban muy marcados y correr de atrás era cosa de *mandinga*. Pero él tenÃa mucho entusiasmo por los fierros y amor propio era lo que le sobraba. Desde chico anduvo entre motores, el trabajo mismo le fue dando oportunidades como para saber qué era un motor, cómo funcionaba y qué habÃa que hacer para volverlo a la normalidad cuando se rompÃa. Es que entonces no solamente llevaban la mercaderÃa a repartir, solÃan carga algo más para ampliar la venta y como generalmente se internaban en caminos donde pocos pasaban, entonces también llevaban sus repuestos y herramientas, porque eso de pedir auxilio no era cosa pensada ni remotamente.
Acostumbrado a ese sacrificio, que se sumaba al entusiasmo, en poco tiempo aquel coche comprado fue rápidamente puesto a punto, con los resultados que continuamos detallando ya que aún no dijimos nada sobre la final. Risatti largó desde bien atrás, pero antes del segundo giro ya estaba adelante. El pique, el agarre de ese coche para la salida era impresionante, lo que el cordobés aprovechó al máximo, y a partir de esa salida fue ampliando ventajas hasta que le quedó solamente delante de él, la petiza que conducÃa Domingo. Ese domingo para *El gordo* de General Pico estaba todo a su favor, habÃa algo en la máquina de Risatti que no funcionaba bien, mientras la de él, âtal vez menos velozâ, se lucÃa con andar parejo, con un conductor que parecÃa tener mil carreras por las costillas. Lorenzatti se llevó todo, serie, final, aplausos, copas, abrazos, todo y hasta su acompañante se vio envuelto en esos aplausos y abrazos, pero Angelito GarcÃa Alonzo los querÃa devolver porque todo habÃa sido obra de Domingo, él solamente habÃa cumplido como acompañante, ¡¡*Como contrapeso*!! dicen que gritaba en medio de la alegrÃa.
Lo de llevarse todo no es muy cierto, Domingo contó luego que habÃa tenido la suerte de ver el trofeo horas antes en la vidriera de un negocio. En ese momento de aplausos y euforia no le fue entregada la copa, se la mandaron a su domicilio pero nada que ver con la grande, parece que se la dieron a Risatti.
Desde ese entonces pasó a ser, *el hombre a vencer*. En todos los circuitos de la zona era requerida su presencia. Ya no era Domingo Lorenzatti, era *El gordito con la petiza* o simplemente *La pampita* como él la habÃa bautizado. Tuvo a partir de ese momento, excelentes actuaciones como también accidentes considerables, porque en esas competencias nunca se sabÃa qué podÃa ocurrir en los próximos cinco metros, debido al polvo que se levantaba. Los despistes generalmente eran por no llegar a ver la proximidad de las curvas, un coche detenido o intentando corregir un trompo. A Domingo le ocurrió eso en una oportunidad, cuando Curto, que marchaba delante de él, se le revienta un neumático y apenas si logra ver el bulto. Intenta el volantazo, pero su rueda trasera dio con el auto de Curto, prácticamente detenido. De ahà en adelante su coche da un trompo y se clava en la tierra, para provocar un revolcón considerable que lo deja en cama por varios dÃas y unos cuantos más para soldar la costilla fisurada.
Su vida se complementaba con el trabajo, habÃa que andar mucho para poder vender y entregar mercaderÃa y aunque en lo personal le iba bien, a esos *bichos* habÃa que dedicarles tiempo.
A pesar de todo, un buen dÃa se armó de una coupé 1938, con la que asistió a la Vuelta del Chaco, disputada en dos durÃsimas etapas. Entonces cada tramo no bajaba de los seiscientos kilómetros y algunos llegaban hasta mil.
La coupé pintada de amarillo fue bautizada aquÃ, como *La Pampita grande*, pero en territorio chaqueño la bautizaron, *La canaria*. En ella, acompañado por el *Drina* Celestino Berguño, lograron dar la vuelta, con muchos tropiezos, pero dieron la vuelta completa y una clasificación final en el vigésimo lugar sobre 54 participantes.
Esa *IIª Vuelta del Chaco* (Agosto de 1950), obviamente por rutas del territorio chaqueño fue ganada por Daimo Bojanich.
En la primera etapa Domingo Lorenzatti clasificó en el 21º lugar, desarrollada entre Resistencia y Saenz Peña, con un recorrido de 724 kilómetros y fue ganada por Daimo Bojanich.
La segunda etapa entre Saenz Peña y Resistencia el ganador fue Eusebio Marcilla, mientras Domingo clasificó en el 22º lugar luego de recorrer 741 kilómetros de ese segundo tramo.
La clasificación final, en la suma de tiempos le dio el primer puesto a Daimo Bojanich, mientras que *El Gordo* Lorenzatti se colocó en el 20ª lugar, cumpliendo una excelente actuación, luego de sortear la falta de aceite en el diferencial por un pequeño descuido al poner el tapón.
Pero desde el Chaco se vino con una condecoración, muy, pero muy especial, la misma que un año antes lograra el hombre de JunÃn, Eusebio Carmelo Marcilla, el de *Caballero del camino* ya que ahora y a pesar de los inconvenientes propios, en un momento se encontró con otro competidor que habÃa sufrido un vuelco y se encontraban, conductor y acompañante, en dificultades para salir del paso, logrando luego entre los cuatro, poner el coche en posición normal. Al comprobar que los ocupantes no tenÃan heridas de consideración, âmás allá del revolcónâ, esperó hasta que fueran atendidos y recién continuaron en carrera.
Es dable destacar que este no fue un tÃtulo puesto asÃ, al pasar, la honestidad de este hombre ya se habÃa manifestado. Los chaqueños no sabÃan que muy poco tiempo atrás, Domingo habÃa protagonizado otras situaciones similares y una que lo pintó de cuerpo entero, fue aquella en la que yendo detrás de otro competidor en la pista de Eduardo Castex, este se clavó de punta y salió despedido hacia el costado de la pista dando algunos tumbos. Dentro de su petiza solamente vio cómo se clavo y cómo voló dando vueltas, pero ahà no termina todo, este accidente se produce a solamente un par de giros para terminar y delante del resto con mucha distancia, en una palabra, le quedó la carrera para disfrutarla, pero contrariamente a lo que muchos hubieran hecho, al llegar a la lÃnea de largada, paró su coche y pidió urgente atención del piloto ya que para él, habÃa ocurrido lo peor. Si bien es cierto piloto y acompañante sufrieron serios golpes que les produjeron algunas quebraduras de huesos, lo más grave, fue que estuvieron escupiendo tierra por varios dÃas.
Al regreso del Territorio chaqueño fue agasajado por todos sus amigos y colaboradores con una tremenda *raviolada* en la Fonda de Fosatti, donde además se pudo escuchar la palabra de varios *oradores*, pero la suya, fue la más esperada. Manifestó que se encontraba muy contento y sumamente agradecido con todos, más aún con los residentes pampeanos en el Chaco, pero querÃa dejar en claro que no se encontraba con la suficiente experiencia para ese tipo de competencias, por lo que se iba a dedicar exclusivamente a las competencias de pista⦠Pero ahà vino lo mejor, les pidió a todos que aunaran los esfuerzos para acompañar a *Juancito* Marchini, porque, ¡*Ãl es el padre de las rutas pampeanas*!. Estaba claro que tenÃa incorporada la humildad de los grandes, demostrando el cariño y respeto por este dúo (MarchiniâGallo) que paseaba el nombre de General Pico por todas las rutas del paÃs y Sudamérica.
En mayo de 1949 se corre la *Primera Vuelta de La Pampa* y Domingo junto a otros pampeanos, como Marchini, Justino GarcÃa, Lucesoli, Sabaidini, Docampo, Lluch y Alvarez Beramendi, se apresta para competir y logrando en la prueba de clasificación el número 64. En realidad por sorteo, ya que no pudo clasificar. Problemas mecánicos le hacen desistir de continuar y se produce su abandono en la primera parte de la primera etapa.
Interviene en otras competencias como la *Primera Doble Vuelta de Rojas*, la clasificación para el orden de largada se hace en un circuito el dÃa anterior a la competencia, â2 de octubre de 1949â, y el dúo LorenzattiâBerguño logra el número 36. Inconvenientes mecánicos les obliga a abandonar la competencia. La misma es ganada por Eusebio Marcilla escoltado por Daniel Musso. En estas carreras ya estaban presentes en forma casi permanente, figuras que marcaron la época, como Pablo Gulle, Remo Gamalero, Félix Peduzzi, los hermanos Gálvez, Risatti, Descotte, Emiliozzi, Petrini, Sokol, Froilan González, en fin, las figuras que estaban peleando siempre los primeros diez lugares.
Esto es en lÃneas generales la actividad deportiva de Domingo Lorenzatti, un verdadero campeón en las pistas de aquellos años, donde manejar en el pelotón era cosa que solamente ellos pudieron hacer. HabÃa que ponerse la camiseta de guapo y creo que âEl Gordoâ la llevaba pintada en el cuero. En realidad fue ese tipo de hombres que no hubiera sido necesaria tanta humanidad para llevar tanta grandeza, tanta solidaridad⦠O tal vez sÃ, vaya uno a saber.
La vida le fue dando amigos que no tenÃan inconvenientes para recibirlo con un mate y compartir una charla de esas que hoy, casi no se pueden realizar, antes de disponer la mercaderÃa a bajar.
Vinieron épocas mejores por supuesto, cuando la envasadora de vinos ocupó un primer plano y el radio de acción de Domingo fue mucho más amplio. Solo que él no cambió su General Pico por nada y siempre se mantuvo cerca del automovilismo de pista o circuito. Ese que permitÃa verlos Ãntegramente entregados al manejo, empecinados en buscar la delantera, para salir de la gruesa polvareda que llegaba a picar en brazos y cara.
Fueron cinco años de actividad plena. Cinco años que le permitieron ganar muchas carreras aquà y en la zona, pero por sobre todo ganó amigos y más amigos y fue querido por su espÃritu de colaboración y simplicidad de carácter.
Afortunadamente Domingo tuvo un feliz acompañamiento de sus hijos, y uno de ellos siguió sus pasos para ser parte de aquel movimiento automovilÃstico que puso en pista coches especiales donde aparecÃan los conocimientos técnicos de varios, no solamente en los motores, sino también en el trabajo de chasis. Su hijo Gustavo fue parte de aquel movimiento dando continuidad al apellido en el mundo de los fierros.
*El Gordo* Domingo Lorenzatti habÃa nacido el 4 de agosto de q921 y nos dejó el 2 de abril de 1979, demasiado joven para irse a correr a las rutas de arriba. Pero el destino asà lo habrá querido.
Ãl seguirá viviendo entre esos duendes que andan en los talleres, donde se esté preparando algún coche para correr en cualquier terreno de nuestro suelo pampeano donde se pueda calzar las antiparras y pisar el acelerador *hasta la tabla*.
XXXXXXXXXX
Recopilación de viejas crónicas de los diarios La Reforma y Zona Norte.
Armado en base al libro *Automovilismo⦠atado con piolÃn*
Fotos rescatadas por Osvaldo GarcÃa, cedidas oportunamente.
Y gracias Gustavo por ceder algunas de tu parte.
Héctor Pérez FarÃas
General Pico
Marzo de 2016.
(Derechos reservados)

Ubicación Histórica, Año:1947
Domingo Lorenzatti
DOMINGO LORENZATTI
Otro de esos deportistas que nos representaron con altura.
Entre las historias para contar, no pueden faltar las deportivas, ya que aquellos muchachos se brindaron, cada uno por su deporte favorito y defendieron no solamente su prestigio, sino el de un pueblo a quien querÃan porque era su lugar en el mundo y por el que se entregaron sin concesiones.
Este, a quien quiero recordar, era loco por los automóviles de carrera. Fue piquense a muerte a pesar de haber llegado con sus padres desde otro pueblo, formando parte de un numeroso grupo familiar, muy propio de aquellos años. Los viejos, los muchachos y las mujeres de esta familia, trabajaron un gran almacén en la esquina de calle 2 y 12, allà mismo donde se encuentra una Estación de Servicio.
Pero como toda familia se va decantando por el imperio de los años, no quiere decir que se separaron por diferencias, nada de eso, simplemente que las mujeres al ir conformando cada una su propia casa, fueron los varones quienes continuaron con la actividad, hasta que también ellos poco a poco tuvieron que ir buscando otros horizontes y aquel matrimonio que se terminara radicando en General Pico luego de dejar el pueblo de Monte Nievas, vio cómo sus hijos emprendieron sus propias vidas.
Este, a quien recordaremos, fue armando lo suyo y cuando le pareció que podÃa darse algún gusto, se decidió por comprar un vehÃculo de competición. CorrÃa entonces el año 1946 o tal vez el 47, y la *wippet* que le habÃan ofrecido pasó a ser suya. Los pocos retoques que debÃan darle, los hicieron en el taller del *Pelao* Ramón. Hasta allà se arrimaron don Juan Medrano y los hermanos Vigovich. Por supuesto, no podÃa faltar algún *metido* y este fue un chiquilÃn muy travieso desde siempre, que terminó por ser algo asà como una *cábala-mascota*, Osvaldo GarcÃa. *El Cola* GarcÃa era ese chiquilÃn que por la proximidad de su casa con la el taller, lo tenÃa siempre mirando a ver qué se hacÃa en ese coche de carrera. Y lo de la cábala era simplemente porque el capot, además de tener otros seguros, tenÃa un tornillito que solamente se podÃa sacar metiendo la mano por debajo de él y para completar, tenÃa que ser una mano chica, como la de éste muchachito quien terminó por ser la figura del grupo, hasta que le cambiaron el sistema. Además el tÃo Ãngel estaba metido y seguramente fue quien lo llevó. Asà fue cómo entre todas esas manos, el coche quedó listo para largar y la carrera próxima ya estaba ahÃ, a pocos dÃas. Se cuenta que por esos años la zona era muy competitiva y donde se hiciera, llegaban hombres de primera lÃnea, de General Pico, Catriló, Lonquimay, Santa Rosa, General Acha, Eduardo Castex, Salliqueló, Huinca Renancó, BahÃa Blanca, JunÃn, Trenque Lauquen, América, Colonia Barón, Ceballos. Y para completar en aquella carrera que se disputarÃa en Eduardo Castex, en el circuito denominado *La MarÃa Gilda*, se harÃa presente una figura consagrada en el ámbito nacional, Ricardo Risatti, quien vendrÃa a competir con una máquina recientemente adquirida a Alfredo Pian, por un valor aproximada a los $7.000.- de la época. Nadie desconocÃa las condiciones de manejo del hombre de Laboulaye, y mucho se sospechaba que la máquina era de primera lÃnea, pero eso a nadie asustó. Ni siquiera los hizo dudar de la participación. El único que faltarÃa a la cita iba a ser Juan Marchini pero ocurre que para esta época ya se habÃa desprendido de la categorÃa y estaba dedicado casi exclusivamente a la competición en ruta. El resto se fue todo a Eduardo Castex y el *Gordito* Lorenzatti por ser la primera vez, no buscó excusa y allà estuvo presente y hasta ganando la primera serie, o sea *Debut y triunfo* y a esperar la segunda serie, para ver con quién compartirÃa la primera lÃnea de largada en la final. Risatti no estuvo acorde a las circunstancias por un pequeño problemita de carburación que, aunque lo mandó al final del lote, no lo hizo dudar ni mucho menos desistir. Realmente, âcuentan las viejas crónicasâ, las series fueron duras batallas que hicieron tomar la decisión, âa los dirigentesâ, de dar algunos minutos más para reparar y asegurarse un buen espectáculo. El único que no aprovechó ese tiempo fue *Cachi* Castaño, pues lo que a él le habÃa sucedido, no lo arreglaba con unos minutos más y decidió, junto a su equipo, quedarse afuera.
Domingo Lorenzatti contaba para esa época con veintiséis a veintisiete años de edad, que si bien es cierto no eran tantos, sà eran bastante como para iniciarse con esos pequeños *bellacos*, con esos coches para las pistas de entonces, donde todo era arena y los pisos en pocas vueltas, quedaban muy marcados y correr de atrás era cosa de *mandinga*. Pero él tenÃa mucho entusiasmo por los fierros y amor propio era lo que le sobraba. Desde chico anduvo entre motores, el trabajo mismo le fue dando oportunidades como para saber qué era un motor, cómo funcionaba y qué habÃa que hacer para volverlo a la normalidad cuando se rompÃa. Es que entonces no solamente llevaban la mercaderÃa a repartir, solÃan carga algo más para ampliar la venta y como generalmente se internaban en caminos donde pocos pasaban, entonces también llevaban sus repuestos y herramientas, porque eso de pedir auxilio no era cosa pensada ni remotamente.
Acostumbrado a ese sacrificio, que se sumaba al entusiasmo, en poco tiempo aquel coche comprado fue rápidamente puesto a punto, con los resultados que continuamos detallando ya que aún no dijimos nada sobre la final. Risatti largó desde bien atrás, pero antes del segundo giro ya estaba adelante. El pique, el agarre de ese coche para la salida era impresionante, lo que el cordobés aprovechó al máximo, y a partir de esa salida fue ampliando ventajas hasta que le quedó solamente delante de él, la petiza que conducÃa Domingo. Ese domingo para *El gordo* de General Pico estaba todo a su favor, habÃa algo en la máquina de Risatti que no funcionaba bien, mientras la de él, âtal vez menos velozâ, se lucÃa con andar parejo, con un conductor que parecÃa tener mil carreras por las costillas. Lorenzatti se llevó todo, serie, final, aplausos, copas, abrazos, todo y hasta su acompañante se vio envuelto en esos aplausos y abrazos, pero Angelito GarcÃa Alonzo los querÃa devolver porque todo habÃa sido obra de Domingo, él solamente habÃa cumplido como acompañante, ¡¡*Como contrapeso*!! dicen que gritaba en medio de la alegrÃa.
Lo de llevarse todo no es muy cierto, Domingo contó luego que habÃa tenido la suerte de ver el trofeo horas antes en la vidriera de un negocio. En ese momento de aplausos y euforia no le fue entregada la copa, se la mandaron a su domicilio pero nada que ver con la grande, parece que se la dieron a Risatti.
Desde ese entonces pasó a ser, *el hombre a vencer*. En todos los circuitos de la zona era requerida su presencia. Ya no era Domingo Lorenzatti, era *El gordito con la petiza* o simplemente *La pampita* como él la habÃa bautizado. Tuvo a partir de ese momento, excelentes actuaciones como también accidentes considerables, porque en esas competencias nunca se sabÃa qué podÃa ocurrir en los próximos cinco metros, debido al polvo que se levantaba. Los despistes generalmente eran por no llegar a ver la proximidad de las curvas, un coche detenido o intentando corregir un trompo. A Domingo le ocurrió eso en una oportunidad, cuando Curto, que marchaba delante de él, se le revienta un neumático y apenas si logra ver el bulto. Intenta el volantazo, pero su rueda trasera dio con el auto de Curto, prácticamente detenido. De ahà en adelante su coche da un trompo y se clava en la tierra, para provocar un revolcón considerable que lo deja en cama por varios dÃas y unos cuantos más para soldar la costilla fisurada.
Su vida se complementaba con el trabajo, habÃa que andar mucho para poder vender y entregar mercaderÃa y aunque en lo personal le iba bien, a esos *bichos* habÃa que dedicarles tiempo.
A pesar de todo, un buen dÃa se armó de una coupé 1938, con la que asistió a la Vuelta del Chaco, disputada en dos durÃsimas etapas. Entonces cada tramo no bajaba de los seiscientos kilómetros y algunos llegaban hasta mil.
La coupé pintada de amarillo fue bautizada aquÃ, como *La Pampita grande*, pero en territorio chaqueño la bautizaron, *La canaria*. En ella, acompañado por el *Drina* Celestino Berguño, lograron dar la vuelta, con muchos tropiezos, pero dieron la vuelta completa y una clasificación final en el vigésimo lugar sobre 54 participantes.
Esa *IIª Vuelta del Chaco* (Agosto de 1950), obviamente por rutas del territorio chaqueño fue ganada por Daimo Bojanich.
En la primera etapa Domingo Lorenzatti clasificó en el 21º lugar, desarrollada entre Resistencia y Saenz Peña, con un recorrido de 724 kilómetros y fue ganada por Daimo Bojanich.
La segunda etapa entre Saenz Peña y Resistencia el ganador fue Eusebio Marcilla, mientras Domingo clasificó en el 22º lugar luego de recorrer 741 kilómetros de ese segundo tramo.
La clasificación final, en la suma de tiempos le dio el primer puesto a Daimo Bojanich, mientras que *El Gordo* Lorenzatti se colocó en el 20ª lugar, cumpliendo una excelente actuación, luego de sortear la falta de aceite en el diferencial por un pequeño descuido al poner el tapón.
Pero desde el Chaco se vino con una condecoración, muy, pero muy especial, la misma que un año antes lograra el hombre de JunÃn, Eusebio Carmelo Marcilla, el de *Caballero del camino* ya que ahora y a pesar de los inconvenientes propios, en un momento se encontró con otro competidor que habÃa sufrido un vuelco y se encontraban, conductor y acompañante, en dificultades para salir del paso, logrando luego entre los cuatro, poner el coche en posición normal. Al comprobar que los ocupantes no tenÃan heridas de consideración, âmás allá del revolcónâ, esperó hasta que fueran atendidos y recién continuaron en carrera.
Es dable destacar que este no fue un tÃtulo puesto asÃ, al pasar, la honestidad de este hombre ya se habÃa manifestado. Los chaqueños no sabÃan que muy poco tiempo atrás, Domingo habÃa protagonizado otras situaciones similares y una que lo pintó de cuerpo entero, fue aquella en la que yendo detrás de otro competidor en la pista de Eduardo Castex, este se clavó de punta y salió despedido hacia el costado de la pista dando algunos tumbos. Dentro de su petiza solamente vio cómo se clavo y cómo voló dando vueltas, pero ahà no termina todo, este accidente se produce a solamente un par de giros para terminar y delante del resto con mucha distancia, en una palabra, le quedó la carrera para disfrutarla, pero contrariamente a lo que muchos hubieran hecho, al llegar a la lÃnea de largada, paró su coche y pidió urgente atención del piloto ya que para él, habÃa ocurrido lo peor. Si bien es cierto piloto y acompañante sufrieron serios golpes que les produjeron algunas quebraduras de huesos, lo más grave, fue que estuvieron escupiendo tierra por varios dÃas.
Al regreso del Territorio chaqueño fue agasajado por todos sus amigos y colaboradores con una tremenda *raviolada* en la Fonda de Fosatti, donde además se pudo escuchar la palabra de varios *oradores*, pero la suya, fue la más esperada. Manifestó que se encontraba muy contento y sumamente agradecido con todos, más aún con los residentes pampeanos en el Chaco, pero querÃa dejar en claro que no se encontraba con la suficiente experiencia para ese tipo de competencias, por lo que se iba a dedicar exclusivamente a las competencias de pista⦠Pero ahà vino lo mejor, les pidió a todos que aunaran los esfuerzos para acompañar a *Juancito* Marchini, porque, ¡*Ãl es el padre de las rutas pampeanas*!. Estaba claro que tenÃa incorporada la humildad de los grandes, demostrando el cariño y respeto por este dúo (MarchiniâGallo) que paseaba el nombre de General Pico por todas las rutas del paÃs y Sudamérica.
En mayo de 1949 se corre la *Primera Vuelta de La Pampa* y Domingo junto a otros pampeanos, como Marchini, Justino GarcÃa, Lucesoli, Sabaidini, Docampo, Lluch y Alvarez Beramendi, se apresta para competir y logrando en la prueba de clasificación el número 64. En realidad por sorteo, ya que no pudo clasificar. Problemas mecánicos le hacen desistir de continuar y se produce su abandono en la primera parte de la primera etapa.
Interviene en otras competencias como la *Primera Doble Vuelta de Rojas*, la clasificación para el orden de largada se hace en un circuito el dÃa anterior a la competencia, â2 de octubre de 1949â, y el dúo LorenzattiâBerguño logra el número 36. Inconvenientes mecánicos les obliga a abandonar la competencia. La misma es ganada por Eusebio Marcilla escoltado por Daniel Musso. En estas carreras ya estaban presentes en forma casi permanente, figuras que marcaron la época, como Pablo Gulle, Remo Gamalero, Félix Peduzzi, los hermanos Gálvez, Risatti, Descotte, Emiliozzi, Petrini, Sokol, Froilan González, en fin, las figuras que estaban peleando siempre los primeros diez lugares.
Esto es en lÃneas generales la actividad deportiva de Domingo Lorenzatti, un verdadero campeón en las pistas de aquellos años, donde manejar en el pelotón era cosa que solamente ellos pudieron hacer. HabÃa que ponerse la camiseta de guapo y creo que âEl Gordoâ la llevaba pintada en el cuero. En realidad fue ese tipo de hombres que no hubiera sido necesaria tanta humanidad para llevar tanta grandeza, tanta solidaridad⦠O tal vez sÃ, vaya uno a saber.
La vida le fue dando amigos que no tenÃan inconvenientes para recibirlo con un mate y compartir una charla de esas que hoy, casi no se pueden realizar, antes de disponer la mercaderÃa a bajar.
Vinieron épocas mejores por supuesto, cuando la envasadora de vinos ocupó un primer plano y el radio de acción de Domingo fue mucho más amplio. Solo que él no cambió su General Pico por nada y siempre se mantuvo cerca del automovilismo de pista o circuito. Ese que permitÃa verlos Ãntegramente entregados al manejo, empecinados en buscar la delantera, para salir de la gruesa polvareda que llegaba a picar en brazos y cara.
Fueron cinco años de actividad plena. Cinco años que le permitieron ganar muchas carreras aquà y en la zona, pero por sobre todo ganó amigos y más amigos y fue querido por su espÃritu de colaboración y simplicidad de carácter.
Afortunadamente Domingo tuvo un feliz acompañamiento de sus hijos, y uno de ellos siguió sus pasos para ser parte de aquel movimiento automovilÃstico que puso en pista coches especiales donde aparecÃan los conocimientos técnicos de varios, no solamente en los motores, sino también en el trabajo de chasis. Su hijo Gustavo fue parte de aquel movimiento dando continuidad al apellido en el mundo de los fierros.
*El Gordo* Domingo Lorenzatti habÃa nacido el 4 de agosto de q921 y nos dejó el 2 de abril de 1979, demasiado joven para irse a correr a las rutas de arriba. Pero el destino asà lo habrá querido.
Ãl seguirá viviendo entre esos duendes que andan en los talleres, donde se esté preparando algún coche para correr en cualquier terreno de nuestro suelo pampeano donde se pueda calzar las antiparras y pisar el acelerador *hasta la tabla*.
XXXXXXXXXX
Recopilación de viejas crónicas de los diarios La Reforma y Zona Norte.
Armado en base al libro *Automovilismo⦠atado con piolÃn*
Fotos rescatadas por Osvaldo GarcÃa, cedidas oportunamente.
Y gracias Gustavo por ceder algunas de tu parte.
Héctor Pérez FarÃas
General Pico
Marzo de 2016.
(Derechos reservados)

