Barrio: Centro / Tema: Anecdotario
Ubicación Histórica, Año:1964
ANECDOTARIO DEL HOTEL PICO
ANECDOTARIO DEL “HOTEL PICO” Memorias escritas por quien fuera Gerente del Hotel, señor Héctor Rizzi, en la etapa iniciada en 1967 y hasta el año 2000, cuando dejara de ejercer para acogerse a la jubilación. El Hotel Pico tiene sus orígenes casi con la fundación del pueblo, ya que en 1906 existía con Paredes de chapa y adobe, llamado Hotel Moiso, siendo su dueño el señor José Moiso, uno de los primeros pobladores que se encuentra en la foto del momento en que se coloca la Piedra Fundacional. Las reformas continuaron y en 1910 pasa a llamarse “Gran Hotel”, a nombre del señor Cortelessi, los señores Galcerán y Schapochnik le dan más adelante el nombre de “Gran Hotel Pico”. Aunque sigua algún cambio de titular, sigue con ese nombre hasta que por 1963/64 comienza la demolición y el armado de una nueva estructura que serviría para elevarlo y de esa manera lograr mayor cantidad de comodidades. El señor José Héctor “Quico” Rizzi, fue la persona elegida para ocupar el lugar de Gerente para el nuevo hotel y desde esa órbita escribe pequeños relatos que van señalando una lista de personajes de todo tipo. Huéspedes destacables y otros que por su concurrencia continua, fueron considerados “de honor” para el directorio. “Quico”, tal su apodo desde chico, asumió al lugar de Gerente con gran entusiasmo y como tal lo llevó durante todos los días y muchas horas de varias noches, de esos 33 años. Quiero aclarar que este Anecdotario nos fue alcanzado por su hija María Sol y el mismo tuvo que ser transcripto letra por letra, punto por punto y coma por coma, ya que es la manera en que se lo puede volcar a nuestra página. Y ESTO COMIENZA ASÍ ANECDOTARIO DEL HOTEL PICO I Marzo de 1964 puede recordarse hoy como el mes donde los sueños comenzaron a hacerse realidad. Un gigante estaba a punto de erigirse desde sus cimientos y en el corazón de General Pico. En ese momento la Empresa EDICO, que había sido contratada para la construcción del Hotel Pico, informó a CEPSA (Corporación Económica Pampeana S.A.), que toda la obra se realizaría tal como figuraba en los contratos; mediante el sistema de Coste y Costa. Asimismo, los propietarios de Edico, explicaron oportunamente que otras dos empresas se encargarían de la excavación y la estructura respectivamente. Esta última se haría cargo de iniciar rápidamente las bases de hormigón armado y posteriormente la mampostería. II AEROLÍNEAS ARGENTINAS En esta suerte de recorrido de memorias no puedo dejar pasar por alto a los primeros huéspedes de la casa. Y llegaron el sábado, un día antes de la inauguración, casi inesperadamente. Recuerdo que debido a un gran rente de tormenta que nos azotaba, un avión de Aerolíneas Argentinas se vio forzado a aterrizar en nuestra ciudad. Como no había alojamiento disponible en ningún lugar, el Hotel trató el tema en una rápida reunión de Directorio. Como toda respuesta, el propio señor Rezzo, manifestó el orgullo que la ciudad e incluso el Hotel sentían al emitir la factura número 1 a nombre de Aerolíneas Argentinas. III LLEGAN “LOS POLACOS” A CONSTRUIR EL HOTEL La ansiedad de la llegada por “los polacos”, era tanta que todo el pueblo estaba convulsionado. Como para corroborar este estado basta contar que todos corríamos a la estación cada vez que un tren arribaba. La administración de la obra estaba situada muy cerca del ferrocarril y ante la inminencia del traqueteo del gusano de acero, chillando con su silbato, íbamos hasta allí, esperando ver llegar a los constructores extranjeros. Y “los pola” no fallaron: llegaron una mañana soleada y velozmente los reconocimos desde lejos. Portaban grandísimas valijas sobre sus hombros y también cargaban enormes cañas de pescar. Además de trabajo, los europeos no querían perderse la posibilidad de pescar Dorados. IV RIZZI POR REZZO El señor Rómulo Rezzo dejó la impronta de los que saben. Además de ser una excelente persona era un gran Gerente de un Hotel Internacional de Buenos Aires, donde una vez concurrí a realizar un cursillo. Recuerdo que allí Rezzo me entregó un constante asesoramiento y hasta las copias de la papelería que se utilizaba en su hotel. Ese gesto de generosidad fue vital para mis primeros pasos en mi vida gerencial. Pero también atesoro su llegada a Pico. Recuerdo que lo hizo días antes de la inauguración: era jueves y recién al domingo siguiente se abrirían las puertas del Hotel Pico. Cuando le pregunté el porqué de su anticipación, respondió que lo había hecho para tomar contacto no solo con el gerente, sino con todo el personal; desde conserje, gobernantas, lavanderas “botones”. Tanto fue lo que aprendimos en sus charlas que creo todavía nadie en la familia de nuestro hotel las podrá olvidar. V LUIS LANDRISCINA Este famoso personaje nacional también estuvo de paso por el Hotel Pico. Recuerdo que Landriscina produjo entre nosotros un alboroto similar al de Lino Palacios. Y para nuestro regocijo, nos confió que el ámbito hotelero es uno de los sitios desde donde más cuentos provienen, transmitidos, mitificados y hasta reformulados a través de los viajantes. En ese tren nos reconoció haberse nutrido de ello en innumerables ocasiones. VI LINO PALACIOS Este ilustre huésped se alojó en el hotel una tarde y permaneció durante la siesta en su habitación. Al bajar entabló una charla con el conserje y le preguntó si no habían venido a buscarlo o al menos si alguien había llamado para hablar con él. Después de demostrar su interés por nuestra ciudad el conserje, –con cierta desfachatez–, le pidió que nos contara un cuento. Palacios fue dispuesto y lo hizo de inmediato, pero primero nos rogó a los presentes que por la crítica implícita que el mismo conllevaba, no la recordaran. VII MARADONA ESTUVO AQUÍ Entre todas las visitas ilustres que tuvimos los piquenses y en especial los que formábamos la familia del Hotel Pico, no puedo dejar de mencionar en esta recopilación la de Diego Armando Maradona, el que sería el mejor jugador del mundo. Recuerdo que llegó con su club, Argentino Juniors, y todo el equipo de primera división. Lo acompañaba su padre y venía de haber alcanzado el título de Campeón del Mundo Juvenil en Japón. Claro que Diego tuvo lugar también para las polémicas, haciendo sonar a todo volumen, en horas de la siesta y con la puerta de su habitación abierta, un equipo de música. Aparentemente quería mostrar el grande y magnífico “chiche” que había adquirido en Japón o quizá expresar la bronca desde su ingreso al Hotel, debido al largo y agotador viaje (Buenos Aires–Santa Rosa en tren y Santa Rosa–General Pico en colectivo). Al repetirse las quejas provenientes de habitaciones cercanas por el sonido de su equipo de música, la gobernanta se acercó a su recámara para pedirle gentilmente que bajara el volumen. Pero recibió por respuesta una serie de improperios difíciles de repetir. VIII HUÉSPED JAPONESA Una mañana arribó una señora japonesa y sin hablar con nadie se sentó en el hall de recepción. Por la tarde me acerqué a ella para entablar una conversación. Dijo ser agregada de la Embajada de Japón en Argentina en un perfecto español. De forma amena seguimos con la charla y ella me manifestó su interés por este país al que conocía casi de punta a punta: Perito Moreno, Cataratas, Bariloche, el Noroeste Argentino, etc. Por ese motivo le pregunté de inmediato qué era lo que más le llamaba la atención de nuestra república, a lo que contestó a boca de jarro; ¡La comida que se tira a la basura! En el transcurso del diálogo me comunicó que el motivo de su estadía era solo por placer. Dijo que quería ver la salida y la puesta del sol; la línea del horizonte, sobre todo en la llanura pampeana. Fue así que le ofrecimos una estancia para su mayor comodidad, hecho que agradeció emocionadísima y quizá por la misma razón nos envió durante años revistas editadas por la Embajada del Japón. IX EL “LOCO” GATTI El transcurrir del tiempo trajo también a nuestro querido Hotel al primer equipo de Boca Juniors. Esto ocurrió en la época en que ferro Carril Oeste jugara en la Liga superior de la AFA. En ese momento, entre las primeras estrellas del club Xeneise se encontraba “el Loco” Gatti, con quien establecí una linda charla, en este caso promovida por él. El arquero preguntó si podía hablar con el Gerente y me invitó a su habitación. En aquel momento, lo aseguro, acepté pensando en lo de Maradona aquella vez, pero me encontré con la antítesis de la persona. Lo que quería este famoso arquero era conversar sobre el campo pampeano ya que él tenía uno en Carlos Casares.de esta forma se inició un agradable coloquio de preguntas y respuestas. X RENE SALLAS NO SE DUERME Una mañana casi de madrugada, otro periodista de la Revista gente. Antes de tomar el desayuno vio por el ventanal del bar un cartel que llamó su atención y preguntó: –¿Quién es ese que dice tener 25 años al servicio de General Pico y no deja dormir? Se refería al altoparlante que daba al rente y por el cual no había conciliado el sueño. XI UN ANÓNIMO EN APUROS Una de las mil anécdotas ricas que recuerdo es la de un hombre que tenía por costumbre viajar a General Pico los sábados para participar en una mesa de juego en el Club social. Sus visitas eran regulares y cada noche dejaba depositada una importante suma de dinero en la caja del Hotel, la que retiraba al día siguiente. Una madrugada, más precisamente a las 3:15 hs. me llamaron para decirme que este hombre se debía retirar del Hotel y a pesar del horario establecido para la devolución de los depósitos, solicitaba se le retornar el dinero. Estaba apurado, pero no obstante, cuando cumplí con sus deseos el hombre pidió disculpas. XII VICTOR SUEYRO SE ABURRIÓ Del famoso Víctor Sueyro también hay cosas para contar de su paso por nuestra casa. En realidad había llegado aquí por cuestiones que a él le incomodaban; la Revista Gente, para la que trabajaba, lo había mandado a cubrir una carrera llamada “Vuelta de La Pampa”. Pero lo peor todavía para Sueyro fue que la competencia debió suspenderse por lluvia y solo tendría tren de regreso en cuatro días. De modo que aprovechó el tiempo e hizo notas a Marimón, Ricardo Risatti, entre otros, pero con bastante desagrado porque según dijo de automovilismo no conocía nada. Recuerdo era tal su aburrimiento que una mañana me preguntó si había algo interesante para ver en la ciudad a lo que respondí; un Instituto Correccional Abierto, único en Sudamérica y visitado por penalistas de Chile, Perú, Bolivia, etc. Le expliqué dónde se encontraba ubicado y como eran épocas difíciles para conseguir taxis, le presté mi auto (un Unión) repitiéndole donde quedaba el lugar. Al volver junto con su agradecimiento, me comentó que en esa institución de gran importancia lo habían recibido muy atentamente y por tal razón próximamente saldría una nota en la revista. Pero esa nota por mucho tiempo no apareció. XIII MUERTE DE UN VIAJANTE Como no puede ser de otra manera, también guardo en mi memoria una nota muy triste. Una mañana de domingo era imposible despertar a un pasajero que había pedido ser llamado a determinada hora: era inútil el teléfono y en primera instancia pensamos que estaría descompuesto. Para peor su habitación se encontraba en el segundo piso y la llave de la puerta estaba puesta. Con mucha precaución golpeamos fuertemente sin resultado unas cuantas veces, consecuentemente insistimos haciendo presión con la llave hacia adentro y hacia afuera. Pero sin suerte. Cuando por fin logramos abrir, hallamos al huésped en su cama y sin vida. Inmediatamente concurrió a nuestro llamado el doctor Golberdt, quien certificó su deceso informándonos aproximadamente la hora en que esto ocurriera. Por fortuna pudimos averiguar el teléfono en Mar del Plata para avisar a su familia. XIV EL ANILLO DE CAROLA En otra ocasión estuvo en el hotel una modista internacional llamada Carola. Había llegado a Pico para realizar un desfile de modelos a beneficio del Hospital Gobernador Centeno. Per, antes de regresar a Buenos aires, la señora Carola se apersonó en mi oficina para comunicarme que le faltaba un hermoso anillo de brillantes, y que ya había buscado por toda la habitación. Fue para todos nosotros un gran problema y recuerdo que tomé el tema con mucha seriedad. Era la primera vez que nos sucedía una cosa así. Recuerdo que le hablé de la honestidad de la mucama que había limpiado su habitación como así también la hora en que había entrado y salido de la misma. Fuimos a buscar a la empleada a su casa y de regreso al Hotel pidió que alguien la acompañara a la habitación para tener un testigo por si aparecía el anillo. Llegué incluso hasta a sospecha de su marido, quien frecuentaba mesas de juego en Pico Fútbol Club. Pero no hubo caso; el anillo no apareció. Así, invité a Carola a realizar la denuncia correspondiente, pero ella no pudo hacerlo ya que debía irse de urgencia. Fue una partida en la que no faltó el llanto y la tristeza por lo sucedido. Claro que esta sensación duró solo dos días, porque entonces llegó al Hotel la señora por intermedio de la cual se había realizado el desfile, a la que le reconocí de inmediato su cara de alegría. Casi antes de llegar hasta mi me dijo, –Llamó Carola y me dijo que no pudo comunicarse con el Hotel, su anillo apareció en la valija, enganchado a la manga del vestido usado en el desfile… Posteriormente nos llegó una hermosa carta pidiendo mil veces perdón y mostrando su humildad y gran deseo de colaboración al venir nuevamente a cooperar de forma gratuita con el Hospital de Pico. La conmovedora carta que hizo llorar por largo rato a la mucama y a todo el personal que se había enterado del hecho, aún hoy figura en un cuadro en la Gerencia del Hotel. XV ALL STARS Un súper equipo de básquetbol norteamericano llegó una vez al Hotel para deslumbrar a todos. Fue a la hora de la merienda cuando en el hall demostraron su increíble habilidad. En determinado omento le dije al conserje que al igual que yo había sido jugador de básquet; –¡Eso lo hace cualquiera! Displicente, con la idea de que escuchara alguna de las estrellas. Me refería a hacer girar la pelota sobre mi dedo índice como para llenar su vista. Pero el muchacho tomó entonces la pelota y la hizo girar sobre un dedo, la pasó a otro y luego hacia la otra mano, el balón siguió girando y parecía pegada como un metal a un imán. Cuando creyó que había completado su retruco, frenó su talento en clara intención de que yo hiciera lo mismo. Recuerdo que me excusé diciendo que eso lo hacía solo en el circo, pero no gratuitamente. Varios entendieron y festejaron mi ocurrencia. Por la noche los All Stars dieron un gran show, venciendo por amplio margen a la selección de General Pico al mejor estilo de los Harlem Stars, teniendo además un jugador a quien le faltaba un brazo, pero que demostró sus habilidades a la perfección. XVI MALVINA PASTORINO Esta estrella nacional también paso por General Pico junto con otra actriz que no recuerdo. Lo que sí se, es que las tenían que pasar a buscar para llevarlas a la radio a hacer una nota; y como el periodista se demoraba más de lo acordado, decidieron ir caminando. Pero, por la larga distancia que las separaba, les ofrecí llevarlas en mi auto y ellas aceptaron inmediatamente. Unos minutos antes habían visitado el Cine Teatro Pico y Malvina se quedó gratamente sorprendida. Me comentó, ¡Es uno de los mejores teatros del país que conozco! XVII “OH, NOU, NOU” Ya que andamos por el terreno el básquet, recuerdo otra ocasión en la que llegó a la ciudad el equipo de Estudiantes de Bahía Blanca y entre los jugadores contaba con el primer americano que Alberto Finguer (Técnico de River), había traído a la Argentina muchos años antes. Como el estadounidense era toda la novedad del conjunto, al pasar por mi oficina lo llamé para mostrarle un retrato; John Kénnedy colgado en la pared. El muchacho balbuceo rápidamente; ¡President! Luego miró otros cuadros con fotografías y notas, entre los que se veía un equipo de Básquet de Pico Fútbol club y allí se encontraba Finguer en su juventud, al que no pudo reconocer. Cuando le comenté que era él comenzó a gritar eufórico; Alberto, Alberto, y llamó a otro compañero para que viera la foto. Aprovechando la circunstancia, le señalé en el mismo cuadro a dos jugadores; Selel Caballero y yo, éste. Alto y rubio, se parecía a John Fizgerald Kénnedy, y así le comenté: “Estudiamos juntos en la Universidad de Illinois” y para reafirmar lo que decía le mostré un cinturón con la inscripción Illinois, recuerdo de mi padre que a principios de siglo había estado allí. El norteamericano miró fijamente la fotografía y cuando recuperó el habla exclamó; –¡Nou, nou!… ante la risa de su amigo y mía. XVIII CHINO NO “GUALDA LOPA” Tuvimos con nosotros a un turista chino, que se alojó en una de Las mejores habitaciones del Hotel. Después de dos días allí, se despidió atentamente expresando; “Muy lindo el Hotel, lástima que “falta lopelo”… Evidentemente no se había dado cuenta de la puerta del placard. XIX BERMÚDEZ EMPARANZA Cuando llegó al Hotel Bermúdez Emparanza hizo su respectiva ficha y luego se presentó. Enseguida le pregunté si había sido Ministro del Gobierno de Frondizzi, cosa que asintió y comentó haber pasado muchas veces por General Pico en vuelos desde Bahía Blanca a Córdoba. Recuerdo que la mañana en que se retiró le preguntó al conserje si tenía billetes de uno, al responderle que si, se los hizo repasar como silos estuviera contando, hasta que dijo; ¡Deme ese! Y preguntando mi nombre me lo autografió, diciéndome, –¡Esto es delito! El billete (Ley 18188), tenía su firma impresa como Presidente del banco Central. XX ITALIANOS EN LA PAMPA II La mañana previa a su arribo, personal de una Empresa de Turismo de Mendoza, llamó por teléfono para pedir si por favor se podía ir a buscar a tres italianos a la Terminal de Ómnibus a las 24 horas. Así lo hicimos junto con mi hija mayor, a la espera de este trío (un matrimonio y el hermano de la señora). Cuando llegaron, a pesar del pobre italiano que manejábamos, pudimos entendernos bastante bien. Recuerdo que otros turistas de la misma nacionalidad habían viajado en un Tourn de Bariloche a Mendoza y mientras se quedaban allí, ellos decidieron venir a Metileo donde se encontraba sepultado el abuelo de la mujer. Al día siguiente nos pusimos en contacto con la Intendencia de Metileo y pedimos si podía alguien esperar por ellos que partían en un taxi hasta allá. A su regreso nos hicieron saber que gran parte del pueblo estaba ansiosa por su llegada. Lamentablemente la sepultura de la cual habían traído fotos estaba desaparecida por una inundación que afectó al cementerio. De todos modos, en la Escuela les mostraron el Registro de inscripciones donde figuraba el abuelo, además de regalarles láminas de Molina Campos. Tan satisfechos quedaron que para fin de año recibimos postales de estos italianos del Valle de Aosta. XXI ALBERTO CORTEZ Una de las tantas veces que Alberto Cortez se alojó aquí, se le dejó en su habitación un plato grabado con la inscripción; “Bienvenido a tu Pampa”. Al entrar y verlo, sorprendido, le dijo al cadete; –¡Qué lindo, ya me lo estoy guardando! Posteriormente, bajó para agradecerme el gesto y durante la larga charla que mantuvimos le recordé que un amigo mío le había solicitado, la última vez que se presentó en Pico Fútbol Club, el Jazz Casablanca, y que él la cantó, agregando otra canción. Esa vez Juan Cabrino le había alcanzado la guitarra y el público no lo dejó bajar, pidiéndole “Las Palmeras” y “El Mensú”. Acto seguido me confesó que aquella vez continuó la gira con esa misma orquesta. Entre los gratos momentos que pasamos, me dejó una frase autografiada e un plato similar al recibido, pero con una pequeña falla. Finalmente se despidió con su clásica humildad dejando como siempre el mejor de los recuerdos. XXII ITALIANOS EN LA PAMPA Dos italianos llegaron cierta vez buscando a su familia, de la solo sabían el apellido. No tenían conocimiento siquiera dónde vivían sus integrantes. Averiguaron pr su cuenta y ubicaron una supuesta casa cerca del Vivero Williamson que resultó no ser. Los italianos viajaban conmigo en un Fiat 600 y repetían constantemente; “Si non fare loro…” Finalmente fuimos informados de que gente de ese apellido vivían en Eduardo Castex. Cuando volvimos al Hotel encontramos su número telefónico en la guía. Llamamos y la mujer que respondió a nuestra pregunta de inmediato nos dijo con mucha alegría; –¡Son nuestros parientes a los que esperamos desde hace mucho!. Al comunicarles que podían viajar en el colectivo al mediodía la señora contestó; –¡No, no, nosotros los vamos a buscar! Los extranjeros dejaron su equipaje en el Hotel y de regreso al anochecer querían pagar por las valijas que les habíamos cuidado. Tenían tanta alegría y tanto agradecimiento para con el personal que uno de ellos comenzó a buscar en sus bolsillos una moneda italiana especialmente diseñada para ciegos y me la obsequió. Me negué pero fue en vano: me dijo que se la regalara a mi madre que tenía 90 años a la que habían conocido previamente entre sollozos y abrazos cuando ella confesó en su mismo idioma haber vivido en Sondrio (su provincia natal), hasta después de la Primera Guerra Mundial. XXIII CRISTINA ALBERÓ NO INVITA La actriz Cristina Alberó, junto con Darío Víttori, llegó para actuar en el Teatro Pico. Tengo presente que ya nos habíamos saludado en el Hotel a su llegada por la mañana, pero me sorprendí cuando por la tarde concurrí a sacar mis entradas. La Alberó al verme, preguntó, –¿Aquí no hay nadie que me invite a tomar un café? Y así lo hice; cruzamos la calle y en la confitería de Pico Fútbol tomamos el café donde además charlamos amigablemente de su trayectoria. Al retirarnos preguntó por una perfumería cercana y en la galería existía una en la cual no solo consiguió su perfume sino que el dueño se lo obsequió. Me prometió que en alguna oportunidad me devolvería la invitación en Buenos Aires… Cosa que todavía estoy esperando. XXIV LUIS PALAU El reconocido evangelizador también estuvo en el Hotel en una ocasión. A mi me los presentó el Pastor Fanderwood con quien nos conocíamos porque uno de sus hermanos jugaba conmigo en la Primera de Báquet de Pico Fútbol Club. Luego de los saludos agradeció el precio especial que le habíamos efectuado a él se dirigía al Club Argentino donde dio su conferencia ante cinco mil personas aproximadamente. A la mañana siguiente muy temprano nos volvimos a ver en la puerta de mi oficina cuando el religioso iba a tomar el desayuno al bar. Al verme me saludó y preguntó sorprendido; –¿Cómo, usted se fue tan tarde anoche y hoy ya está acá? Le respondí¸–¡El ojo del amo engorda el ganado! Y volviendo a la carga con otra pregunta, –¿Cómo es el refrán que no lo conozco? Al parecer le llamó la atención la exactitud de la frase. Y como agradecimiento me dejó dedicado su libro “GRITO DE VICTORIA”. XXV LA DEBILIDAD DE JULIO IGLESIAS Fue en el año q1979 cuando Julio Iglesias aterrizó por aquí para una actuación en Pico Fútbol Club en pleno apogeo. El hecho conmocionó a todos y fue mucha gente la que descreía de la visita. Pero llegado el día y la hora se reunió una multitud en la puerta del Hotel. Nosotros debíamos hacer pasar a los huéspedes únicamente. En un momento, entre el gentío, divisé a mi sobrina que me llamaba; me pedía por favor que como regalo de cumpleaños la dejara entrar. Le dije que pasara por el portón del costado y que me esperara en mi oficina donde estaban sus padres que habían llegado muy temprano. Al arribo de Julio Iglesias varios periodistas y fotógrafos quisieron entrevistarlo, pero el se negó alegando que estaba muy cansado del viaje. Había venido en colectivo con sus músicos desde Junín. Mi hermano, mi cuñada y su hija se quedaron en mi oficina por un largo tiempo. Tenían la intención de saludar al artista. Cuando Julio avisó que bajaría, recuerdo que mi sobrina pidió verlo de cerca como regalo por su cumpleaños número quince. Yo asentí y ella subió sin compañía hasta el pasillo contiguo a la habitación del cantante. Pasaron algunos minutos y su madre se impacientó. Creyó que tardaba demasiado y llegó hasta el segundo piso, luego mi hermano decidió subir también ya que ahora ambas se demoraban demasiado. Al ver a los fotógrafos que insistían por la tardanza del famoso cantante, tomé la decisión de ir a buscarlos personalmente y fue allí cuando encontré a mi hermano, su esposa e hija abrazados al señor Iglesias lagrimeando, y me culparon a mi por haber dejado subir a mi ahijada. Julio, al enterarse de los quince años de mi sobrina, se emocionó también ya que su hija Chabeli tenía casi su misma edad. XXVI LECTOURE – CHERQUIS BIALO – ARIAS Hubo una extraordinaria Semana de Boxeo en General Pico. Fue un viernes por la mañana cuando llegaron a la ciudad el dueño del Luna Park, Tito Lectoure, Ernesto Cherquis Biale y el entrañable Arias, periodistas de renombre. Los tres lo habían hecho en un avión cedido por la firma Elordi & Cía. Pero, al arribo se enteraron que “Polvorita” Gómez no podría pelear por enfermedad, por ello inmediatamente Lectoure llamó al Luna para pedir a Antonio Ross como reemplazo. Esa misma tarde, como los directivos de Pico Fútbol Club nada habían dispuesto para entretener a los distinguidos visitantes, la fábrica Luna Hermanos decidió mostrarse a pleno con sus obreros trabajando con orejeras incluidas para amortiguar el ruido. Recuerdo que yo estuve presente en esa visita, nos acompañaba en la recorrida Héctor Luna y tanto los huéspedes como los piquenses que no conocíamos la fabrica, nos llevamos una gratísima impresión, tanto que Lectoure comentó que ni en Buenos Aires había conocido algo similar. Al día siguiente se organizó al mediodía un asado en una quinta privada. Allí Arias demostró sus habilidades periodísticas y de comediante: utilizando un palito como micrófono reporteó a Tito imitando a Cherquis a la perfección. Entre otras cosas nos enteramos anécdotas de Lectoure que causaron la risa de todos, especialmente de su estadía en Japón comiendo arroz con palitos sentado en el suelo. XXVII POCHITA “MATAGATOS” Cierto día, el hijo del renombrado médico de General pico, Luis Palau (no confundir con el Pastor Evangélico), llegó como muchas veces lo había hecho y me saludó presentándome a su esposa. Mientas sonreía me dijo, –¿La conoces? Y a pesar de que no la veía desde la escuela primaria, le contesté, –Seguro, Pochita Guz. Después de esas palabras iniciales fuimos juntos a desayunar y por supuesto hablamos de Pico. En determinado momento le comenté a ella que tenía un recuerdo de su padre, ya que el mío, una noche de lluvia, fue enviado por su patrón Nino Caraffini a ver una humedad que había surgido en un rincón del living de la casa de su familia. Le dije que mi padre había subido al techo de Guz y allí, en ese lugar, encontró un paquete que obstruía un desagüe, y que al bajar se lo entregó a su padre. Este al abrirlo, descubrió que se trataba de un matagatos que finalmente le obsequió a mi papá. Pochita se sorprendió con el cuento y agarrándose la cabeza me dijo, Es mío y de Gustavo Andrade! Me contó que lo habían comprado en la casa de Brigo juntando moneda tras moneda, y que lo habían escondido allí… –Porque mi padre desconfiaba, confesó al final. Como resultado de ese hallazgo y coincidencia, después selo traje y ofrecía. Aunque sosteniéndolo me rogó que lo conservara yo. Eso sí, me pidió que si alguna vez lo veía a “Tavo” Andrade le comentara lo sucedido porque habían roto su amistad debido a que él siempre pensó que ella se había quedado con el objeto. Fue increíble, pero después de cincuenta años Andrade supo la verdad en una oportunidad que volvió a Pico y pasó por el Hotel. XXVIII RUBEN DURAN El pianista Rubén Durán era uno de los que venía bastante seguido a actuar a Pico y siempre se alojaba en el Hotel. Un buen día llegó con su señora y ella se olvidó una caja con muchas joyas, y como la experiencia indica que a “los matrimonios” no hay que devolverles nada hasta que lo reclamen, así lo hicimos. Las joyas estaban guardadas en un depósito donde quedan los olvidos en un paquete numerado cuyo mismo número y nombre figura en la ficha de huésped. Una noche en Cosquín dando un paseo alrededor de la plaza Próspero Molina, lo vi a Rubén y señora cerca del escenario. Recuerdo que toqué a mi señora y le dije en voz alta, como para que oyera la pareja; –Hoy no actúa Durán. Al oir su nombre se da vuelta de inmediato y me reconocieron. Les comenté, –Ahora me van a tener que pagar el alquiler de las joyas que tienen olvidadas en el Hotel. La señora se convirtió en un verdadero retrato de satisfacción, a lo que agregó, ¿No me diga que mis joyas las tiene usted? Las anduve rastreando por cuanto Hotel estuvimos, menos en el Hotel de Pico. Rápidamente me solicitaron si se las podía enviar a la misma dirección que figuraba en la ficha de Huéspedes y a su vez mandaron saludos y agradecimiento a todo el personal del Hotel. XXIX GARMÁZ PRESIDENTE Cundo Boca Juniors estaba por jugar con Ferro Carril Oeste de General Pico, otro de los famosos que anduvo por la ciudad fue Ante Garmáz. A poco de llegar nos sentamos a tomar un café en el bar del Hotel. Allí me preguntó por alguna casa importante de artículos para hombres, a lo que respondí, –Mire, aquí enfrente tiene una–, en referencia a Guglielmetti. Y él me respondió que ya la había visto y que le habían parecido muy lindas las vidrieras del comercio. Por la noche me invitó a tomar otro café y me remarcó; –¡Ché Gerente, me tenés que presentar al dueño de ese negocio de enfrente! Como la charla era bastante amena le prometí que así lo haría. Le dije, –Ves ese señor que está sentado ahí, es el dueño! Estaba en el mismo bar así que los presenté y ellos quedaron conversando. Supe que Guglielmetti le había comprado alguno de sus artículos, porque a los pocos días me avisó que tenía dentro de las cajas que había recibido una corbata a mí nombre, obsequio de Garmáz. La misma estaba dedicada a mí con un gran saludo y la firmaba el propio Ante, ¡Futuro presidente de Boca Juniors! XXX UNA HISTORIA DE BÁSQUET Una de las tantas lindas historias de vida que atesoro y que en cierta manera tiene que ver con el Hotel, está teñida de básquet y gratas coincidencias. Me sucedió en Capital Federal inesperadamente cuando intentaba comprar unas lámparas para el conmutador telefónico del Hotel. Yo caminaba por la calle y en un momento, al pasar por una casa de telefonía, decidí entrar. El señor que me atendía, alto, de buen físico y quizá de mi edad, me preguntó si eran para el Ministerio y yo le expliqué que no, que eran para un Hotel de General Pico, La Pampa, dato que inmediatamente le llamó la atención, –Allí jugamos una vez. Me acuerdo que en Pico Fútbol jugaban unos mellizos que eran de lo mejor–, me dijo; y dejó su mano levantada hasta determinada altura, –¡No baje la mano! Le respondí sonriente, y me puse cerca de su gesto para demostrar que justo a esa altura era mi talla. Sorprendido, el hombre agregó, ¿No sería usted? Rápidamente supe que él estaba haciendo referencia al partido que hacía muchos años se había jugado en Pico entre la Selección local, –en la que yo participaba–, y el equipo de Unión del Personal Civil de la Nación. Entonces ya seguro que se refería a mi hermano y a mí, le aclaré que no éramos mellizos. Claro que él seguía sin reaccionar por la historia. No era para menos, después de tantos años. Entonces le dije al instante, –Para ustedes jugaban, Roma, Grangean, Vuelta, Sotelo… No me dejó completar la formación y exclamó, –¡Ese soy yo! Ya gratamente sorprendido por la casualidad me hizo pasar a su oficina para mostrarme gran cantidad de revistas “El Gráfico” de la década del 50, de cuando él jugaba en el Club Indú. Luego me invitó a tomar café al bar de al lado, pero mi señora e hijas hacía más de una hora que estaban esperando. Antes de despedírnosle prometí una copia del Diario “La Reforma” con el comentario del partido que habían jugado en Pico. Quedamos muy amigos y nos seguimos viendo. Tanto que que cuando el conmutador telefónico tuvo algún desperfecto, me mandó un técnico al que solo tuvimos que pagarle el pasaje y en 2 horas el conmutador había quedado perfecto. Este señor preguntó si había alguna otra empresa que tuviera este sistema de telefonía y le hablé de dos a las que el dueño lo invitó a comer un asado en su propia quinta y le obsequió un hermoso cuchillo. XXXI VÍCTOR GALÍNDEZ Cuando Víctor Galíndez llegó a Pico para pelear con en pesado Tosco, lo hizo con toda la comitiva en un Camaro y otro auto preparado para Turismo de Carretera. Víctor mostró ser desde un primer momento una persona sencilla y jovial. Tanto que en medio de una charla le pegunté por Jorge su hermano, y también por el señor Palmero, que siempre venía al Hotel y se dedicaba a la compra de autos usados que llevaba a Buenos Aires. De Palmero recuerdo que en una oportunidad me confesó ser el padre de Víctor Galíndez y no le creí. Aquella vez él me comentó, –Yo soy el padre de Víctor y muy pronto lo voy a traer a pelear a su club. Ahora que ha pasado el tiempo se que Palmero no me mentía y que cumplió su palabra con creces, ya que Víctor había llegado para pelear en Pico Fútbol con Tosco, justo tres semanas antes de que finalmente perdiera su título mundial en Nueva Orleans. Aquella fue una gran pelea, Tosco supo del poder de los brazos y la guapeza de Galíndez. La pelea había comenzado pareja y a punto estuvo Tosco de voltear al campeón en el tercer round, luego de propinarle una terrible trompada que hizo temblar las piernas de su contrincante. Pero, claro, la fuerza y la contundencia de Galíndez rápidamente lo sobrepusieron de ese traspié. En el cuarto round salió decidido a terminar el enfrentamiento y a poco de moverse dejó knock out al otro. También guardo un lindo momento de la tarde previa al encuentro pugilístico, de cuando Víctor se dirigió junto a toda su barra a jugar al truco al Pico Fútbol, situado donde hoy se encuentra la galería Pico. Recuerdo que el campeón entró y saludó a todos con sencillez. Yo, al igual que todos los habitúes que concurríamos allí para entretenernos, no dejamos de observar sus movimientos. Hasta que el “Negro” Cavallotti se levantó de la silla y dijo; –Muchachos, entre nosotros hoy se halla el Campeón del Mundo y todos de pié le brindamos un gran aplauso. Para dejar más clara aún la buena impresión que nos causó a todos y a mi particularmente, minutos antes de partir vino a despedirse y me regalo los guantes con los que había boxeado. Le pedí que me los autografiara, y Galíndez los firmó con una dedicatoria muy linda. Lástima que con el correr del tiempo me fueron robados del lugar en el que se encontraban, –en mi oficina–, junto con banderines de muchísimos clubes nacionales y extranjeros. XXXII EN UN “FITITO” Otras de las historias gratis y graciosas que me deparó el Hotel en mis años de servicio se la debo a un joven atento y simpático que venía dese Flores casi todas las semanas. El muchacho viajaba para Terrabussi y el camino de regreso hacia su lugar de residencia lo hacía en micro, todos los viernes a la noche. Los lunes regresaba por la mañana y volvía a subirse a su Fiat 600, que siempre quedaba guardado en nuestra cochera. Cierto viernes por la noche, el muchacho no había regresado al Hotel y yo sabía que ya tenía reservado un pasaje para las veintidós. Me acuerdo que llegó casi a la hora de partir y tocando bocina entró a la cochera a toda velocidad. El cadete fue a asistirlo y al ver un abollón en la puerta izquierda su conductor le contó que había volcado en la curva del Cuartel pero que quería ir urgente a la terminal para tomar su colectivo. Cuando lo llevé, entre los apurones, me comentó sobre el vuelco aunque noté que se encontraba en perfecto estado. Al llegar a la terminal el micro ya había partido y tuvimos que subir la velocidad para poder alcanzarlo. Y así lo hicimos. XXXIII “HINCHA DEL BARZA” Un profesor Español se alojó cierta vez en el Hotel por varios días. El profesional venía a dictar una Conferencia en la Universidad Nacional de La Pampa con sede en nuestra ciudad. Lo acompañaban su esposa y su hijos de nueve años, que cada vez que pasaba frente a mi oficina se paraba en la puerta para mirar los muchos banderines que estaban colgados en las paredes. Después de su primer día de estadía o invité a pasar y le dije; –Sé que eres Español… ¿Y de qué equipo eres simpatizante?... –¡Del Barza! Respondió y entonces le mostré un banderín de San Lorenzo, diciéndole que era de su club, pero él proclamó, conocedor, –No, ese es de San Lorenzo de acá, pero tiene los mismos colores. Se lo regalé y aceptó gustoso, se alejó rápidamente para mostrarlo a su madre, que regresó con él para agradecerme tan importante regalo. XXXIV 25 ANIVERSARIOD DEL HOTEL Cuando el Hotel cumplía sus Bodas de Plata, se me ocurrió la feliz idea de proponerle al Directorio que a los huéspedes que por más de 25 años seguían alojándose en el Hotel (eran 21 en total), se los designara “Huéspedes de Honor”, se les entregara una credencial y no cobrarles el alojamiento. Así se resolvió por unanimidad y de esta forma vi alegrarse a tantos huéspedes con quienes después de tantos años logramos cierta amistad, aunque nunca tuteé a ninguno de ellos. Rememoro que cuando estos homenajeados arribaban, los invitaba a mi oficina y les decía a cada uno de ellos, –¡Señor, usted desde hoy será mi jefe! Y se los repetía porque no me entendían. Y luego agregaba, –Por elegir este Hotel durante 25 años el Directorio resolvió nombrarlo “Huésped de Honor”. Aquí tiene la tarjeta que lo acredita como tal y cada vez que vuelva no tendrá que pagar su estadía. Me viene a la memoria la satisfacción de algunos como; Dieguez, Centeno, Canaparo, Mazzolo, la señora Concepción de Bidone, Minardi, Volino… Con este último compartimos una gran emoción cuando al entregarle su credencial susurró entre lágrimas; –¡Cuándo le cuente a mi hija que un Hotel me hizo un homenaje, a mí! Y se apoyó sobre mi hombro llorando como un niño, contagiándome su llanto. XXXV DOCTOR FRIZZA Quiero termina este anecdotario con algo que causó mi mayor emoción en treinta y tres años en la Gerencia del Hotel. Recuerdo que cierta vez había en el Hotel médicos locales esperando la llegada desde Bahía Blanca, de dos colegas en este caso Padre e Hijo. El movimiento era bastante intenso y se me informó que junto con estos dos pasajeros también llegaría el Gerente de un Laboratorio que auspiciaba su presencia en esta ciudad. El caso es cuando estos dos últimos me fueron presentados quedé un poco sorprendido por el apellido. Sin vacilar al escuchar “Frizza”, lo asocié con el de la maestra que mi madre había tenido en Italia a principios de siglo y con quien se carteo durante algún tiempo, cuando la señora se radicó en Argentina en la ciudad de Tornquist. De esta forma, estimulado por ese recuerdo y la coincidencia, le pedí disculpas al doctor porque le quería hacer una pregunta. Lo consulté si tenía familiares en Tornquist, a lo que respondió enérgico y apuntándose con su dedo índice, –¡Yo soy de Tornquist! Entonces, lo hice esperar unos minutos y le traje un libro con todo lo realizado por inmigrantes italianos en Argentina. En ese tomo había una página dedicada a ese pueblo bonaerense. Al ver una foto en cuyo epígrafe rezaba, “Giuseppe Frizza y señora”, sus ojos empezaron a brillar y me preguntó, ¿Cómo tiene usted esto? Ellos son mi mamá y mi papá. Ante esa confirmación juro que me conmocioné yo también. El fulgor de los ojos del hombre se transformó rápidamente en lágrimas, lágrimas que produjeron un veloz contagio en quienes estábamos allí. El álbum había sido regalado a mi madre, porque allí estaba su maestra, que finalmente resultó ser su propia madre. Después de semejante hallazgo, al día siguiente, todos fueron a saludar a mi madre; el doctor lo hizo con un abrazo interminable mientras ella seguía contando sus anécdotas de Chiuro, Provincia de Sondrio, mejor conocida como “Valtellina”, que se encontraba al pié de una colina. Allí mis abuelos tenían una plantación de vid, aunque el padre de mi mamá se dedica a la Inspección de Escuelas. De este modo ella comenzó a contarle al Doctor su historia: “Una vez su madre, me puso en penitencia porque todos se levantaron para saludar al Inspector, que había entrado al aula y yo no lo hice ya que era mi papá. Debido a eso fui castigada más por mi padre que por ella. El relato fue con pelos y señales. Luego le entregó una carta al doctor. Era una carta de abril del año 1934, despachada por la señora Frizza en Tornquist. Sin duda este fue uno de mis momentos inolvidables. Repito; viví muchas alegrías en treinta y tres años, pero de todas, esta es la mayor. Autor José Héctor Rizzi “Quico” Rizzi, fue uno de los tantos hombres de este General Pico, perteneciente a padres inmigrantes italianos, que desarrolló su vida como tantos piquenses de aquellos años. Luego de su paso por la escuela primaria, comenzó como casi todos lo hacían trabajando en una u otra cosa, hasta que con el correr del tiempo llega a ocupar este lugar de Gerente en un Hotel que tenía la trayectoria de la misma vida piquense. Cuando más joven fue deportista, haciéndolo con muy buenas virtudes en el Básquetbol y también excelentes en el fútbol, deporte éste, que dejó casi por imperio de sus padres debido a un accidente del hermano mayor, Ignacio. Estas son anotaciones convertidas en anécdotas, luego de más de treinta años de estar al frente de la Gerencia del Hotel Pico, la institución que nos acompaña desde los albores de la ciudad. Un agradecimiento a María Sol, su hija. A las autoridades actuales, señor José Domínguez, y el secretario Daniel Martín por permitir que esto figure entre las tantas historias de nuestro General Pico. Junta de Historia Regional “General Pico” Transcripción realizada por Héctor Pérez Farías Febrero de 2016.

Ubicación Histórica, Año:1964
ANECDOTARIO DEL HOTEL PICO
ANECDOTARIO DEL “HOTEL PICO” Memorias escritas por quien fuera Gerente del Hotel, señor Héctor Rizzi, en la etapa iniciada en 1967 y hasta el año 2000, cuando dejara de ejercer para acogerse a la jubilación. El Hotel Pico tiene sus orígenes casi con la fundación del pueblo, ya que en 1906 existía con Paredes de chapa y adobe, llamado Hotel Moiso, siendo su dueño el señor José Moiso, uno de los primeros pobladores que se encuentra en la foto del momento en que se coloca la Piedra Fundacional. Las reformas continuaron y en 1910 pasa a llamarse “Gran Hotel”, a nombre del señor Cortelessi, los señores Galcerán y Schapochnik le dan más adelante el nombre de “Gran Hotel Pico”. Aunque sigua algún cambio de titular, sigue con ese nombre hasta que por 1963/64 comienza la demolición y el armado de una nueva estructura que serviría para elevarlo y de esa manera lograr mayor cantidad de comodidades. El señor José Héctor “Quico” Rizzi, fue la persona elegida para ocupar el lugar de Gerente para el nuevo hotel y desde esa órbita escribe pequeños relatos que van señalando una lista de personajes de todo tipo. Huéspedes destacables y otros que por su concurrencia continua, fueron considerados “de honor” para el directorio. “Quico”, tal su apodo desde chico, asumió al lugar de Gerente con gran entusiasmo y como tal lo llevó durante todos los días y muchas horas de varias noches, de esos 33 años. Quiero aclarar que este Anecdotario nos fue alcanzado por su hija María Sol y el mismo tuvo que ser transcripto letra por letra, punto por punto y coma por coma, ya que es la manera en que se lo puede volcar a nuestra página. Y ESTO COMIENZA ASÍ ANECDOTARIO DEL HOTEL PICO I Marzo de 1964 puede recordarse hoy como el mes donde los sueños comenzaron a hacerse realidad. Un gigante estaba a punto de erigirse desde sus cimientos y en el corazón de General Pico. En ese momento la Empresa EDICO, que había sido contratada para la construcción del Hotel Pico, informó a CEPSA (Corporación Económica Pampeana S.A.), que toda la obra se realizaría tal como figuraba en los contratos; mediante el sistema de Coste y Costa. Asimismo, los propietarios de Edico, explicaron oportunamente que otras dos empresas se encargarían de la excavación y la estructura respectivamente. Esta última se haría cargo de iniciar rápidamente las bases de hormigón armado y posteriormente la mampostería. II AEROLÍNEAS ARGENTINAS En esta suerte de recorrido de memorias no puedo dejar pasar por alto a los primeros huéspedes de la casa. Y llegaron el sábado, un día antes de la inauguración, casi inesperadamente. Recuerdo que debido a un gran rente de tormenta que nos azotaba, un avión de Aerolíneas Argentinas se vio forzado a aterrizar en nuestra ciudad. Como no había alojamiento disponible en ningún lugar, el Hotel trató el tema en una rápida reunión de Directorio. Como toda respuesta, el propio señor Rezzo, manifestó el orgullo que la ciudad e incluso el Hotel sentían al emitir la factura número 1 a nombre de Aerolíneas Argentinas. III LLEGAN “LOS POLACOS” A CONSTRUIR EL HOTEL La ansiedad de la llegada por “los polacos”, era tanta que todo el pueblo estaba convulsionado. Como para corroborar este estado basta contar que todos corríamos a la estación cada vez que un tren arribaba. La administración de la obra estaba situada muy cerca del ferrocarril y ante la inminencia del traqueteo del gusano de acero, chillando con su silbato, íbamos hasta allí, esperando ver llegar a los constructores extranjeros. Y “los pola” no fallaron: llegaron una mañana soleada y velozmente los reconocimos desde lejos. Portaban grandísimas valijas sobre sus hombros y también cargaban enormes cañas de pescar. Además de trabajo, los europeos no querían perderse la posibilidad de pescar Dorados. IV RIZZI POR REZZO El señor Rómulo Rezzo dejó la impronta de los que saben. Además de ser una excelente persona era un gran Gerente de un Hotel Internacional de Buenos Aires, donde una vez concurrí a realizar un cursillo. Recuerdo que allí Rezzo me entregó un constante asesoramiento y hasta las copias de la papelería que se utilizaba en su hotel. Ese gesto de generosidad fue vital para mis primeros pasos en mi vida gerencial. Pero también atesoro su llegada a Pico. Recuerdo que lo hizo días antes de la inauguración: era jueves y recién al domingo siguiente se abrirían las puertas del Hotel Pico. Cuando le pregunté el porqué de su anticipación, respondió que lo había hecho para tomar contacto no solo con el gerente, sino con todo el personal; desde conserje, gobernantas, lavanderas “botones”. Tanto fue lo que aprendimos en sus charlas que creo todavía nadie en la familia de nuestro hotel las podrá olvidar. V LUIS LANDRISCINA Este famoso personaje nacional también estuvo de paso por el Hotel Pico. Recuerdo que Landriscina produjo entre nosotros un alboroto similar al de Lino Palacios. Y para nuestro regocijo, nos confió que el ámbito hotelero es uno de los sitios desde donde más cuentos provienen, transmitidos, mitificados y hasta reformulados a través de los viajantes. En ese tren nos reconoció haberse nutrido de ello en innumerables ocasiones. VI LINO PALACIOS Este ilustre huésped se alojó en el hotel una tarde y permaneció durante la siesta en su habitación. Al bajar entabló una charla con el conserje y le preguntó si no habían venido a buscarlo o al menos si alguien había llamado para hablar con él. Después de demostrar su interés por nuestra ciudad el conserje, –con cierta desfachatez–, le pidió que nos contara un cuento. Palacios fue dispuesto y lo hizo de inmediato, pero primero nos rogó a los presentes que por la crítica implícita que el mismo conllevaba, no la recordaran. VII MARADONA ESTUVO AQUÍ Entre todas las visitas ilustres que tuvimos los piquenses y en especial los que formábamos la familia del Hotel Pico, no puedo dejar de mencionar en esta recopilación la de Diego Armando Maradona, el que sería el mejor jugador del mundo. Recuerdo que llegó con su club, Argentino Juniors, y todo el equipo de primera división. Lo acompañaba su padre y venía de haber alcanzado el título de Campeón del Mundo Juvenil en Japón. Claro que Diego tuvo lugar también para las polémicas, haciendo sonar a todo volumen, en horas de la siesta y con la puerta de su habitación abierta, un equipo de música. Aparentemente quería mostrar el grande y magnífico “chiche” que había adquirido en Japón o quizá expresar la bronca desde su ingreso al Hotel, debido al largo y agotador viaje (Buenos Aires–Santa Rosa en tren y Santa Rosa–General Pico en colectivo). Al repetirse las quejas provenientes de habitaciones cercanas por el sonido de su equipo de música, la gobernanta se acercó a su recámara para pedirle gentilmente que bajara el volumen. Pero recibió por respuesta una serie de improperios difíciles de repetir. VIII HUÉSPED JAPONESA Una mañana arribó una señora japonesa y sin hablar con nadie se sentó en el hall de recepción. Por la tarde me acerqué a ella para entablar una conversación. Dijo ser agregada de la Embajada de Japón en Argentina en un perfecto español. De forma amena seguimos con la charla y ella me manifestó su interés por este país al que conocía casi de punta a punta: Perito Moreno, Cataratas, Bariloche, el Noroeste Argentino, etc. Por ese motivo le pregunté de inmediato qué era lo que más le llamaba la atención de nuestra república, a lo que contestó a boca de jarro; ¡La comida que se tira a la basura! En el transcurso del diálogo me comunicó que el motivo de su estadía era solo por placer. Dijo que quería ver la salida y la puesta del sol; la línea del horizonte, sobre todo en la llanura pampeana. Fue así que le ofrecimos una estancia para su mayor comodidad, hecho que agradeció emocionadísima y quizá por la misma razón nos envió durante años revistas editadas por la Embajada del Japón. IX EL “LOCO” GATTI El transcurrir del tiempo trajo también a nuestro querido Hotel al primer equipo de Boca Juniors. Esto ocurrió en la época en que ferro Carril Oeste jugara en la Liga superior de la AFA. En ese momento, entre las primeras estrellas del club Xeneise se encontraba “el Loco” Gatti, con quien establecí una linda charla, en este caso promovida por él. El arquero preguntó si podía hablar con el Gerente y me invitó a su habitación. En aquel momento, lo aseguro, acepté pensando en lo de Maradona aquella vez, pero me encontré con la antítesis de la persona. Lo que quería este famoso arquero era conversar sobre el campo pampeano ya que él tenía uno en Carlos Casares.de esta forma se inició un agradable coloquio de preguntas y respuestas. X RENE SALLAS NO SE DUERME Una mañana casi de madrugada, otro periodista de la Revista gente. Antes de tomar el desayuno vio por el ventanal del bar un cartel que llamó su atención y preguntó: –¿Quién es ese que dice tener 25 años al servicio de General Pico y no deja dormir? Se refería al altoparlante que daba al rente y por el cual no había conciliado el sueño. XI UN ANÓNIMO EN APUROS Una de las mil anécdotas ricas que recuerdo es la de un hombre que tenía por costumbre viajar a General Pico los sábados para participar en una mesa de juego en el Club social. Sus visitas eran regulares y cada noche dejaba depositada una importante suma de dinero en la caja del Hotel, la que retiraba al día siguiente. Una madrugada, más precisamente a las 3:15 hs. me llamaron para decirme que este hombre se debía retirar del Hotel y a pesar del horario establecido para la devolución de los depósitos, solicitaba se le retornar el dinero. Estaba apurado, pero no obstante, cuando cumplí con sus deseos el hombre pidió disculpas. XII VICTOR SUEYRO SE ABURRIÓ Del famoso Víctor Sueyro también hay cosas para contar de su paso por nuestra casa. En realidad había llegado aquí por cuestiones que a él le incomodaban; la Revista Gente, para la que trabajaba, lo había mandado a cubrir una carrera llamada “Vuelta de La Pampa”. Pero lo peor todavía para Sueyro fue que la competencia debió suspenderse por lluvia y solo tendría tren de regreso en cuatro días. De modo que aprovechó el tiempo e hizo notas a Marimón, Ricardo Risatti, entre otros, pero con bastante desagrado porque según dijo de automovilismo no conocía nada. Recuerdo era tal su aburrimiento que una mañana me preguntó si había algo interesante para ver en la ciudad a lo que respondí; un Instituto Correccional Abierto, único en Sudamérica y visitado por penalistas de Chile, Perú, Bolivia, etc. Le expliqué dónde se encontraba ubicado y como eran épocas difíciles para conseguir taxis, le presté mi auto (un Unión) repitiéndole donde quedaba el lugar. Al volver junto con su agradecimiento, me comentó que en esa institución de gran importancia lo habían recibido muy atentamente y por tal razón próximamente saldría una nota en la revista. Pero esa nota por mucho tiempo no apareció. XIII MUERTE DE UN VIAJANTE Como no puede ser de otra manera, también guardo en mi memoria una nota muy triste. Una mañana de domingo era imposible despertar a un pasajero que había pedido ser llamado a determinada hora: era inútil el teléfono y en primera instancia pensamos que estaría descompuesto. Para peor su habitación se encontraba en el segundo piso y la llave de la puerta estaba puesta. Con mucha precaución golpeamos fuertemente sin resultado unas cuantas veces, consecuentemente insistimos haciendo presión con la llave hacia adentro y hacia afuera. Pero sin suerte. Cuando por fin logramos abrir, hallamos al huésped en su cama y sin vida. Inmediatamente concurrió a nuestro llamado el doctor Golberdt, quien certificó su deceso informándonos aproximadamente la hora en que esto ocurriera. Por fortuna pudimos averiguar el teléfono en Mar del Plata para avisar a su familia. XIV EL ANILLO DE CAROLA En otra ocasión estuvo en el hotel una modista internacional llamada Carola. Había llegado a Pico para realizar un desfile de modelos a beneficio del Hospital Gobernador Centeno. Per, antes de regresar a Buenos aires, la señora Carola se apersonó en mi oficina para comunicarme que le faltaba un hermoso anillo de brillantes, y que ya había buscado por toda la habitación. Fue para todos nosotros un gran problema y recuerdo que tomé el tema con mucha seriedad. Era la primera vez que nos sucedía una cosa así. Recuerdo que le hablé de la honestidad de la mucama que había limpiado su habitación como así también la hora en que había entrado y salido de la misma. Fuimos a buscar a la empleada a su casa y de regreso al Hotel pidió que alguien la acompañara a la habitación para tener un testigo por si aparecía el anillo. Llegué incluso hasta a sospecha de su marido, quien frecuentaba mesas de juego en Pico Fútbol Club. Pero no hubo caso; el anillo no apareció. Así, invité a Carola a realizar la denuncia correspondiente, pero ella no pudo hacerlo ya que debía irse de urgencia. Fue una partida en la que no faltó el llanto y la tristeza por lo sucedido. Claro que esta sensación duró solo dos días, porque entonces llegó al Hotel la señora por intermedio de la cual se había realizado el desfile, a la que le reconocí de inmediato su cara de alegría. Casi antes de llegar hasta mi me dijo, –Llamó Carola y me dijo que no pudo comunicarse con el Hotel, su anillo apareció en la valija, enganchado a la manga del vestido usado en el desfile… Posteriormente nos llegó una hermosa carta pidiendo mil veces perdón y mostrando su humildad y gran deseo de colaboración al venir nuevamente a cooperar de forma gratuita con el Hospital de Pico. La conmovedora carta que hizo llorar por largo rato a la mucama y a todo el personal que se había enterado del hecho, aún hoy figura en un cuadro en la Gerencia del Hotel. XV ALL STARS Un súper equipo de básquetbol norteamericano llegó una vez al Hotel para deslumbrar a todos. Fue a la hora de la merienda cuando en el hall demostraron su increíble habilidad. En determinado omento le dije al conserje que al igual que yo había sido jugador de básquet; –¡Eso lo hace cualquiera! Displicente, con la idea de que escuchara alguna de las estrellas. Me refería a hacer girar la pelota sobre mi dedo índice como para llenar su vista. Pero el muchacho tomó entonces la pelota y la hizo girar sobre un dedo, la pasó a otro y luego hacia la otra mano, el balón siguió girando y parecía pegada como un metal a un imán. Cuando creyó que había completado su retruco, frenó su talento en clara intención de que yo hiciera lo mismo. Recuerdo que me excusé diciendo que eso lo hacía solo en el circo, pero no gratuitamente. Varios entendieron y festejaron mi ocurrencia. Por la noche los All Stars dieron un gran show, venciendo por amplio margen a la selección de General Pico al mejor estilo de los Harlem Stars, teniendo además un jugador a quien le faltaba un brazo, pero que demostró sus habilidades a la perfección. XVI MALVINA PASTORINO Esta estrella nacional también paso por General Pico junto con otra actriz que no recuerdo. Lo que sí se, es que las tenían que pasar a buscar para llevarlas a la radio a hacer una nota; y como el periodista se demoraba más de lo acordado, decidieron ir caminando. Pero, por la larga distancia que las separaba, les ofrecí llevarlas en mi auto y ellas aceptaron inmediatamente. Unos minutos antes habían visitado el Cine Teatro Pico y Malvina se quedó gratamente sorprendida. Me comentó, ¡Es uno de los mejores teatros del país que conozco! XVII “OH, NOU, NOU” Ya que andamos por el terreno el básquet, recuerdo otra ocasión en la que llegó a la ciudad el equipo de Estudiantes de Bahía Blanca y entre los jugadores contaba con el primer americano que Alberto Finguer (Técnico de River), había traído a la Argentina muchos años antes. Como el estadounidense era toda la novedad del conjunto, al pasar por mi oficina lo llamé para mostrarle un retrato; John Kénnedy colgado en la pared. El muchacho balbuceo rápidamente; ¡President! Luego miró otros cuadros con fotografías y notas, entre los que se veía un equipo de Básquet de Pico Fútbol club y allí se encontraba Finguer en su juventud, al que no pudo reconocer. Cuando le comenté que era él comenzó a gritar eufórico; Alberto, Alberto, y llamó a otro compañero para que viera la foto. Aprovechando la circunstancia, le señalé en el mismo cuadro a dos jugadores; Selel Caballero y yo, éste. Alto y rubio, se parecía a John Fizgerald Kénnedy, y así le comenté: “Estudiamos juntos en la Universidad de Illinois” y para reafirmar lo que decía le mostré un cinturón con la inscripción Illinois, recuerdo de mi padre que a principios de siglo había estado allí. El norteamericano miró fijamente la fotografía y cuando recuperó el habla exclamó; –¡Nou, nou!… ante la risa de su amigo y mía. XVIII CHINO NO “GUALDA LOPA” Tuvimos con nosotros a un turista chino, que se alojó en una de Las mejores habitaciones del Hotel. Después de dos días allí, se despidió atentamente expresando; “Muy lindo el Hotel, lástima que “falta lopelo”… Evidentemente no se había dado cuenta de la puerta del placard. XIX BERMÚDEZ EMPARANZA Cuando llegó al Hotel Bermúdez Emparanza hizo su respectiva ficha y luego se presentó. Enseguida le pregunté si había sido Ministro del Gobierno de Frondizzi, cosa que asintió y comentó haber pasado muchas veces por General Pico en vuelos desde Bahía Blanca a Córdoba. Recuerdo que la mañana en que se retiró le preguntó al conserje si tenía billetes de uno, al responderle que si, se los hizo repasar como silos estuviera contando, hasta que dijo; ¡Deme ese! Y preguntando mi nombre me lo autografió, diciéndome, –¡Esto es delito! El billete (Ley 18188), tenía su firma impresa como Presidente del banco Central. XX ITALIANOS EN LA PAMPA II La mañana previa a su arribo, personal de una Empresa de Turismo de Mendoza, llamó por teléfono para pedir si por favor se podía ir a buscar a tres italianos a la Terminal de Ómnibus a las 24 horas. Así lo hicimos junto con mi hija mayor, a la espera de este trío (un matrimonio y el hermano de la señora). Cuando llegaron, a pesar del pobre italiano que manejábamos, pudimos entendernos bastante bien. Recuerdo que otros turistas de la misma nacionalidad habían viajado en un Tourn de Bariloche a Mendoza y mientras se quedaban allí, ellos decidieron venir a Metileo donde se encontraba sepultado el abuelo de la mujer. Al día siguiente nos pusimos en contacto con la Intendencia de Metileo y pedimos si podía alguien esperar por ellos que partían en un taxi hasta allá. A su regreso nos hicieron saber que gran parte del pueblo estaba ansiosa por su llegada. Lamentablemente la sepultura de la cual habían traído fotos estaba desaparecida por una inundación que afectó al cementerio. De todos modos, en la Escuela les mostraron el Registro de inscripciones donde figuraba el abuelo, además de regalarles láminas de Molina Campos. Tan satisfechos quedaron que para fin de año recibimos postales de estos italianos del Valle de Aosta. XXI ALBERTO CORTEZ Una de las tantas veces que Alberto Cortez se alojó aquí, se le dejó en su habitación un plato grabado con la inscripción; “Bienvenido a tu Pampa”. Al entrar y verlo, sorprendido, le dijo al cadete; –¡Qué lindo, ya me lo estoy guardando! Posteriormente, bajó para agradecerme el gesto y durante la larga charla que mantuvimos le recordé que un amigo mío le había solicitado, la última vez que se presentó en Pico Fútbol Club, el Jazz Casablanca, y que él la cantó, agregando otra canción. Esa vez Juan Cabrino le había alcanzado la guitarra y el público no lo dejó bajar, pidiéndole “Las Palmeras” y “El Mensú”. Acto seguido me confesó que aquella vez continuó la gira con esa misma orquesta. Entre los gratos momentos que pasamos, me dejó una frase autografiada e un plato similar al recibido, pero con una pequeña falla. Finalmente se despidió con su clásica humildad dejando como siempre el mejor de los recuerdos. XXII ITALIANOS EN LA PAMPA Dos italianos llegaron cierta vez buscando a su familia, de la solo sabían el apellido. No tenían conocimiento siquiera dónde vivían sus integrantes. Averiguaron pr su cuenta y ubicaron una supuesta casa cerca del Vivero Williamson que resultó no ser. Los italianos viajaban conmigo en un Fiat 600 y repetían constantemente; “Si non fare loro…” Finalmente fuimos informados de que gente de ese apellido vivían en Eduardo Castex. Cuando volvimos al Hotel encontramos su número telefónico en la guía. Llamamos y la mujer que respondió a nuestra pregunta de inmediato nos dijo con mucha alegría; –¡Son nuestros parientes a los que esperamos desde hace mucho!. Al comunicarles que podían viajar en el colectivo al mediodía la señora contestó; –¡No, no, nosotros los vamos a buscar! Los extranjeros dejaron su equipaje en el Hotel y de regreso al anochecer querían pagar por las valijas que les habíamos cuidado. Tenían tanta alegría y tanto agradecimiento para con el personal que uno de ellos comenzó a buscar en sus bolsillos una moneda italiana especialmente diseñada para ciegos y me la obsequió. Me negué pero fue en vano: me dijo que se la regalara a mi madre que tenía 90 años a la que habían conocido previamente entre sollozos y abrazos cuando ella confesó en su mismo idioma haber vivido en Sondrio (su provincia natal), hasta después de la Primera Guerra Mundial. XXIII CRISTINA ALBERÓ NO INVITA La actriz Cristina Alberó, junto con Darío Víttori, llegó para actuar en el Teatro Pico. Tengo presente que ya nos habíamos saludado en el Hotel a su llegada por la mañana, pero me sorprendí cuando por la tarde concurrí a sacar mis entradas. La Alberó al verme, preguntó, –¿Aquí no hay nadie que me invite a tomar un café? Y así lo hice; cruzamos la calle y en la confitería de Pico Fútbol tomamos el café donde además charlamos amigablemente de su trayectoria. Al retirarnos preguntó por una perfumería cercana y en la galería existía una en la cual no solo consiguió su perfume sino que el dueño se lo obsequió. Me prometió que en alguna oportunidad me devolvería la invitación en Buenos Aires… Cosa que todavía estoy esperando. XXIV LUIS PALAU El reconocido evangelizador también estuvo en el Hotel en una ocasión. A mi me los presentó el Pastor Fanderwood con quien nos conocíamos porque uno de sus hermanos jugaba conmigo en la Primera de Báquet de Pico Fútbol Club. Luego de los saludos agradeció el precio especial que le habíamos efectuado a él se dirigía al Club Argentino donde dio su conferencia ante cinco mil personas aproximadamente. A la mañana siguiente muy temprano nos volvimos a ver en la puerta de mi oficina cuando el religioso iba a tomar el desayuno al bar. Al verme me saludó y preguntó sorprendido; –¿Cómo, usted se fue tan tarde anoche y hoy ya está acá? Le respondí¸–¡El ojo del amo engorda el ganado! Y volviendo a la carga con otra pregunta, –¿Cómo es el refrán que no lo conozco? Al parecer le llamó la atención la exactitud de la frase. Y como agradecimiento me dejó dedicado su libro “GRITO DE VICTORIA”. XXV LA DEBILIDAD DE JULIO IGLESIAS Fue en el año q1979 cuando Julio Iglesias aterrizó por aquí para una actuación en Pico Fútbol Club en pleno apogeo. El hecho conmocionó a todos y fue mucha gente la que descreía de la visita. Pero llegado el día y la hora se reunió una multitud en la puerta del Hotel. Nosotros debíamos hacer pasar a los huéspedes únicamente. En un momento, entre el gentío, divisé a mi sobrina que me llamaba; me pedía por favor que como regalo de cumpleaños la dejara entrar. Le dije que pasara por el portón del costado y que me esperara en mi oficina donde estaban sus padres que habían llegado muy temprano. Al arribo de Julio Iglesias varios periodistas y fotógrafos quisieron entrevistarlo, pero el se negó alegando que estaba muy cansado del viaje. Había venido en colectivo con sus músicos desde Junín. Mi hermano, mi cuñada y su hija se quedaron en mi oficina por un largo tiempo. Tenían la intención de saludar al artista. Cuando Julio avisó que bajaría, recuerdo que mi sobrina pidió verlo de cerca como regalo por su cumpleaños número quince. Yo asentí y ella subió sin compañía hasta el pasillo contiguo a la habitación del cantante. Pasaron algunos minutos y su madre se impacientó. Creyó que tardaba demasiado y llegó hasta el segundo piso, luego mi hermano decidió subir también ya que ahora ambas se demoraban demasiado. Al ver a los fotógrafos que insistían por la tardanza del famoso cantante, tomé la decisión de ir a buscarlos personalmente y fue allí cuando encontré a mi hermano, su esposa e hija abrazados al señor Iglesias lagrimeando, y me culparon a mi por haber dejado subir a mi ahijada. Julio, al enterarse de los quince años de mi sobrina, se emocionó también ya que su hija Chabeli tenía casi su misma edad. XXVI LECTOURE – CHERQUIS BIALO – ARIAS Hubo una extraordinaria Semana de Boxeo en General Pico. Fue un viernes por la mañana cuando llegaron a la ciudad el dueño del Luna Park, Tito Lectoure, Ernesto Cherquis Biale y el entrañable Arias, periodistas de renombre. Los tres lo habían hecho en un avión cedido por la firma Elordi & Cía. Pero, al arribo se enteraron que “Polvorita” Gómez no podría pelear por enfermedad, por ello inmediatamente Lectoure llamó al Luna para pedir a Antonio Ross como reemplazo. Esa misma tarde, como los directivos de Pico Fútbol Club nada habían dispuesto para entretener a los distinguidos visitantes, la fábrica Luna Hermanos decidió mostrarse a pleno con sus obreros trabajando con orejeras incluidas para amortiguar el ruido. Recuerdo que yo estuve presente en esa visita, nos acompañaba en la recorrida Héctor Luna y tanto los huéspedes como los piquenses que no conocíamos la fabrica, nos llevamos una gratísima impresión, tanto que Lectoure comentó que ni en Buenos Aires había conocido algo similar. Al día siguiente se organizó al mediodía un asado en una quinta privada. Allí Arias demostró sus habilidades periodísticas y de comediante: utilizando un palito como micrófono reporteó a Tito imitando a Cherquis a la perfección. Entre otras cosas nos enteramos anécdotas de Lectoure que causaron la risa de todos, especialmente de su estadía en Japón comiendo arroz con palitos sentado en el suelo. XXVII POCHITA “MATAGATOS” Cierto día, el hijo del renombrado médico de General pico, Luis Palau (no confundir con el Pastor Evangélico), llegó como muchas veces lo había hecho y me saludó presentándome a su esposa. Mientas sonreía me dijo, –¿La conoces? Y a pesar de que no la veía desde la escuela primaria, le contesté, –Seguro, Pochita Guz. Después de esas palabras iniciales fuimos juntos a desayunar y por supuesto hablamos de Pico. En determinado momento le comenté a ella que tenía un recuerdo de su padre, ya que el mío, una noche de lluvia, fue enviado por su patrón Nino Caraffini a ver una humedad que había surgido en un rincón del living de la casa de su familia. Le dije que mi padre había subido al techo de Guz y allí, en ese lugar, encontró un paquete que obstruía un desagüe, y que al bajar se lo entregó a su padre. Este al abrirlo, descubrió que se trataba de un matagatos que finalmente le obsequió a mi papá. Pochita se sorprendió con el cuento y agarrándose la cabeza me dijo, Es mío y de Gustavo Andrade! Me contó que lo habían comprado en la casa de Brigo juntando moneda tras moneda, y que lo habían escondido allí… –Porque mi padre desconfiaba, confesó al final. Como resultado de ese hallazgo y coincidencia, después selo traje y ofrecía. Aunque sosteniéndolo me rogó que lo conservara yo. Eso sí, me pidió que si alguna vez lo veía a “Tavo” Andrade le comentara lo sucedido porque habían roto su amistad debido a que él siempre pensó que ella se había quedado con el objeto. Fue increíble, pero después de cincuenta años Andrade supo la verdad en una oportunidad que volvió a Pico y pasó por el Hotel. XXVIII RUBEN DURAN El pianista Rubén Durán era uno de los que venía bastante seguido a actuar a Pico y siempre se alojaba en el Hotel. Un buen día llegó con su señora y ella se olvidó una caja con muchas joyas, y como la experiencia indica que a “los matrimonios” no hay que devolverles nada hasta que lo reclamen, así lo hicimos. Las joyas estaban guardadas en un depósito donde quedan los olvidos en un paquete numerado cuyo mismo número y nombre figura en la ficha de huésped. Una noche en Cosquín dando un paseo alrededor de la plaza Próspero Molina, lo vi a Rubén y señora cerca del escenario. Recuerdo que toqué a mi señora y le dije en voz alta, como para que oyera la pareja; –Hoy no actúa Durán. Al oir su nombre se da vuelta de inmediato y me reconocieron. Les comenté, –Ahora me van a tener que pagar el alquiler de las joyas que tienen olvidadas en el Hotel. La señora se convirtió en un verdadero retrato de satisfacción, a lo que agregó, ¿No me diga que mis joyas las tiene usted? Las anduve rastreando por cuanto Hotel estuvimos, menos en el Hotel de Pico. Rápidamente me solicitaron si se las podía enviar a la misma dirección que figuraba en la ficha de Huéspedes y a su vez mandaron saludos y agradecimiento a todo el personal del Hotel. XXIX GARMÁZ PRESIDENTE Cundo Boca Juniors estaba por jugar con Ferro Carril Oeste de General Pico, otro de los famosos que anduvo por la ciudad fue Ante Garmáz. A poco de llegar nos sentamos a tomar un café en el bar del Hotel. Allí me preguntó por alguna casa importante de artículos para hombres, a lo que respondí, –Mire, aquí enfrente tiene una–, en referencia a Guglielmetti. Y él me respondió que ya la había visto y que le habían parecido muy lindas las vidrieras del comercio. Por la noche me invitó a tomar otro café y me remarcó; –¡Ché Gerente, me tenés que presentar al dueño de ese negocio de enfrente! Como la charla era bastante amena le prometí que así lo haría. Le dije, –Ves ese señor que está sentado ahí, es el dueño! Estaba en el mismo bar así que los presenté y ellos quedaron conversando. Supe que Guglielmetti le había comprado alguno de sus artículos, porque a los pocos días me avisó que tenía dentro de las cajas que había recibido una corbata a mí nombre, obsequio de Garmáz. La misma estaba dedicada a mí con un gran saludo y la firmaba el propio Ante, ¡Futuro presidente de Boca Juniors! XXX UNA HISTORIA DE BÁSQUET Una de las tantas lindas historias de vida que atesoro y que en cierta manera tiene que ver con el Hotel, está teñida de básquet y gratas coincidencias. Me sucedió en Capital Federal inesperadamente cuando intentaba comprar unas lámparas para el conmutador telefónico del Hotel. Yo caminaba por la calle y en un momento, al pasar por una casa de telefonía, decidí entrar. El señor que me atendía, alto, de buen físico y quizá de mi edad, me preguntó si eran para el Ministerio y yo le expliqué que no, que eran para un Hotel de General Pico, La Pampa, dato que inmediatamente le llamó la atención, –Allí jugamos una vez. Me acuerdo que en Pico Fútbol jugaban unos mellizos que eran de lo mejor–, me dijo; y dejó su mano levantada hasta determinada altura, –¡No baje la mano! Le respondí sonriente, y me puse cerca de su gesto para demostrar que justo a esa altura era mi talla. Sorprendido, el hombre agregó, ¿No sería usted? Rápidamente supe que él estaba haciendo referencia al partido que hacía muchos años se había jugado en Pico entre la Selección local, –en la que yo participaba–, y el equipo de Unión del Personal Civil de la Nación. Entonces ya seguro que se refería a mi hermano y a mí, le aclaré que no éramos mellizos. Claro que él seguía sin reaccionar por la historia. No era para menos, después de tantos años. Entonces le dije al instante, –Para ustedes jugaban, Roma, Grangean, Vuelta, Sotelo… No me dejó completar la formación y exclamó, –¡Ese soy yo! Ya gratamente sorprendido por la casualidad me hizo pasar a su oficina para mostrarme gran cantidad de revistas “El Gráfico” de la década del 50, de cuando él jugaba en el Club Indú. Luego me invitó a tomar café al bar de al lado, pero mi señora e hijas hacía más de una hora que estaban esperando. Antes de despedírnosle prometí una copia del Diario “La Reforma” con el comentario del partido que habían jugado en Pico. Quedamos muy amigos y nos seguimos viendo. Tanto que que cuando el conmutador telefónico tuvo algún desperfecto, me mandó un técnico al que solo tuvimos que pagarle el pasaje y en 2 horas el conmutador había quedado perfecto. Este señor preguntó si había alguna otra empresa que tuviera este sistema de telefonía y le hablé de dos a las que el dueño lo invitó a comer un asado en su propia quinta y le obsequió un hermoso cuchillo. XXXI VÍCTOR GALÍNDEZ Cuando Víctor Galíndez llegó a Pico para pelear con en pesado Tosco, lo hizo con toda la comitiva en un Camaro y otro auto preparado para Turismo de Carretera. Víctor mostró ser desde un primer momento una persona sencilla y jovial. Tanto que en medio de una charla le pegunté por Jorge su hermano, y también por el señor Palmero, que siempre venía al Hotel y se dedicaba a la compra de autos usados que llevaba a Buenos Aires. De Palmero recuerdo que en una oportunidad me confesó ser el padre de Víctor Galíndez y no le creí. Aquella vez él me comentó, –Yo soy el padre de Víctor y muy pronto lo voy a traer a pelear a su club. Ahora que ha pasado el tiempo se que Palmero no me mentía y que cumplió su palabra con creces, ya que Víctor había llegado para pelear en Pico Fútbol con Tosco, justo tres semanas antes de que finalmente perdiera su título mundial en Nueva Orleans. Aquella fue una gran pelea, Tosco supo del poder de los brazos y la guapeza de Galíndez. La pelea había comenzado pareja y a punto estuvo Tosco de voltear al campeón en el tercer round, luego de propinarle una terrible trompada que hizo temblar las piernas de su contrincante. Pero, claro, la fuerza y la contundencia de Galíndez rápidamente lo sobrepusieron de ese traspié. En el cuarto round salió decidido a terminar el enfrentamiento y a poco de moverse dejó knock out al otro. También guardo un lindo momento de la tarde previa al encuentro pugilístico, de cuando Víctor se dirigió junto a toda su barra a jugar al truco al Pico Fútbol, situado donde hoy se encuentra la galería Pico. Recuerdo que el campeón entró y saludó a todos con sencillez. Yo, al igual que todos los habitúes que concurríamos allí para entretenernos, no dejamos de observar sus movimientos. Hasta que el “Negro” Cavallotti se levantó de la silla y dijo; –Muchachos, entre nosotros hoy se halla el Campeón del Mundo y todos de pié le brindamos un gran aplauso. Para dejar más clara aún la buena impresión que nos causó a todos y a mi particularmente, minutos antes de partir vino a despedirse y me regalo los guantes con los que había boxeado. Le pedí que me los autografiara, y Galíndez los firmó con una dedicatoria muy linda. Lástima que con el correr del tiempo me fueron robados del lugar en el que se encontraban, –en mi oficina–, junto con banderines de muchísimos clubes nacionales y extranjeros. XXXII EN UN “FITITO” Otras de las historias gratis y graciosas que me deparó el Hotel en mis años de servicio se la debo a un joven atento y simpático que venía dese Flores casi todas las semanas. El muchacho viajaba para Terrabussi y el camino de regreso hacia su lugar de residencia lo hacía en micro, todos los viernes a la noche. Los lunes regresaba por la mañana y volvía a subirse a su Fiat 600, que siempre quedaba guardado en nuestra cochera. Cierto viernes por la noche, el muchacho no había regresado al Hotel y yo sabía que ya tenía reservado un pasaje para las veintidós. Me acuerdo que llegó casi a la hora de partir y tocando bocina entró a la cochera a toda velocidad. El cadete fue a asistirlo y al ver un abollón en la puerta izquierda su conductor le contó que había volcado en la curva del Cuartel pero que quería ir urgente a la terminal para tomar su colectivo. Cuando lo llevé, entre los apurones, me comentó sobre el vuelco aunque noté que se encontraba en perfecto estado. Al llegar a la terminal el micro ya había partido y tuvimos que subir la velocidad para poder alcanzarlo. Y así lo hicimos. XXXIII “HINCHA DEL BARZA” Un profesor Español se alojó cierta vez en el Hotel por varios días. El profesional venía a dictar una Conferencia en la Universidad Nacional de La Pampa con sede en nuestra ciudad. Lo acompañaban su esposa y su hijos de nueve años, que cada vez que pasaba frente a mi oficina se paraba en la puerta para mirar los muchos banderines que estaban colgados en las paredes. Después de su primer día de estadía o invité a pasar y le dije; –Sé que eres Español… ¿Y de qué equipo eres simpatizante?... –¡Del Barza! Respondió y entonces le mostré un banderín de San Lorenzo, diciéndole que era de su club, pero él proclamó, conocedor, –No, ese es de San Lorenzo de acá, pero tiene los mismos colores. Se lo regalé y aceptó gustoso, se alejó rápidamente para mostrarlo a su madre, que regresó con él para agradecerme tan importante regalo. XXXIV 25 ANIVERSARIOD DEL HOTEL Cuando el Hotel cumplía sus Bodas de Plata, se me ocurrió la feliz idea de proponerle al Directorio que a los huéspedes que por más de 25 años seguían alojándose en el Hotel (eran 21 en total), se los designara “Huéspedes de Honor”, se les entregara una credencial y no cobrarles el alojamiento. Así se resolvió por unanimidad y de esta forma vi alegrarse a tantos huéspedes con quienes después de tantos años logramos cierta amistad, aunque nunca tuteé a ninguno de ellos. Rememoro que cuando estos homenajeados arribaban, los invitaba a mi oficina y les decía a cada uno de ellos, –¡Señor, usted desde hoy será mi jefe! Y se los repetía porque no me entendían. Y luego agregaba, –Por elegir este Hotel durante 25 años el Directorio resolvió nombrarlo “Huésped de Honor”. Aquí tiene la tarjeta que lo acredita como tal y cada vez que vuelva no tendrá que pagar su estadía. Me viene a la memoria la satisfacción de algunos como; Dieguez, Centeno, Canaparo, Mazzolo, la señora Concepción de Bidone, Minardi, Volino… Con este último compartimos una gran emoción cuando al entregarle su credencial susurró entre lágrimas; –¡Cuándo le cuente a mi hija que un Hotel me hizo un homenaje, a mí! Y se apoyó sobre mi hombro llorando como un niño, contagiándome su llanto. XXXV DOCTOR FRIZZA Quiero termina este anecdotario con algo que causó mi mayor emoción en treinta y tres años en la Gerencia del Hotel. Recuerdo que cierta vez había en el Hotel médicos locales esperando la llegada desde Bahía Blanca, de dos colegas en este caso Padre e Hijo. El movimiento era bastante intenso y se me informó que junto con estos dos pasajeros también llegaría el Gerente de un Laboratorio que auspiciaba su presencia en esta ciudad. El caso es cuando estos dos últimos me fueron presentados quedé un poco sorprendido por el apellido. Sin vacilar al escuchar “Frizza”, lo asocié con el de la maestra que mi madre había tenido en Italia a principios de siglo y con quien se carteo durante algún tiempo, cuando la señora se radicó en Argentina en la ciudad de Tornquist. De esta forma, estimulado por ese recuerdo y la coincidencia, le pedí disculpas al doctor porque le quería hacer una pregunta. Lo consulté si tenía familiares en Tornquist, a lo que respondió enérgico y apuntándose con su dedo índice, –¡Yo soy de Tornquist! Entonces, lo hice esperar unos minutos y le traje un libro con todo lo realizado por inmigrantes italianos en Argentina. En ese tomo había una página dedicada a ese pueblo bonaerense. Al ver una foto en cuyo epígrafe rezaba, “Giuseppe Frizza y señora”, sus ojos empezaron a brillar y me preguntó, ¿Cómo tiene usted esto? Ellos son mi mamá y mi papá. Ante esa confirmación juro que me conmocioné yo también. El fulgor de los ojos del hombre se transformó rápidamente en lágrimas, lágrimas que produjeron un veloz contagio en quienes estábamos allí. El álbum había sido regalado a mi madre, porque allí estaba su maestra, que finalmente resultó ser su propia madre. Después de semejante hallazgo, al día siguiente, todos fueron a saludar a mi madre; el doctor lo hizo con un abrazo interminable mientras ella seguía contando sus anécdotas de Chiuro, Provincia de Sondrio, mejor conocida como “Valtellina”, que se encontraba al pié de una colina. Allí mis abuelos tenían una plantación de vid, aunque el padre de mi mamá se dedica a la Inspección de Escuelas. De este modo ella comenzó a contarle al Doctor su historia: “Una vez su madre, me puso en penitencia porque todos se levantaron para saludar al Inspector, que había entrado al aula y yo no lo hice ya que era mi papá. Debido a eso fui castigada más por mi padre que por ella. El relato fue con pelos y señales. Luego le entregó una carta al doctor. Era una carta de abril del año 1934, despachada por la señora Frizza en Tornquist. Sin duda este fue uno de mis momentos inolvidables. Repito; viví muchas alegrías en treinta y tres años, pero de todas, esta es la mayor. Autor José Héctor Rizzi “Quico” Rizzi, fue uno de los tantos hombres de este General Pico, perteneciente a padres inmigrantes italianos, que desarrolló su vida como tantos piquenses de aquellos años. Luego de su paso por la escuela primaria, comenzó como casi todos lo hacían trabajando en una u otra cosa, hasta que con el correr del tiempo llega a ocupar este lugar de Gerente en un Hotel que tenía la trayectoria de la misma vida piquense. Cuando más joven fue deportista, haciéndolo con muy buenas virtudes en el Básquetbol y también excelentes en el fútbol, deporte éste, que dejó casi por imperio de sus padres debido a un accidente del hermano mayor, Ignacio. Estas son anotaciones convertidas en anécdotas, luego de más de treinta años de estar al frente de la Gerencia del Hotel Pico, la institución que nos acompaña desde los albores de la ciudad. Un agradecimiento a María Sol, su hija. A las autoridades actuales, señor José Domínguez, y el secretario Daniel Martín por permitir que esto figure entre las tantas historias de nuestro General Pico. Junta de Historia Regional “General Pico” Transcripción realizada por Héctor Pérez Farías Febrero de 2016.

