Barrio: Centro / Tema: Salud
Ubicación Histórica, Año:1912
Doctor Félix Maggiorotti
Dr. Maggiorotti; Médico y orador Debo aclarar antes de comenzar con el pasaje de ese hombre por nuestro pueblo, que está todo basado y por momentos incluidos párrafos completos de nuestros diarios, La Reforma y Zona Norte. También debo aclarar que el cuento-historia de Estela Filippini, que podemos encontrar en su libro, “INVITACIÓN A LA MEMORIA”, ayudó a completar este recuerdo para el doctor Félix Maggiototti. xxxxxxxxxxxxxxx Reconocido por su bondad, la virtud oratoria, y amigo tanto de pobres como de acaudalados, un hombre que decidió radicarse en La Pampa, especialmente en nuestra ciudad, donde no solamente desarrolló su capacidad como médico, sino sus dotes de gran hombre. Más de una vez llegó en sulki primero y en su Ford T después, a casa de algún paciente llevando no solamente el maletín con sus instrumentos, en la caja de su móvil llevaba no solamente remedios para esa familia, llevaba también algo para comer, porque la falta de alimentos era a veces toda la enfermedad. Dice un viejo diario que el doctor Félix Maggiorotti había llegada a General Pico en los primeros años del pueblo, casi junto al doctor Abdon Pereyra y a diferencia de éste, a pesar de ser un reconocido orador, el único lugar político que llegó a ocupar fue el de Concejal, y entonces era “ad-honorem”. Se recuerda su presencia en cualquier lugar donde se haya levantado una tribuna, el Cine Centenario, la Plaza o simplemente en una calle pública. Maggiorotti era por tal motivo llamado por sus amigos “Pico de oro” y hasta fue conocido como, “El Ruiseñor de La Pampa”. La sola presencia ya hacía que la gente se preparara para escuchar a un buen orador. Para completar su presencia física se destacaba con una melena que plegada al viento, le confería un aspecto de hombre fuera de serie. El mismo diario dice; “Era artífice de la palabra y aunque no llegó a ocupar funciones públicas de importancia, porque prefería quedarse con sus “pobres” y sus enfermos” (sic). Como médico Municipal que fue, nunca dijo que no a la atención de nadie, a cualquier hora que lo llamaran. Sobre el particular, recordamos al doctor Maggiorotti en el lugar de Concejal, –en los períodos de la Intendencia de don Pedro Bo en 1912 y 1915–, junto a Alejandro Etcheto, Juan Daunes, Enrique Groppo, Nicolás Ratto, Arturo Forteza e Indalecio Caminos, (aclaremos que los Concejales fueron cuatro en cada período). Este hombre tuvo todas las virtudes para ser líder, pero no era lo que sentía, sabía lo que hablaba, lo que esperaban de él, pero siempre renunció a esas cosas porque su personalidad no se lo permitía, eran otros tiempos y formaba parte de un gran grupo de gente que había llegada a un pueblo recién formado en medio de la pampa, y todos o casi todos había llegado para trabajar y armar la población que Eduardo de Chapeaurouge “había vendido” en Buenos Aires y hasta en Europa. Maggiorotti no se apartó y fue el médico desinteresado y bueno que todos quisieron. Es que su fama de profesional desinteresado y caritativo trascendió los límites de nuestra ciudad y del Territorio, sobresaliendo en los círculos sociales por su personalidad y fue junto a su esposa Angélica L. de Maggiorotti un hombre admirado por todos. El doctor Félix Maggiorotti había nacido en Buenos Aires y allí realizó sus estudios de medicina, recibiéndose en 1905, y con el título “calentito” se radica en el Oeste pampeano, en Victorica, lugar que deja en 1912 para radicarse en General Pico procedente de aquel lugar. Su vida se apaga producto de una neumonía que no replica uhren pudo controlar, a pesar su profesión de médico. Es que la vida entera la dedicó a sus pacientes, además su condición de médico municipal, lo obligaba aún más a estar a disposición de ellos las veinticuatro horas. Cuenta Estela Filippini en su “Invitación a la memoria”, en “El fin de los sueños”, un cuento dedicado al doctor Maggiorotti algo que tal vez haya sido una de sus últimas visitas a una pequeña paciente en las afueras del pueblo y se los reproduzco así; “Esa mañana muy temprano había estado en la casa del doctor, el hijo mayor de unos vecinos que vivían en las afueras del pueblo para avisar que la salud de la hermana pequeña se había agravado” Ya estaba con su enfermedad encima, mientras desayuna tose de una forma que él mismo se asusta y solamente atina a decir; “Los médicos también nos enfermamos, cuando vuelva tendré que llegar hasta la Botica de Ferulano para pedirle algunos sellos para mi bronquitis”(sic). Y así, en ese estado, en una mañana de crudo invierno desde su casa de calle 20, montado en un Ford T, cruza el pueblo en toda su extensión por calle 17 hasta más allá de la quinta de Rocha. Allí se encontraba la enferma a quien atendió y volvió a recomendar que no le permitan salir porque el frío de aquellos inviernos no perdonaba. Pero allí no terminó la visita, la mujer que trabaja en su casa ayudando en las tareas a su esposa Angelita, le había cargado en una canasta, huevos y un par de pollos carneados en la tarde anterior. La receta se la dio a la madre de la paciente en forma terminante, “Con esto me le preparás un buen puchero, un revuelto y le das el caldo lo más caliente que pueda soportar”, y para eso sacó de la canasta, varios huevos y uno de los pollos que puso en manos de la mujer. También cita Estela otro pasaje de su vida, en este hermoso cuento-historia: “Desde que llegó, Maggiorotti había capturado la atención de todo el mundo. A pesar de su notoria ascendencia italiana, que ostentaba orgulloso, era un insólito “gentleman” en medio de las pampas. Su educación, su don de gentes, ese mechón rebelde que le cruzaba la frente y una arrogancia distante y magnética, habían hecho de él, el personaje del pueblo de aquellos tiempos”. “Filántropo, hombre no solo de pensamiento, sino también de acción”. Las instituciones que lo tuvieron como principal impulsor fueron muchas, desde el Hospital Centeno, del que fue su primer director hasta otras como BoyScouts, la Biblioteca Estrada luego de la fusión de la biblioteca Almafuerte y otras que se encontraban en distintos barrios. Fue Parte del Club Social y además socio fundador del Pico Fútbol Club. Fue un invierno durísimo, el último del doctor Maggiorotti. Había cumplido con varias visitas aquel día, el “fortecito” tosiendo y rezongando su “tre-tre-tre, tre-tre-tre”, lo dejó en su casa y muy cansado cayó en cama, bastante debilitado y sin fuerzas. La bronconeumonía ya estaba muy metida en su cuerpo y en unos días más, cuando la primavera estaba tomando fuerza, el pueblo hace correr el murmullo de oreja a oreja; El doctor Maggiorotti a muerto, serían las nueve de la mañana. Nadie podía creer aquel 30 de octubre de 1929 lo que había ocurrido, a pesar de que se sabía del estado de salud, nadie, además de los más allegados, podía imaginar el desenlace y mucho menos que se marchase de esta vida con apenas cuarenta y siete años. Nadie lo podía creer, el pueblo todo lo acompañó hasta el cementerio. Coches del pueblo y pueblos vecinos, mucha gente a pié, ofrendas florales Quienes vivieron aquel momento no se olvidaron nunca y por muchos años se extrañó al orador oficial de los actos del 25 de mayo y 9 de julio; el diario La Reforma decía, “Descansa en Paz, ¡Oh Félix! Y que las lagrimas que hoy se derraman sobre tus sagrados despojos, se conviertan en otras tantas perlas para la corona que el señor habrá colocado en tus sienes” (sic). La capilla ardiente se había montado en la sala dos del Club Social y sus restos fueron despedidos por sentidas palabras del doctor Raúl Cigorraga, el señor Conrado Arana y dos Miguel de Fougeres entre otros. Las bandas locales acompañaron con Marcha Fúnebres Se formó luego una comisión para la construcción de un Mausoleo en el Cementerio Local. El doctor Félix Maggiorotti fue otro de aquellos médicos que llegaron a nuestra Aldea para convertirla en pueblo y dejarla armada como ciudad, con el espíritu de trabajo de aquellos hombres que hicieron de la profesión un sacerdocio. Esos fueron ejemplos de humildad, estuvieron con el pueblo, pobres o adinerados, amaron la música, la poesía, la oratoria como en este caso, su familia, los amigos, la vida. Fue otro de los que dejaron su duende en nuestras calles, las baldosas de nuestras veredas, viejas paredes, en fin, todo lugar que pisaron y por eso lo queremos incluir en esta página de nuestro pueblo, porque General Pico tiene memoria y el doctor Maggiorotti no puede ser olvidado. Fuente consultada: Diarios La Reforma y Zona Norte Invitación a la Memoria, de Estela Filippini Fotos de Colección Filippini, internet e imágenes propias Gracias a Guillermo Mora Vázquez por facilitar documentación Héctor Pérez Farías Recopilador de historias pueblerinas. Miembro de la Junta de Historia Regional “Gral. Pico” Mayo de 2018.

Ubicación Histórica, Año:1912
Doctor Félix Maggiorotti
Dr. Maggiorotti; Médico y orador Debo aclarar antes de comenzar con el pasaje de ese hombre por nuestro pueblo, que está todo basado y por momentos incluidos párrafos completos de nuestros diarios, La Reforma y Zona Norte. También debo aclarar que el cuento-historia de Estela Filippini, que podemos encontrar en su libro, “INVITACIÓN A LA MEMORIA”, ayudó a completar este recuerdo para el doctor Félix Maggiototti. xxxxxxxxxxxxxxx Reconocido por su bondad, la virtud oratoria, y amigo tanto de pobres como de acaudalados, un hombre que decidió radicarse en La Pampa, especialmente en nuestra ciudad, donde no solamente desarrolló su capacidad como médico, sino sus dotes de gran hombre. Más de una vez llegó en sulki primero y en su Ford T después, a casa de algún paciente llevando no solamente el maletín con sus instrumentos, en la caja de su móvil llevaba no solamente remedios para esa familia, llevaba también algo para comer, porque la falta de alimentos era a veces toda la enfermedad. Dice un viejo diario que el doctor Félix Maggiorotti había llegada a General Pico en los primeros años del pueblo, casi junto al doctor Abdon Pereyra y a diferencia de éste, a pesar de ser un reconocido orador, el único lugar político que llegó a ocupar fue el de Concejal, y entonces era “ad-honorem”. Se recuerda su presencia en cualquier lugar donde se haya levantado una tribuna, el Cine Centenario, la Plaza o simplemente en una calle pública. Maggiorotti era por tal motivo llamado por sus amigos “Pico de oro” y hasta fue conocido como, “El Ruiseñor de La Pampa”. La sola presencia ya hacía que la gente se preparara para escuchar a un buen orador. Para completar su presencia física se destacaba con una melena que plegada al viento, le confería un aspecto de hombre fuera de serie. El mismo diario dice; “Era artífice de la palabra y aunque no llegó a ocupar funciones públicas de importancia, porque prefería quedarse con sus “pobres” y sus enfermos” (sic). Como médico Municipal que fue, nunca dijo que no a la atención de nadie, a cualquier hora que lo llamaran. Sobre el particular, recordamos al doctor Maggiorotti en el lugar de Concejal, –en los períodos de la Intendencia de don Pedro Bo en 1912 y 1915–, junto a Alejandro Etcheto, Juan Daunes, Enrique Groppo, Nicolás Ratto, Arturo Forteza e Indalecio Caminos, (aclaremos que los Concejales fueron cuatro en cada período). Este hombre tuvo todas las virtudes para ser líder, pero no era lo que sentía, sabía lo que hablaba, lo que esperaban de él, pero siempre renunció a esas cosas porque su personalidad no se lo permitía, eran otros tiempos y formaba parte de un gran grupo de gente que había llegada a un pueblo recién formado en medio de la pampa, y todos o casi todos había llegado para trabajar y armar la población que Eduardo de Chapeaurouge “había vendido” en Buenos Aires y hasta en Europa. Maggiorotti no se apartó y fue el médico desinteresado y bueno que todos quisieron. Es que su fama de profesional desinteresado y caritativo trascendió los límites de nuestra ciudad y del Territorio, sobresaliendo en los círculos sociales por su personalidad y fue junto a su esposa Angélica L. de Maggiorotti un hombre admirado por todos. El doctor Félix Maggiorotti había nacido en Buenos Aires y allí realizó sus estudios de medicina, recibiéndose en 1905, y con el título “calentito” se radica en el Oeste pampeano, en Victorica, lugar que deja en 1912 para radicarse en General Pico procedente de aquel lugar. Su vida se apaga producto de una neumonía que no replica uhren pudo controlar, a pesar su profesión de médico. Es que la vida entera la dedicó a sus pacientes, además su condición de médico municipal, lo obligaba aún más a estar a disposición de ellos las veinticuatro horas. Cuenta Estela Filippini en su “Invitación a la memoria”, en “El fin de los sueños”, un cuento dedicado al doctor Maggiorotti algo que tal vez haya sido una de sus últimas visitas a una pequeña paciente en las afueras del pueblo y se los reproduzco así; “Esa mañana muy temprano había estado en la casa del doctor, el hijo mayor de unos vecinos que vivían en las afueras del pueblo para avisar que la salud de la hermana pequeña se había agravado” Ya estaba con su enfermedad encima, mientras desayuna tose de una forma que él mismo se asusta y solamente atina a decir; “Los médicos también nos enfermamos, cuando vuelva tendré que llegar hasta la Botica de Ferulano para pedirle algunos sellos para mi bronquitis”(sic). Y así, en ese estado, en una mañana de crudo invierno desde su casa de calle 20, montado en un Ford T, cruza el pueblo en toda su extensión por calle 17 hasta más allá de la quinta de Rocha. Allí se encontraba la enferma a quien atendió y volvió a recomendar que no le permitan salir porque el frío de aquellos inviernos no perdonaba. Pero allí no terminó la visita, la mujer que trabaja en su casa ayudando en las tareas a su esposa Angelita, le había cargado en una canasta, huevos y un par de pollos carneados en la tarde anterior. La receta se la dio a la madre de la paciente en forma terminante, “Con esto me le preparás un buen puchero, un revuelto y le das el caldo lo más caliente que pueda soportar”, y para eso sacó de la canasta, varios huevos y uno de los pollos que puso en manos de la mujer. También cita Estela otro pasaje de su vida, en este hermoso cuento-historia: “Desde que llegó, Maggiorotti había capturado la atención de todo el mundo. A pesar de su notoria ascendencia italiana, que ostentaba orgulloso, era un insólito “gentleman” en medio de las pampas. Su educación, su don de gentes, ese mechón rebelde que le cruzaba la frente y una arrogancia distante y magnética, habían hecho de él, el personaje del pueblo de aquellos tiempos”. “Filántropo, hombre no solo de pensamiento, sino también de acción”. Las instituciones que lo tuvieron como principal impulsor fueron muchas, desde el Hospital Centeno, del que fue su primer director hasta otras como BoyScouts, la Biblioteca Estrada luego de la fusión de la biblioteca Almafuerte y otras que se encontraban en distintos barrios. Fue Parte del Club Social y además socio fundador del Pico Fútbol Club. Fue un invierno durísimo, el último del doctor Maggiorotti. Había cumplido con varias visitas aquel día, el “fortecito” tosiendo y rezongando su “tre-tre-tre, tre-tre-tre”, lo dejó en su casa y muy cansado cayó en cama, bastante debilitado y sin fuerzas. La bronconeumonía ya estaba muy metida en su cuerpo y en unos días más, cuando la primavera estaba tomando fuerza, el pueblo hace correr el murmullo de oreja a oreja; El doctor Maggiorotti a muerto, serían las nueve de la mañana. Nadie podía creer aquel 30 de octubre de 1929 lo que había ocurrido, a pesar de que se sabía del estado de salud, nadie, además de los más allegados, podía imaginar el desenlace y mucho menos que se marchase de esta vida con apenas cuarenta y siete años. Nadie lo podía creer, el pueblo todo lo acompañó hasta el cementerio. Coches del pueblo y pueblos vecinos, mucha gente a pié, ofrendas florales Quienes vivieron aquel momento no se olvidaron nunca y por muchos años se extrañó al orador oficial de los actos del 25 de mayo y 9 de julio; el diario La Reforma decía, “Descansa en Paz, ¡Oh Félix! Y que las lagrimas que hoy se derraman sobre tus sagrados despojos, se conviertan en otras tantas perlas para la corona que el señor habrá colocado en tus sienes” (sic). La capilla ardiente se había montado en la sala dos del Club Social y sus restos fueron despedidos por sentidas palabras del doctor Raúl Cigorraga, el señor Conrado Arana y dos Miguel de Fougeres entre otros. Las bandas locales acompañaron con Marcha Fúnebres Se formó luego una comisión para la construcción de un Mausoleo en el Cementerio Local. El doctor Félix Maggiorotti fue otro de aquellos médicos que llegaron a nuestra Aldea para convertirla en pueblo y dejarla armada como ciudad, con el espíritu de trabajo de aquellos hombres que hicieron de la profesión un sacerdocio. Esos fueron ejemplos de humildad, estuvieron con el pueblo, pobres o adinerados, amaron la música, la poesía, la oratoria como en este caso, su familia, los amigos, la vida. Fue otro de los que dejaron su duende en nuestras calles, las baldosas de nuestras veredas, viejas paredes, en fin, todo lugar que pisaron y por eso lo queremos incluir en esta página de nuestro pueblo, porque General Pico tiene memoria y el doctor Maggiorotti no puede ser olvidado. Fuente consultada: Diarios La Reforma y Zona Norte Invitación a la Memoria, de Estela Filippini Fotos de Colección Filippini, internet e imágenes propias Gracias a Guillermo Mora Vázquez por facilitar documentación Héctor Pérez Farías Recopilador de historias pueblerinas. Miembro de la Junta de Historia Regional “Gral. Pico” Mayo de 2018.

