Barrio: / Tema: Historia
Ubicación Histórica, Año:1899
Cuando se enojó don Pico (1899)
Cuando se enojó don Pico (1899) En los últimos tiempos, y no sin razón, se ha venido escribiendo mucho y muy duro sobre los personajes de la llamada “Generación del 80”, un grupo diverso y con profundas diferencias internas que, sin embargo, actuó de consuno en la tarea de crear una Argentina “a su imagen y semejanza”, aunque en el camino quedara la patria antigua, a la cual despreciaban más o menos amigablemente. Pero, como es el caso de las acertadísima crítica que le hiciera a Sarmiento el publicista español Martínez Villergas, cuando decía que todo en el carácter del sanjuanino, hasta su odio a España, era genuinamente español, estas gentes de la Generación del 80 muchas veces “mostraban la hilacha”, como decimos por estas tierras, es decir que en sus actitudes se hacía evidente que eran fruto genuino de la historia del país que querían cambiar, aunque fuera apelando a métodos tan radicales, para quedarnos con Sarmiento, como el de no ahorrar sangre de gauchos, o de indios… Los ejemplos abundan. Nos centraremos en este caso en la figura de Eduardo Gustavo Pico. La biografía del patrono laico de nuestra ciudad ha sufrido varios retoques dado que el marcado cambio político sucedido en La Argentina luego de Caseros, obligó a maquillar muchas actuaciones bajo el período rosista, que eran como el proverbial esqueleto en el armario que dicen los ingleses. Y en esa pugna por demostrar quién era más antirrosista, muchos datos se olvidaron o desaparecieron, puesto que la memoria es una construcción muy curiosa… Nuestro general Pico nació en Buenos Aires en 1838, es decir que pasó toda su enseñanza básica en el apogeo del régimen de don Juan Manuel. Lo posterior, ya lo sabemos, porque su biografía y la de sus parientes están por todas partes, desde los grandes trabajos de Udaondo y Yaben en adelante. Pero lo interesante es lo que vino después, cuando ya era gobernador del Territorio Nacional de la Pampa Central, puesto en el que se desempeñó desde 1891 hasta 1899. Quiso su mala estrella, que siguiera en el cargo cuando una compleja trama de intereses que, saliendo desde La Pampa llegaba al mismo despacho presidencial en Buenos Aires, decidiera transladar la capital territorial desde General Acha a Santa Rosa, que aún era en ese momento “la materia de la cual están hechos los sueños”. Y fuera por un real sentido geopolítico del problema, fuera por haberse quedado apartado del negocio, es posible que nunca lo sepamos pero siempre conviene pensar lo mejor, lo cierto es que a don Eduardo la cosa no le gustó nada, pero nada. Vanos fueron sus reclamos, memorias, informes y demás papelerías; la cuestión estaba decidida de antemano. Lo verdadero es que Pico renunció y además recibió una sanción disciplinaria, ¿Por qué motivo? Allí arranca el problema. El escribano Juan Forns, en una carta de 1945 con motivo de la donación de un retrato de Pico a la escuela 57, narraba recuerdos relacionados con ese asunto, que han venido sirviendo de base a lo que se dice sobre la actitud del gobernador: “Fue el que defendió quedar la Capital en General Acha, cuando se pretendió trasladarla a Toay […] Al entregar el gobierno en 1899, sufrió una condena de diez días de detención en el Parque de Artillería de la Capital Federal por su ardiente defensa de los derechos políticos de los habitantes de La Pampa, merecedores, decía, de especial consideración de los poderes públicos…” Sobre estos y otros datos similares, se ha venido considerando que el delito de Pico consistió en enviar un telegrama al gobierno nacional en el que vertía expresiones demasiado fuertes como para ser obviadas, en relación con el tema del cambio de capital. Pero la cosa en verdad era un poco más matizada. El 20 de enero de 1900 aparece el número 68 de la hoy famosa revista “Caras y Caretas”, que iba entonces por su tercer año de vida. Esa hebdomadaria, ya de gran fama y lectura preferida del tout Buenos Aires, dirigida por el conocido José S. Álvarez, “Fray Mocho”, miembro asimismo del grupo de egresados del famoso Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, era, según su propia definición, un “Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades” y es claro que un pequeño gran escándalo como el de la sanción a un general y ex gobernador, no habría de escapársele. Es así que en la página 32 de la citada edición, nos encontramos con un reportaje gráfico en el que se ve a nuestro personaje con uniforme de verano, junto a un grupo de otros tres militares. El título es “La prisión del general Eduardo Pico” y el texto que acompaña dice entre otras cosas: “Era Gobernador de La Pampa Central el General Eduardo Pico, uno de nuestros militares de antecedentes, y al hacerse cargo del Ministerio del Interior el doctor Felipe Yofre, comenzó a sentirse molestado aquél por las medidas que se adoptaban respecto á su administración en el Territorio Federal. La malquerencia de ambos funcionarios fue creciendo y al finalizar su período de mando el General Pico, fue reemplazado por el doctor José Luro. Al tomar éste posesión del mando, el Ministro dictó un decreto subrogando diversos empleados, quienes, viéndose despojados de su cargo sin razón legal, se dirigieron á su antiguo jefe comunicándole el hecho. Este les contestó con un telegrama en que el Ministro Yofre era puesto de oro y azul, calificándose duramente su proceder. El ministro, como correctivo al desacato, gestionó la prisión del General Pico y hoy cumple su pena en un departamento del Cuartel del Parque de Artillería…” Los militares que acompañan a Pico en la foto, son el jefe del batallón 8º de Línea, Tte. Cnel. M. de la Serna, el mayor I. Lugones y el capitán R. Fernández. En el artículo no figura autor responsable, pero en el número 91, de junio del mismo año, en el Índice General se aclara que es una nota de responsabilidad de la Redacción. Como podemos ver, la nota de “Caras y Caretas” nos proporciona una visión bastante diferente de la usual. Dadas las características de la publicación de Álvarez, resulta difícil pensar que, de haberse tratado realmente de un problema relacionado con el cambio de la capital de Acha a Santa Rosa, no se lo hubiera mencionado. Pero más allá de eso, esos escuetos datos que cita sobre la pugna con el ministro Yofré, tienen un profundo significado. Este ministro del segundo gobierno de Roca, provenía de una familia de tradición federal cordobesa, con lo cual ya desde el principio podemos encontrar motivos de diferencias serias con Pico. Además, Yofré desde el inicio de su gestión buscaría perfeccionar la organización de los municipios argentinos, muy en especial en los correspondientes a los territorios nacionales. Es obvio que esa gestión conllevaba tal vez no una limpieza, pero por lo menos sí un reacomodamiento de los establos de Augías que eran esas instituciones en aquel momento (pruebas al canto para el Territorio Nacional de La Pampa, son las cadenas de favores y compromisos establecidas entre el gobierno territorial y diversos personajes relevantes como E. de Chapeaurouge o A. Capdeville). Con claridad lo expresa la nota, al dar como motivo del problema la subrogación de diversos empleados que naturalmente debían ser del riñón de Eduardo Pico. Lo que no queda claro es si el famoso telegrama era de carácter privado y alguien lo hizo público, o si fue su autor mismo el que lo dio a conocer a sabiendas de lo que pasaría. De todos modos, la prisión de don Eduardo demostró que los tiempos comenzaban a cambiar y, lo más importante, no sirvió de nada. Al enojo del general, como dicen en el campo, le cabe perfectamente aquello de “se enoja el chancho y se come” No hay motivos para lamentarlo en el marco de la larguísima marcha de nuestro país en busca de la verdadera democracia representativa. Pico moriría en 1904; un año antes, se había demolido el viejo Parque de Artillería, centro de la Revolución del 90, donde había pasado sus 10 días de arresto. A cada tiempo, sus costumbres. Bibliografía: Forteza, Armando: “Reseña geográfica histórica de General Pico en su 75º aniversario”, Buenos Aires, enero de 1981, 156 pp. Ibarguren, Carlos: “La historia que he vivido”, Peuser, Buenos Aires, 1955, 505 pp. REVISTA “CARAS Y CARETAS”, números 68 y 91, Buenos Aires, 1900. Repositorio digital Hemeroteca, Biblioteca Nacional de España, Madrid. Raúl Guillermo Rosas von Ritterstein Prof.en Historia, Lic. en Cs.Sociales y Humanidades
Ubicación Histórica, Año:1899
Cuando se enojó don Pico (1899)
Cuando se enojó don Pico (1899) En los últimos tiempos, y no sin razón, se ha venido escribiendo mucho y muy duro sobre los personajes de la llamada “Generación del 80”, un grupo diverso y con profundas diferencias internas que, sin embargo, actuó de consuno en la tarea de crear una Argentina “a su imagen y semejanza”, aunque en el camino quedara la patria antigua, a la cual despreciaban más o menos amigablemente. Pero, como es el caso de las acertadísima crítica que le hiciera a Sarmiento el publicista español Martínez Villergas, cuando decía que todo en el carácter del sanjuanino, hasta su odio a España, era genuinamente español, estas gentes de la Generación del 80 muchas veces “mostraban la hilacha”, como decimos por estas tierras, es decir que en sus actitudes se hacía evidente que eran fruto genuino de la historia del país que querían cambiar, aunque fuera apelando a métodos tan radicales, para quedarnos con Sarmiento, como el de no ahorrar sangre de gauchos, o de indios… Los ejemplos abundan. Nos centraremos en este caso en la figura de Eduardo Gustavo Pico. La biografía del patrono laico de nuestra ciudad ha sufrido varios retoques dado que el marcado cambio político sucedido en La Argentina luego de Caseros, obligó a maquillar muchas actuaciones bajo el período rosista, que eran como el proverbial esqueleto en el armario que dicen los ingleses. Y en esa pugna por demostrar quién era más antirrosista, muchos datos se olvidaron o desaparecieron, puesto que la memoria es una construcción muy curiosa… Nuestro general Pico nació en Buenos Aires en 1838, es decir que pasó toda su enseñanza básica en el apogeo del régimen de don Juan Manuel. Lo posterior, ya lo sabemos, porque su biografía y la de sus parientes están por todas partes, desde los grandes trabajos de Udaondo y Yaben en adelante. Pero lo interesante es lo que vino después, cuando ya era gobernador del Territorio Nacional de la Pampa Central, puesto en el que se desempeñó desde 1891 hasta 1899. Quiso su mala estrella, que siguiera en el cargo cuando una compleja trama de intereses que, saliendo desde La Pampa llegaba al mismo despacho presidencial en Buenos Aires, decidiera transladar la capital territorial desde General Acha a Santa Rosa, que aún era en ese momento “la materia de la cual están hechos los sueños”. Y fuera por un real sentido geopolítico del problema, fuera por haberse quedado apartado del negocio, es posible que nunca lo sepamos pero siempre conviene pensar lo mejor, lo cierto es que a don Eduardo la cosa no le gustó nada, pero nada. Vanos fueron sus reclamos, memorias, informes y demás papelerías; la cuestión estaba decidida de antemano. Lo verdadero es que Pico renunció y además recibió una sanción disciplinaria, ¿Por qué motivo? Allí arranca el problema. El escribano Juan Forns, en una carta de 1945 con motivo de la donación de un retrato de Pico a la escuela 57, narraba recuerdos relacionados con ese asunto, que han venido sirviendo de base a lo que se dice sobre la actitud del gobernador: “Fue el que defendió quedar la Capital en General Acha, cuando se pretendió trasladarla a Toay […] Al entregar el gobierno en 1899, sufrió una condena de diez días de detención en el Parque de Artillería de la Capital Federal por su ardiente defensa de los derechos políticos de los habitantes de La Pampa, merecedores, decía, de especial consideración de los poderes públicos…” Sobre estos y otros datos similares, se ha venido considerando que el delito de Pico consistió en enviar un telegrama al gobierno nacional en el que vertía expresiones demasiado fuertes como para ser obviadas, en relación con el tema del cambio de capital. Pero la cosa en verdad era un poco más matizada. El 20 de enero de 1900 aparece el número 68 de la hoy famosa revista “Caras y Caretas”, que iba entonces por su tercer año de vida. Esa hebdomadaria, ya de gran fama y lectura preferida del tout Buenos Aires, dirigida por el conocido José S. Álvarez, “Fray Mocho”, miembro asimismo del grupo de egresados del famoso Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, era, según su propia definición, un “Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades” y es claro que un pequeño gran escándalo como el de la sanción a un general y ex gobernador, no habría de escapársele. Es así que en la página 32 de la citada edición, nos encontramos con un reportaje gráfico en el que se ve a nuestro personaje con uniforme de verano, junto a un grupo de otros tres militares. El título es “La prisión del general Eduardo Pico” y el texto que acompaña dice entre otras cosas: “Era Gobernador de La Pampa Central el General Eduardo Pico, uno de nuestros militares de antecedentes, y al hacerse cargo del Ministerio del Interior el doctor Felipe Yofre, comenzó a sentirse molestado aquél por las medidas que se adoptaban respecto á su administración en el Territorio Federal. La malquerencia de ambos funcionarios fue creciendo y al finalizar su período de mando el General Pico, fue reemplazado por el doctor José Luro. Al tomar éste posesión del mando, el Ministro dictó un decreto subrogando diversos empleados, quienes, viéndose despojados de su cargo sin razón legal, se dirigieron á su antiguo jefe comunicándole el hecho. Este les contestó con un telegrama en que el Ministro Yofre era puesto de oro y azul, calificándose duramente su proceder. El ministro, como correctivo al desacato, gestionó la prisión del General Pico y hoy cumple su pena en un departamento del Cuartel del Parque de Artillería…” Los militares que acompañan a Pico en la foto, son el jefe del batallón 8º de Línea, Tte. Cnel. M. de la Serna, el mayor I. Lugones y el capitán R. Fernández. En el artículo no figura autor responsable, pero en el número 91, de junio del mismo año, en el Índice General se aclara que es una nota de responsabilidad de la Redacción. Como podemos ver, la nota de “Caras y Caretas” nos proporciona una visión bastante diferente de la usual. Dadas las características de la publicación de Álvarez, resulta difícil pensar que, de haberse tratado realmente de un problema relacionado con el cambio de la capital de Acha a Santa Rosa, no se lo hubiera mencionado. Pero más allá de eso, esos escuetos datos que cita sobre la pugna con el ministro Yofré, tienen un profundo significado. Este ministro del segundo gobierno de Roca, provenía de una familia de tradición federal cordobesa, con lo cual ya desde el principio podemos encontrar motivos de diferencias serias con Pico. Además, Yofré desde el inicio de su gestión buscaría perfeccionar la organización de los municipios argentinos, muy en especial en los correspondientes a los territorios nacionales. Es obvio que esa gestión conllevaba tal vez no una limpieza, pero por lo menos sí un reacomodamiento de los establos de Augías que eran esas instituciones en aquel momento (pruebas al canto para el Territorio Nacional de La Pampa, son las cadenas de favores y compromisos establecidas entre el gobierno territorial y diversos personajes relevantes como E. de Chapeaurouge o A. Capdeville). Con claridad lo expresa la nota, al dar como motivo del problema la subrogación de diversos empleados que naturalmente debían ser del riñón de Eduardo Pico. Lo que no queda claro es si el famoso telegrama era de carácter privado y alguien lo hizo público, o si fue su autor mismo el que lo dio a conocer a sabiendas de lo que pasaría. De todos modos, la prisión de don Eduardo demostró que los tiempos comenzaban a cambiar y, lo más importante, no sirvió de nada. Al enojo del general, como dicen en el campo, le cabe perfectamente aquello de “se enoja el chancho y se come” No hay motivos para lamentarlo en el marco de la larguísima marcha de nuestro país en busca de la verdadera democracia representativa. Pico moriría en 1904; un año antes, se había demolido el viejo Parque de Artillería, centro de la Revolución del 90, donde había pasado sus 10 días de arresto. A cada tiempo, sus costumbres. Bibliografía: Forteza, Armando: “Reseña geográfica histórica de General Pico en su 75º aniversario”, Buenos Aires, enero de 1981, 156 pp. Ibarguren, Carlos: “La historia que he vivido”, Peuser, Buenos Aires, 1955, 505 pp. REVISTA “CARAS Y CARETAS”, números 68 y 91, Buenos Aires, 1900. Repositorio digital Hemeroteca, Biblioteca Nacional de España, Madrid. Raúl Guillermo Rosas von Ritterstein Prof.en Historia, Lic. en Cs.Sociales y Humanidades