Barrio: Centro / Tema: Deporte
Ubicación Histórica, Año:1976
Un viejo ídolo, Víctor García
Un viejo ídolo, Víctor García Un viejo ídolo del Turismo de Carretera, de aquellas “Cupecitas” de las décadas del Cuarenta, Cincuenta y buena parte del Sesenta, –del siglo pasado–, llegó un día de visita a nuestro general Pico y como no podía ser de otra manera, lo fue a visitar a nuestro ídolo, a nuestro querido Juan Marchini. Hombre a su vez querido y respetado por toda la lista de aquellos pioneros de nuestro automovilismo en ruta; los Gálvez, Fangio, Marcilla, Marimón, Emiliozzi, Menditeguy, Rolo de Álzaga, Peduzzi, Rosendo Hernández, Froilán González, Bojanich, Vinardell Molinero, Ernesto Baronio y muchos, muchos más, la lista era larga y con Víctor García se conocían ya desde los primeros grandes premios del 38 y el 40. En agosto de 1976, Juan estaba pasando un mal momento de salud y coincidentemente Florencio García, hermano de Víctor, que mantenía negocios con gente de la zona, viaja desde Mendoza hacia América, en la provincia de Buenos Aires y de paso, “cañaso”, éste último lo acompaña en su viaje de negocios con la condición que lo dejara el tiempo necesario como para visitar a un amigo en General Pico. Por supuesto que el hermano no necesitó preguntarle nada, ya que sabía de esa amistad, porque aquellos hombres que se conocieron en duras competencias de automóviles, por caminos a veces solamente marcados en los mapas, aprendieron lo que es lealtad, compañerismo y solidaridad, y desde allí se forjaron muchas amistades. La llegada de Víctor la recuerda el diario La Reforma, y con seguridad en el tema estaba Pepe Matilla; No se perdería ese encuentro por nada del mundo, además no era otro que su estilo, lo que leemos en la página del diario del 19 de agosto de ese año, describiendo aquel encuentro. El mendocino Víctor García se llegó hasta la calle 22 entre 13 y 15, la casa de nuestro vecino Juan Marchini y el abrazo sostenido por varios minutos hizo arrancar más de una lágrima de quienes tuvieron la suerte de estar en el lugar en aquel momento. Es que los hombres son duros para sortear obstáculos y tosudos cuando algo se les opone, pero aflojan cuando dos de ellos se encuentran y recuerdan momentos difíciles como los que estos muchachos tuvieron que enfrentar. El, ¡Hola Hermano! Y, ¡Qué gusto verte Víctor! Ya lo estaba diciendo todo, pero no podían quedarse callados, tenían que preguntar, recordar cosas que registraron juntos por muchos años en Grandes Premios y en muchísimas Vueltas como la del Chaco, la Pampa, Cuyo, Santa Fe, El Sur, El Norte, interoceánicas y por sobre todo aquella que aún hoy, cuando recojo este recorte en junio de 2018, no ha podido ser superada. Ni se podrá superar, porque eran otros tiempos, otros coches, otros caminos, otros hombres. Juan y Víctor comenzaron a recordar las cosas que les sucedieron a ambos y hasta en una misma carrera. Vuelcos, roturas casi imposibles de reparar y ahí era cuando aparecía la mano solidaria de quien venía corriendo de atrás, ¿Qué rompiste hermano? Y algo aparecía en el piso del otro coche que ayudaba a solucionar el problema. No pudieron faltar los recuerdos de la carrera a Caracas y el regreso hasta Lima para emprender la otra competencia, la que a su vez los dejaba en casa, con su familia a la que no veían desde hacía un mes y faltaba otro. –Cuantas cosas dejamos Juan para poder completar 19 etapas, catorce para ir y cinco para volver, sin contar el tramo Caracas – Lima. –Ese sí que fue divertido, todos teníamos los coches a la miseria, pero se las aguantaron para hacer ese tramo. –Algunos veníamos un poco mejor que otros, yo recuerdo que la última etapa me dio unos pesos de ganancia que me ayudó una barbaridad. –Y cómo fue que la ganaste, mirá que estaban Juan, Oscar, Marcilla, El Gordo. –Es que yo había hecho una promesa y no estaba tan lejos. En esa etapa largaba entre los diez primeros y me jugué todo, lo fui a ver a Giuliano y le pedí que me llevara todo lo que tenía encima del coche. Me quedé nada más que con lo necesario, a costa de arriesgar que algo de lo que le dejaba me pudiera llegar a servir. Tuve suerte, el Ford seguía caminando y adelante tenían que aflojar un poco porque el tiempo que los separaba, no era para arriesgarse demasiado. El que se desbocó fue Juan, ni el mismo Oscar lo comprendía. Caminó fuerte hasta que enderezó una curva y se fue abajo, a una alcantarilla bastante complicada. Pararon todos porque “El Gordo” Marimón cruzó el coche en el angosto camino y lo único que repetía era, ¡Hasta que Juan no salga de ahí abajo, acá no pasa nadie! Yo venía ahí nomás entre los primeros, cuando de pronto me encuentro con ese cuadro, “El Gordo” no me dejaba pasar, le rogué por cuanto Santo acordaba, hasta que le dije que había hecho una promesa. Aflojo; a regañadientes pero aflojó, hasta me puteó cuando pude pasar. El asunto es que gané esa última etapa. Creo que se hizo complicada porque Juan quería ganar a toda costa, pero los tiempos no daban, si Oscar a él le llevaba como dos horas y media y a su vez él “Al Gordo” y a Marcilla les llevaba más de dos horas. Lo más aconsejable para cualquiera de los cuatro punteros lo mejor que podían hacer era correr para llegar sin arriesgar. El asunto es que Oscar no lo abandonó al hermano y eso le costó la carrera. A esos recuerdos vinieron otros, algunos lamentables, otros no tanto pero los dos manifestaron que nunca fueron dejados en la estacada, siempre hubo una mano. –Sabés qué pasó Víctor, nosotros tampoco nunca dejamos a nadie. Yo por lo menos bajaba la ventanilla y trataba de aflojar para ver o preguntar si hacía falta algo. Creo que solamente pasábamos cuando el barro era jodido pero de allá lejos en tierra firme pegábamos el grito. El diario presente en aquella oportunidad, nos dice en uno de sus últimos párrafos; “Durante un par de horas, estos auténticos ídolos del automovilismo de antaño, revivieron jornadas que palpitan en la historia de nuestro viejo y heroico TC. La emoción anduvo empujando lágrimas en algunos instantes, porque Víctor García y Juan Marchini fueron siempre amigos y compañeros en la vida; rivales en el andar fragoroso por las rutas, pero corazones abiertos a la amistad verdadera en cada final de etapas” (sic). Los dos se hicieron la misma pregunta, ¿Cuántas veces volcaste, vos? Y ambos se contestaron con una carcajada, porque aquello era nada más que una anécdota, ni valía la pena el número, lo que valía la pena era recordar que cuando se quedaban “con las ruedas para arriba”, difícilmente el que viniera atrás siguiera viaje. Y así, con un chau de ambos, se despidieron habiendo actualizado en dos horas, una página del automovilismo de otra época, de la época de las cupecitas. Fuente consultada; recorte del diario La Reforma del 19 de agosto de 1976 Fotos internet y propias. Héctor Pérez Farías Recopilador de historias pueblerinas. Miembro de la Junta de Historia Regional Gral. Pico Junio de 2018

Ubicación Histórica, Año:1976
Un viejo ídolo, Víctor García
Un viejo ídolo, Víctor García Un viejo ídolo del Turismo de Carretera, de aquellas “Cupecitas” de las décadas del Cuarenta, Cincuenta y buena parte del Sesenta, –del siglo pasado–, llegó un día de visita a nuestro general Pico y como no podía ser de otra manera, lo fue a visitar a nuestro ídolo, a nuestro querido Juan Marchini. Hombre a su vez querido y respetado por toda la lista de aquellos pioneros de nuestro automovilismo en ruta; los Gálvez, Fangio, Marcilla, Marimón, Emiliozzi, Menditeguy, Rolo de Álzaga, Peduzzi, Rosendo Hernández, Froilán González, Bojanich, Vinardell Molinero, Ernesto Baronio y muchos, muchos más, la lista era larga y con Víctor García se conocían ya desde los primeros grandes premios del 38 y el 40. En agosto de 1976, Juan estaba pasando un mal momento de salud y coincidentemente Florencio García, hermano de Víctor, que mantenía negocios con gente de la zona, viaja desde Mendoza hacia América, en la provincia de Buenos Aires y de paso, “cañaso”, éste último lo acompaña en su viaje de negocios con la condición que lo dejara el tiempo necesario como para visitar a un amigo en General Pico. Por supuesto que el hermano no necesitó preguntarle nada, ya que sabía de esa amistad, porque aquellos hombres que se conocieron en duras competencias de automóviles, por caminos a veces solamente marcados en los mapas, aprendieron lo que es lealtad, compañerismo y solidaridad, y desde allí se forjaron muchas amistades. La llegada de Víctor la recuerda el diario La Reforma, y con seguridad en el tema estaba Pepe Matilla; No se perdería ese encuentro por nada del mundo, además no era otro que su estilo, lo que leemos en la página del diario del 19 de agosto de ese año, describiendo aquel encuentro. El mendocino Víctor García se llegó hasta la calle 22 entre 13 y 15, la casa de nuestro vecino Juan Marchini y el abrazo sostenido por varios minutos hizo arrancar más de una lágrima de quienes tuvieron la suerte de estar en el lugar en aquel momento. Es que los hombres son duros para sortear obstáculos y tosudos cuando algo se les opone, pero aflojan cuando dos de ellos se encuentran y recuerdan momentos difíciles como los que estos muchachos tuvieron que enfrentar. El, ¡Hola Hermano! Y, ¡Qué gusto verte Víctor! Ya lo estaba diciendo todo, pero no podían quedarse callados, tenían que preguntar, recordar cosas que registraron juntos por muchos años en Grandes Premios y en muchísimas Vueltas como la del Chaco, la Pampa, Cuyo, Santa Fe, El Sur, El Norte, interoceánicas y por sobre todo aquella que aún hoy, cuando recojo este recorte en junio de 2018, no ha podido ser superada. Ni se podrá superar, porque eran otros tiempos, otros coches, otros caminos, otros hombres. Juan y Víctor comenzaron a recordar las cosas que les sucedieron a ambos y hasta en una misma carrera. Vuelcos, roturas casi imposibles de reparar y ahí era cuando aparecía la mano solidaria de quien venía corriendo de atrás, ¿Qué rompiste hermano? Y algo aparecía en el piso del otro coche que ayudaba a solucionar el problema. No pudieron faltar los recuerdos de la carrera a Caracas y el regreso hasta Lima para emprender la otra competencia, la que a su vez los dejaba en casa, con su familia a la que no veían desde hacía un mes y faltaba otro. –Cuantas cosas dejamos Juan para poder completar 19 etapas, catorce para ir y cinco para volver, sin contar el tramo Caracas – Lima. –Ese sí que fue divertido, todos teníamos los coches a la miseria, pero se las aguantaron para hacer ese tramo. –Algunos veníamos un poco mejor que otros, yo recuerdo que la última etapa me dio unos pesos de ganancia que me ayudó una barbaridad. –Y cómo fue que la ganaste, mirá que estaban Juan, Oscar, Marcilla, El Gordo. –Es que yo había hecho una promesa y no estaba tan lejos. En esa etapa largaba entre los diez primeros y me jugué todo, lo fui a ver a Giuliano y le pedí que me llevara todo lo que tenía encima del coche. Me quedé nada más que con lo necesario, a costa de arriesgar que algo de lo que le dejaba me pudiera llegar a servir. Tuve suerte, el Ford seguía caminando y adelante tenían que aflojar un poco porque el tiempo que los separaba, no era para arriesgarse demasiado. El que se desbocó fue Juan, ni el mismo Oscar lo comprendía. Caminó fuerte hasta que enderezó una curva y se fue abajo, a una alcantarilla bastante complicada. Pararon todos porque “El Gordo” Marimón cruzó el coche en el angosto camino y lo único que repetía era, ¡Hasta que Juan no salga de ahí abajo, acá no pasa nadie! Yo venía ahí nomás entre los primeros, cuando de pronto me encuentro con ese cuadro, “El Gordo” no me dejaba pasar, le rogué por cuanto Santo acordaba, hasta que le dije que había hecho una promesa. Aflojo; a regañadientes pero aflojó, hasta me puteó cuando pude pasar. El asunto es que gané esa última etapa. Creo que se hizo complicada porque Juan quería ganar a toda costa, pero los tiempos no daban, si Oscar a él le llevaba como dos horas y media y a su vez él “Al Gordo” y a Marcilla les llevaba más de dos horas. Lo más aconsejable para cualquiera de los cuatro punteros lo mejor que podían hacer era correr para llegar sin arriesgar. El asunto es que Oscar no lo abandonó al hermano y eso le costó la carrera. A esos recuerdos vinieron otros, algunos lamentables, otros no tanto pero los dos manifestaron que nunca fueron dejados en la estacada, siempre hubo una mano. –Sabés qué pasó Víctor, nosotros tampoco nunca dejamos a nadie. Yo por lo menos bajaba la ventanilla y trataba de aflojar para ver o preguntar si hacía falta algo. Creo que solamente pasábamos cuando el barro era jodido pero de allá lejos en tierra firme pegábamos el grito. El diario presente en aquella oportunidad, nos dice en uno de sus últimos párrafos; “Durante un par de horas, estos auténticos ídolos del automovilismo de antaño, revivieron jornadas que palpitan en la historia de nuestro viejo y heroico TC. La emoción anduvo empujando lágrimas en algunos instantes, porque Víctor García y Juan Marchini fueron siempre amigos y compañeros en la vida; rivales en el andar fragoroso por las rutas, pero corazones abiertos a la amistad verdadera en cada final de etapas” (sic). Los dos se hicieron la misma pregunta, ¿Cuántas veces volcaste, vos? Y ambos se contestaron con una carcajada, porque aquello era nada más que una anécdota, ni valía la pena el número, lo que valía la pena era recordar que cuando se quedaban “con las ruedas para arriba”, difícilmente el que viniera atrás siguiera viaje. Y así, con un chau de ambos, se despidieron habiendo actualizado en dos horas, una página del automovilismo de otra época, de la época de las cupecitas. Fuente consultada; recorte del diario La Reforma del 19 de agosto de 1976 Fotos internet y propias. Héctor Pérez Farías Recopilador de historias pueblerinas. Miembro de la Junta de Historia Regional Gral. Pico Junio de 2018

