Barrio: / Tema: Regionales
Ubicación Histórica, Año:1952
Colonia San José:MARIA ESTHER
Se presentó un día gris, con un sol muy tibio para calentar a todos los fieles que asistirían a la Fiesta Patronal en “La Colonia San José”. Es 1º de Mayo, y se congregan en el Santuario, para agradecer al Patrono San José Obrero. Todo está organizado. Cada uno de los servidores desarrolla con gran precisión todas las tareas. Van llegando los peregrinos, unos en bicicleta, otros que caminan movilizados por la fe. Todos comparten una sonrisa, aquellos que agradecen y los que vienen con algún pedido. Detrás de algún grupo de fieles se encuentra la Hermana María Esther, con su temple tranquilo y con la palabra exacta para pedir, llamar o delegar alguna de las tantas cosas que se ultiman para la misa. En la “Colonia”, ya no solo se escuchan el aturdidor canto de los loros habitantes de los eucaliptos, allí se mimetizan en el verde eterno. Así se mezclan el susurro de los orantes, los cantos que dan muestra de la paz que los inunda. Cuando alguien pregunta quien organiza todo, quien planifica cada 1º día del mes. Surgen las respuestas: están los servidores de “San José” y todos trabajan bajo la “gran administradora”. María Esther Cortabarría, la hermana, nativa de Huelen, cuando estaba la estación, la escuela y algunos pobladores. Nació un 16 de diciembre de 1952, hija de descendientes de españoles: su padre Juan Cortabarría y Celia Gertner. Hizo sus primeros años en la escuela en Huelén, y luego terminó la primaria en el Colegio María Auxiliadora. “Iba con mis padres a visitar a mi hermano que estaba interno en el colegio de varones, en Victorica. En la escuela de niñas estaba interna Clarita Zetner, quien me llevaba a conocer el internado. Un 1º de mayo vamos con mi familia a misa a la Colonia, y allí estaba la mamá de Clarita, pregunté por ella y me dice que la traían para llevarla al médico a General Pico. Pasó un tiempo y Clarita falleció, y ahí decidí que quería ir de interna al colegio en Victorica. Fue así que les pedí a mis padres y terminé mi 7mo grado en María Auxiliadora, era como la necesidad de suplirla”. Así comienza María Ester, su largo camino de preparación y superación. Para cursar sus estudios secundarios y su Aspirantado en la ciudad de Rosario en el Colegio María Auxiliadora. Allí concluye sus estudios y para seguir con el Noviciado se traslada a Funes que fue en los años 1971-1972. Sin duda fueron años de estudios y dedicación. María Ester el día 24 de enero de 1973 realiza su Profesión Religiosa. Realiza sus votos. Sigue su formación y para lograrlo se traslada a Bernal, provincia de Buenos Aires. Fueron cuatro años de preparación pastoral (teología, sicología, catequesis), todo para una función social. Cuando culmina la formación, tiene como primer destino la ciudad de Santa Rosa, provincia de la Pampa. Tuvo a cargo las estudiantes pupilas que cursaban sus estudios en el Colegio María Auxiliadora. Todas las hermanas estudiaban una carrera terciaria o universitaria, fue así que en el mismo Colegio, cursos sus estudios para Maestra. En los nueve años que residió en Santa Rosa, se dedicó a la docencia, y en los veranos con la invitación de la hermana Angelita Paez, con un grupo de estudiantes viajaban al sur del país como misioneros. En esos viajes descubrió su gran deseo de misionar, era para lo cual se sentía que realmente estaba preparada. Fue así que hace la solicitud para ser misionera en África. Cuando llega la aprobación para poder viajar a Ruanda, es despegar a un nuevo horizonte, y poder dar más y mucho más. Desde Santa Rosa a Buenos Aires y desde allí a la primera parada que fue Roma. Durante once meses asiste a la Universidad Urbaniana, con sede en el Vaticano. Había diferentes profesores que daban sus clases en español, inglés, italiano y francés. En el lugar de residencia había 17 misioneras de diferentes países, y en la más amplia variedad de culturas e idiomas, pero todas podían relacionarse y comunicarse. María Esther, iba a ser parte del Proyecto África, cuatro hermanas iban a ser las primeras en llegar como misioneras. Desde Roma se llega a Zaire (ahora República Democrática del Kongo), se instalan en Lumbumbashi, cerca de la frontera con Ruanda, allí unas de las hermanas se enferma, por lo cual se debe quedar. Para que no estuviera sola, se queda con ella otra de las hermanas, así solamente continúan dos hermanas entre ellas Maria Esther. Al llegar a Ruanda, se instalan en la capital Kigali, durante 5 meses en donde el idioma es muy difícil, y debían aprender gramática. Para poder lograr una comunicación con los habitantes de Ruanda. El docente que imparte las clases es un padre que hablaba francés. Y como me dijo María Esther: “Ique ni que” (que es eso), en la misma forma que siempre lo hizo, se preparó y su camino llegó a destino. Rulindo la esperaba, al norte de Ruanda, allí la iglesia, la casa para las hermanas y la escuela. En la montaña, y lo rodeaban todos los habitantes, es zona rural. Y comenzó la ida y vuelta con la comunidad, la escuela era el punto de unión, entre las hermanas que enseñaban a leer y escribir, y los niños le enseñaban la pronunciación, así las hermanas incorporaban la lengua nativa. Su acción además de alfabetizar fue llevar la palabra de Jesús, les daban catequesis, así se bautizaban y mantenían su cultura y a la vez tomaban todo lo que los blancos podían brindarle en beneficio de sus vidas. María Esther, lleva con ella los recuerdos de sus cinco años vividos como misionera, en sus ojos se produce el brillo de felicidad al contar cada historia, las fotos de los paisajes que lleva en sus retinas. Sus manos siempre unidas, su memoria inmensa y la generosidad de compartir un tiempo de su agenda tan completa. Fueron cinco años, pero al contraer Malaria, realizó varios meses de tratamiento. Al no hacer efecto la quinina (remedio obtenido de una planta de Ruanda) y ni antibióticos, sus superiores deciden que debe regresar. María Esther, ella fue para quedarse toda la vida, y tuvo que resignar por un tiempo su labor misionera. Desde el corazón de África, al oeste de la provincia de La Pampa, a Victorica, nuestra ciudad más longeva. Realizó su labor de Catequesis y asistencia espiritual, viajando a las localidades de Santa Isabel, Algarrobo del Águila Jagüel del Monte, La Pastoril, La Humada, Árbol Solo y Telén. Iba a las escuelas hogares y formaba a las maestras para que den catequesis. Viajó varios años con los trabajadores del Banco de la Pampa, que iban todos los meses a dichas localidades y escuelas a pagar sueldos a los docentes y personal, etc. Esto era una vez al mes. Y los domingos desde Victorica, viajaba a Santa Isabel. Entre las cosas que recuerda María Esther: “cuando viajaba a Santa Isabel, el colectivero muy amable me llevaba hasta la casa en la que me hospedaba, pasaron muchos años y hace poco nos encontramos en la Colonia San José, en una de las misas, que lindo fue verlo y que ambos nos acordáramos” Las cosas que uno hace y para lo cual una se siente preparada, en María Ester, es la de ser misionera, es por eso que pide nuevamente a sus superiores, y su nuevo destino fue Bolivia, y allí estuvo entre 1996 al 2002. El primer año se radicó en La Paz, a 4000 metros de altura, pero no logra adaptarse al clima y no pudiendo desarrollar plenamente las actividades. Con esta situación la trasladan a Santa Cruz de la Sierra, y va como administradora de la casa de niñas. Estaba en las afueras, y alojaban a niñas de la calle. Tenían una casa más vieja que allí recibían a las niñas, en dónde hacían un período de adaptación y, pasando luego a la otra casa más grande y nueva que se había construido con fondos de Comunidad Económica Europea. Ésta casa albergaba a 100 niñas que iban desde los 5 años a los 18. La hermana superiora a cargo de la casa de niñas, debe trasladarse a otro lugar y allí es que nombran a María Esther, como directora y ejerce ese cargo por dos años. Las niñas que ahí se alojaban eran por distintas circunstancias, como me comentó María Ester: “teníamos diferentes grupos, unas 30 chicas que sus padres estaban cumpliendo condena en la cárcel, eran las menos conflictivas. Ellas sabían que estarían un tiempo en la casa y luego se reunirían con sus familias. Otras niñas que no se sabía nada de ellas, ni de sus padres o algún familiar. Si las niñas recordaban su nombre, al tiempo se hacía toda la documentación para que tengan un documento, con una fecha de nacimiento que era seguro cuando habían llegado a la casa y elegían un apellido de alguien querido de la casa”. “Todas las niñas asistían a la escuela, y los que realizaban el secundario también tenían formación de oficios en artes y oficios. Por ejemplo se capacitaban en imprenta, electricidad, peluquería. Un verano me contacté con familias argentinas que vivían en Santa Cruz de la Sierra, por lo cual les pedí que las contrataran para que tuvieran experiencia laboral, pero que no fueran a hacer de servicio doméstico, si no que realizaran tareas de atención al público, trámites; les permitió ganar un sueldo y así tenían una posibilidad de prepararse para la vida” “Entre las actividades que también aprendían era primero dactilografía para luego acceder a los cursos de computación. En verano se realizaban cursos de guitarra, danza, gimnasio”. En una de las tardes de charla con María Esther, le comento que al ver todo lo que realizaba y organizaba con tanta decisión para el Santuario San José, me mostraba su seguridad, su liderazgo y su experiencia. Ella me comenta “no siempre fue así, en dónde aprendí a tomar decisiones que eran necesarias, fue cuando no había momentos para la duda. Cuando alguna niña se escapaba, se tenía que organizar la búsqueda y avisar a las autoridades, cuando alguna niña había que llevarla al médico, eso se debía hacer con premura, no se podía perder tiempo en consultar. Tenía unos 45 años cuando vivencie todas clases de situaciones como directora y eso me hizo ser decidida y no dudar”. Como todo hay una finalización del ciclo y así llega un nuevo destino, Yapacaní. Se encuentra a unos 130 km de Santa Cruz de la Sierra, en dónde estará por dos años. “visitábamos a 16 comunidades que se encontraban localizadas en el campo y la selva. Lo que viví ahí, no lo viví en África. Mucha pobreza y precariedad, no tenían una cultura definida, perdieron toda la cultura inca y no llegaron a integrarse en la cultura española. Su idioma es el quechua, los hombres hablaban más español, las mujeres el quichua. Para comunicarnos con las mujeres, los hijos le traducían” En su relato María Esther, comenta que en su labor ser “enfermera”, era primero y luego la de llegar con la palabra de Jesús, se bautizaba y daba catequesis para que los niños tomaran la comunión y confirmación. En su relato María Esther describe su accionar: “en mi recorrida por los pueblos, llevaba medicamentos y botiquín con lo primordial, todo era donado por los laboratorios Bagó. Al llegar a las escuelas, si veía que a algún niño tenía revoloteando mosquitas sobre su cabeza, los apartaba los curaba. Por falta de higiene tenían pústulas infectadas, cascarones de lastimaduras. Luego me dedicaba a dar catequesis”. “Todos los casos eran extremos, las mujeres se trasladaban a las ciudades con sus hijos para que estudiaran el nivel secundario, y los hombres se quedaban el campo, y este vivía en malas condiciones que se alimentaba solo de arroz y mascaba coca todo el día. Cuando se enfermaban se iban al pueblo a “morir”, porque el Bolivia la atención médica en los hospitales se debe pagar, nada es gratis. Cuando la policía encontraba algún enfermo, me avisaba y lo llevaba a la asistencia, y debía cargar con todos los gastos. Sabía que no podíamos darle un tratamiento para su recuperación, pero sí aunque resulte duro, le podíamos dar una muerte digna y no tirado en cualquier lugar de la calle, eran personas muy jóvenes entre 40 y 45 años. Eran familias numerosas, cuando se enfermaba alguno de sus hijos al no tener dinero para llevarlos que reciban atención médica, aceptaban que muriera” María Esther, había llegado para administrar el Comedor de Ancianos de la parroquia. Pero su labor misionera también se desarrolla dando catequesis, fue así que un año 430 niños tomaron la comunión y 180 confirmaciones. Además por petición de la comunidad querían cambiar la fachada de la iglesia, por lo cual María Esther realizó el proyecto para agrandar la misma, en total fueron cinco iglesias que se construyeron. Con toda su labor que realizó, se volvieron abrir los caminos y la llevaron a Santiago del Estero, en la Argentina. Estaba asignada al Santuario de Santa Lucía, que se encontraba en las afuera de Santiago. Tenía a cargo el comedor de niños que asistían a almorzar 130 pequeños. Además en los barrios realizaba catequesis familiar los domingos. Aquí estuvo durante todo el 2002. Se abren las puertas y los caminos la llevan a Chaco, a la capital Resistencia. Su labor fue de administradora del Colegio María Auxiliadora, que tenía los dos niveles: primario y secundario. Esa tarea lo hacía por la mañana, y a la tarde iba al último barrio de Resistencia, que era barrio Fontana. Estaba asentado sobre los terrenos del ferrocarril. Los días miércoles realizaba la formación en catequesis en las casa de familia y los sábados era para los niños. Con el tiempo se pudo construir una ermita que lleva el nombre de Santa Teresita. Luego se levantó un tinglado, y posteriormente se pudo cerrar y allí funcionó la Capilla. Como un recuerdo de su labor misionera nos cuenta María Esther: “una señora de 80 años, se bautizó y tomó la comunión y me eligió como su madrina. Al ser elegida para que sea su madrina, le pregunté qué quería que le regalara, y me sorprendió con su pedido, deseaba una crema o un perfume algo que siempre quiso y no pudo tenerlo”. Cuando la salud de la mamá de María Esther, necesitaba de un cuidado especial, pide volver a La Pampa, y su destino fue la ciudad de Santa Rosa, como administradora del Colegio María Auxiliadora, como ella lo refiere “me daban nuevamente la función que menos me gustaba administrar, a mí me gustaba toda la labor misionera”. Sin importar todo lo que implicaba llevar la administración del colegio, en sus tarde se unió a la labor del Padre Ricardo Ermesino, que estaba en la Parroquia Sagrada Familia, en Santa Rosa. María Esther se refiere a su labor en el Hogar María Magdalena: “era un centro para ayudar a la mujer golpeada, que funcionaba en un reciclado de lo que alguna vez fue un hotel alojamiento llamado “Tulipan”. Se reutilizaron los espacios y se hicieron 8 departamentos, para que las mujeres tuvieran un lugar de protección hasta que pudieran tener un lugar seguro. Las visitaba en la semana para un acompañamiento espiritual, algunas aceptaban y otras que no querían escuchar” Incansable, dispuesta a llegar a todos con la palabra de Jesús, empieza su labor misionera en el barrio de Villa Germinal, en Santa Rosa. Su primer paso fue la formación de catequistas los días de la semana, y los fines de semana se utilizaban las instalaciones del Salón de la Junta Vecinal para dar catequesis a los niños. Aún hoy las mismas catequistas siguen haciendo su labor en el barrio. Han levantado una ermita, y han conseguido los galpones contenedores para guardar las cosas y siguen trabajando para construir su capilla. Se arman nuevamente las valijas y el rumbo es Santiago de Estero, era el año 2006 y se radica en Atamiski, el primer pueblo fundado en la Argentina, según la documentación con la que se cuenta que es del año 1543. Fundada sobre la rivera del Río Dulce, en donde la región es de mucha pobreza. Contaba con una iglesia hermosa donde los libros de bautismos datan del 1700. En Atamiski, María Esther, se hace cargo de la administración del Internado para los habitantes de las comunidades del campo, una de mujeres y otro de varones. Permanece durante un año en dicha comunidad. Para el año 2007, se traslada al norte de Santiago del Estero, a la localidad de Nueva Esperanza, su labor misionera era la de llegar a las comunidades cercanas, formando para la catequesis y apoyo espiritual. Han pasado algunos años más y ahora pide regresar a La Pampa, para estar cerca de su mamá, más precisamente a Colonia Barón. Comenzaba el 2008 y le fue asignada la administración del colegio María Auxiliadora en General Pico, para cumplir dicha función, viajaba desde Colonia Barón a General Pico, los días martes y viernes. En Colonia Barón, se había ido el Padre Claudio, y asiste a la iglesia los padres de Catriló y María Esther en toda la organización de la comunidad católica. Era el año 2009 y coincidió que la Iglesia San Juan Bosco, cumplía sus Bodas de Oro. Y se hace cargo de todos los festejos y organización María Esther. El 24 de junio de 2008, Benedicto XVI, designó como obispo de la diócesis de Santa Rosa, a Mario Poli. Fue quien siempre le comentaba a la hermana María Esther, que se tenía que hacer algo con la iglesia de Colonia San José. No era el único que quería que “San José”, fuera la sede de una gran movimiento católico, como lo había sido años anteriores. Había una comisión que se encargaba del mantenimiento de la iglesia, quien para la celebración del 1º de mayo, le pidieron colaboración a María Esther y ella accedió: “para ayudarlos me hice cargo de la procesión y todo lo referido al servicio de la misa”. Había mucha perseverancia de parte del obispo Mario Poli, y cada vez que mantenía una reunión o una charla le pedía a María Esther, que tomara la posta. Y tomó la gran responsabilidad: “al final después de reunirnos con los integrantes de la comisión y Poli, se decidió hacer el 1º día de cada mes, la misa en la Colonia. Se dispuso todo para que el 1º de agosto de 2012, se celebrara la misa. Como tenía experiencia de otras parroquias, propuse que al terminar la misa se ofreciera algo para beber y comer, ya que vienen en algunos casos desde lejos. Quien ofició la misa fue el obispo, fue mucha más gente que la que yo esperaba. Cuando los colaboradores me preguntaron, para cuantas personas preparan torta y jugo, les dije que para 50 personas como una exageración. Y no fue así la iglesia estaba repleta y pedí la palabra para disculparme, que lo que se compartiría sería poco, porque no es espera tanta asistencia. Y allí Poli, dijo” lo que pasa que la hermana María Esther, no tenía fé” Se disuelve la comisión que tenía la iglesia y Poli dijo,” ahora son todos servidores, son misioneros de San José”. Y María Esther sabía que ahí estaría puesta toda su vocación, su formación y la experiencia que traía consigo. En 2015, el 1º de mayo el Papa Francisco, declara a la iglesia San José, como Santuario. Y sigue María Ester, administrando, aunque ella dice que no es lo que gusta hacer, pero sigue abriendo caminos para que cada uno de los creyentes sea misionero, que lleve la palabra de Jesús, a quien lo necesite. Todos los meses el Santuario abre sus puertas a los fieles y entre ellos siempre está María Ester. Vayan a conocerla. Vale la pena. Autor: Silvina Dunel 2019 Para 13º Enc.Historiadores del Norte de La Pampa
Ubicación Histórica, Año:1952
Colonia San José:MARIA ESTHER
Se presentó un día gris, con un sol muy tibio para calentar a todos los fieles que asistirían a la Fiesta Patronal en “La Colonia San José”. Es 1º de Mayo, y se congregan en el Santuario, para agradecer al Patrono San José Obrero. Todo está organizado. Cada uno de los servidores desarrolla con gran precisión todas las tareas. Van llegando los peregrinos, unos en bicicleta, otros que caminan movilizados por la fe. Todos comparten una sonrisa, aquellos que agradecen y los que vienen con algún pedido. Detrás de algún grupo de fieles se encuentra la Hermana María Esther, con su temple tranquilo y con la palabra exacta para pedir, llamar o delegar alguna de las tantas cosas que se ultiman para la misa. En la “Colonia”, ya no solo se escuchan el aturdidor canto de los loros habitantes de los eucaliptos, allí se mimetizan en el verde eterno. Así se mezclan el susurro de los orantes, los cantos que dan muestra de la paz que los inunda. Cuando alguien pregunta quien organiza todo, quien planifica cada 1º día del mes. Surgen las respuestas: están los servidores de “San José” y todos trabajan bajo la “gran administradora”. María Esther Cortabarría, la hermana, nativa de Huelen, cuando estaba la estación, la escuela y algunos pobladores. Nació un 16 de diciembre de 1952, hija de descendientes de españoles: su padre Juan Cortabarría y Celia Gertner. Hizo sus primeros años en la escuela en Huelén, y luego terminó la primaria en el Colegio María Auxiliadora. “Iba con mis padres a visitar a mi hermano que estaba interno en el colegio de varones, en Victorica. En la escuela de niñas estaba interna Clarita Zetner, quien me llevaba a conocer el internado. Un 1º de mayo vamos con mi familia a misa a la Colonia, y allí estaba la mamá de Clarita, pregunté por ella y me dice que la traían para llevarla al médico a General Pico. Pasó un tiempo y Clarita falleció, y ahí decidí que quería ir de interna al colegio en Victorica. Fue así que les pedí a mis padres y terminé mi 7mo grado en María Auxiliadora, era como la necesidad de suplirla”. Así comienza María Ester, su largo camino de preparación y superación. Para cursar sus estudios secundarios y su Aspirantado en la ciudad de Rosario en el Colegio María Auxiliadora. Allí concluye sus estudios y para seguir con el Noviciado se traslada a Funes que fue en los años 1971-1972. Sin duda fueron años de estudios y dedicación. María Ester el día 24 de enero de 1973 realiza su Profesión Religiosa. Realiza sus votos. Sigue su formación y para lograrlo se traslada a Bernal, provincia de Buenos Aires. Fueron cuatro años de preparación pastoral (teología, sicología, catequesis), todo para una función social. Cuando culmina la formación, tiene como primer destino la ciudad de Santa Rosa, provincia de la Pampa. Tuvo a cargo las estudiantes pupilas que cursaban sus estudios en el Colegio María Auxiliadora. Todas las hermanas estudiaban una carrera terciaria o universitaria, fue así que en el mismo Colegio, cursos sus estudios para Maestra. En los nueve años que residió en Santa Rosa, se dedicó a la docencia, y en los veranos con la invitación de la hermana Angelita Paez, con un grupo de estudiantes viajaban al sur del país como misioneros. En esos viajes descubrió su gran deseo de misionar, era para lo cual se sentía que realmente estaba preparada. Fue así que hace la solicitud para ser misionera en África. Cuando llega la aprobación para poder viajar a Ruanda, es despegar a un nuevo horizonte, y poder dar más y mucho más. Desde Santa Rosa a Buenos Aires y desde allí a la primera parada que fue Roma. Durante once meses asiste a la Universidad Urbaniana, con sede en el Vaticano. Había diferentes profesores que daban sus clases en español, inglés, italiano y francés. En el lugar de residencia había 17 misioneras de diferentes países, y en la más amplia variedad de culturas e idiomas, pero todas podían relacionarse y comunicarse. María Esther, iba a ser parte del Proyecto África, cuatro hermanas iban a ser las primeras en llegar como misioneras. Desde Roma se llega a Zaire (ahora República Democrática del Kongo), se instalan en Lumbumbashi, cerca de la frontera con Ruanda, allí unas de las hermanas se enferma, por lo cual se debe quedar. Para que no estuviera sola, se queda con ella otra de las hermanas, así solamente continúan dos hermanas entre ellas Maria Esther. Al llegar a Ruanda, se instalan en la capital Kigali, durante 5 meses en donde el idioma es muy difícil, y debían aprender gramática. Para poder lograr una comunicación con los habitantes de Ruanda. El docente que imparte las clases es un padre que hablaba francés. Y como me dijo María Esther: “Ique ni que” (que es eso), en la misma forma que siempre lo hizo, se preparó y su camino llegó a destino. Rulindo la esperaba, al norte de Ruanda, allí la iglesia, la casa para las hermanas y la escuela. En la montaña, y lo rodeaban todos los habitantes, es zona rural. Y comenzó la ida y vuelta con la comunidad, la escuela era el punto de unión, entre las hermanas que enseñaban a leer y escribir, y los niños le enseñaban la pronunciación, así las hermanas incorporaban la lengua nativa. Su acción además de alfabetizar fue llevar la palabra de Jesús, les daban catequesis, así se bautizaban y mantenían su cultura y a la vez tomaban todo lo que los blancos podían brindarle en beneficio de sus vidas. María Esther, lleva con ella los recuerdos de sus cinco años vividos como misionera, en sus ojos se produce el brillo de felicidad al contar cada historia, las fotos de los paisajes que lleva en sus retinas. Sus manos siempre unidas, su memoria inmensa y la generosidad de compartir un tiempo de su agenda tan completa. Fueron cinco años, pero al contraer Malaria, realizó varios meses de tratamiento. Al no hacer efecto la quinina (remedio obtenido de una planta de Ruanda) y ni antibióticos, sus superiores deciden que debe regresar. María Esther, ella fue para quedarse toda la vida, y tuvo que resignar por un tiempo su labor misionera. Desde el corazón de África, al oeste de la provincia de La Pampa, a Victorica, nuestra ciudad más longeva. Realizó su labor de Catequesis y asistencia espiritual, viajando a las localidades de Santa Isabel, Algarrobo del Águila Jagüel del Monte, La Pastoril, La Humada, Árbol Solo y Telén. Iba a las escuelas hogares y formaba a las maestras para que den catequesis. Viajó varios años con los trabajadores del Banco de la Pampa, que iban todos los meses a dichas localidades y escuelas a pagar sueldos a los docentes y personal, etc. Esto era una vez al mes. Y los domingos desde Victorica, viajaba a Santa Isabel. Entre las cosas que recuerda María Esther: “cuando viajaba a Santa Isabel, el colectivero muy amable me llevaba hasta la casa en la que me hospedaba, pasaron muchos años y hace poco nos encontramos en la Colonia San José, en una de las misas, que lindo fue verlo y que ambos nos acordáramos” Las cosas que uno hace y para lo cual una se siente preparada, en María Ester, es la de ser misionera, es por eso que pide nuevamente a sus superiores, y su nuevo destino fue Bolivia, y allí estuvo entre 1996 al 2002. El primer año se radicó en La Paz, a 4000 metros de altura, pero no logra adaptarse al clima y no pudiendo desarrollar plenamente las actividades. Con esta situación la trasladan a Santa Cruz de la Sierra, y va como administradora de la casa de niñas. Estaba en las afueras, y alojaban a niñas de la calle. Tenían una casa más vieja que allí recibían a las niñas, en dónde hacían un período de adaptación y, pasando luego a la otra casa más grande y nueva que se había construido con fondos de Comunidad Económica Europea. Ésta casa albergaba a 100 niñas que iban desde los 5 años a los 18. La hermana superiora a cargo de la casa de niñas, debe trasladarse a otro lugar y allí es que nombran a María Esther, como directora y ejerce ese cargo por dos años. Las niñas que ahí se alojaban eran por distintas circunstancias, como me comentó María Ester: “teníamos diferentes grupos, unas 30 chicas que sus padres estaban cumpliendo condena en la cárcel, eran las menos conflictivas. Ellas sabían que estarían un tiempo en la casa y luego se reunirían con sus familias. Otras niñas que no se sabía nada de ellas, ni de sus padres o algún familiar. Si las niñas recordaban su nombre, al tiempo se hacía toda la documentación para que tengan un documento, con una fecha de nacimiento que era seguro cuando habían llegado a la casa y elegían un apellido de alguien querido de la casa”. “Todas las niñas asistían a la escuela, y los que realizaban el secundario también tenían formación de oficios en artes y oficios. Por ejemplo se capacitaban en imprenta, electricidad, peluquería. Un verano me contacté con familias argentinas que vivían en Santa Cruz de la Sierra, por lo cual les pedí que las contrataran para que tuvieran experiencia laboral, pero que no fueran a hacer de servicio doméstico, si no que realizaran tareas de atención al público, trámites; les permitió ganar un sueldo y así tenían una posibilidad de prepararse para la vida” “Entre las actividades que también aprendían era primero dactilografía para luego acceder a los cursos de computación. En verano se realizaban cursos de guitarra, danza, gimnasio”. En una de las tardes de charla con María Esther, le comento que al ver todo lo que realizaba y organizaba con tanta decisión para el Santuario San José, me mostraba su seguridad, su liderazgo y su experiencia. Ella me comenta “no siempre fue así, en dónde aprendí a tomar decisiones que eran necesarias, fue cuando no había momentos para la duda. Cuando alguna niña se escapaba, se tenía que organizar la búsqueda y avisar a las autoridades, cuando alguna niña había que llevarla al médico, eso se debía hacer con premura, no se podía perder tiempo en consultar. Tenía unos 45 años cuando vivencie todas clases de situaciones como directora y eso me hizo ser decidida y no dudar”. Como todo hay una finalización del ciclo y así llega un nuevo destino, Yapacaní. Se encuentra a unos 130 km de Santa Cruz de la Sierra, en dónde estará por dos años. “visitábamos a 16 comunidades que se encontraban localizadas en el campo y la selva. Lo que viví ahí, no lo viví en África. Mucha pobreza y precariedad, no tenían una cultura definida, perdieron toda la cultura inca y no llegaron a integrarse en la cultura española. Su idioma es el quechua, los hombres hablaban más español, las mujeres el quichua. Para comunicarnos con las mujeres, los hijos le traducían” En su relato María Esther, comenta que en su labor ser “enfermera”, era primero y luego la de llegar con la palabra de Jesús, se bautizaba y daba catequesis para que los niños tomaran la comunión y confirmación. En su relato María Esther describe su accionar: “en mi recorrida por los pueblos, llevaba medicamentos y botiquín con lo primordial, todo era donado por los laboratorios Bagó. Al llegar a las escuelas, si veía que a algún niño tenía revoloteando mosquitas sobre su cabeza, los apartaba los curaba. Por falta de higiene tenían pústulas infectadas, cascarones de lastimaduras. Luego me dedicaba a dar catequesis”. “Todos los casos eran extremos, las mujeres se trasladaban a las ciudades con sus hijos para que estudiaran el nivel secundario, y los hombres se quedaban el campo, y este vivía en malas condiciones que se alimentaba solo de arroz y mascaba coca todo el día. Cuando se enfermaban se iban al pueblo a “morir”, porque el Bolivia la atención médica en los hospitales se debe pagar, nada es gratis. Cuando la policía encontraba algún enfermo, me avisaba y lo llevaba a la asistencia, y debía cargar con todos los gastos. Sabía que no podíamos darle un tratamiento para su recuperación, pero sí aunque resulte duro, le podíamos dar una muerte digna y no tirado en cualquier lugar de la calle, eran personas muy jóvenes entre 40 y 45 años. Eran familias numerosas, cuando se enfermaba alguno de sus hijos al no tener dinero para llevarlos que reciban atención médica, aceptaban que muriera” María Esther, había llegado para administrar el Comedor de Ancianos de la parroquia. Pero su labor misionera también se desarrolla dando catequesis, fue así que un año 430 niños tomaron la comunión y 180 confirmaciones. Además por petición de la comunidad querían cambiar la fachada de la iglesia, por lo cual María Esther realizó el proyecto para agrandar la misma, en total fueron cinco iglesias que se construyeron. Con toda su labor que realizó, se volvieron abrir los caminos y la llevaron a Santiago del Estero, en la Argentina. Estaba asignada al Santuario de Santa Lucía, que se encontraba en las afuera de Santiago. Tenía a cargo el comedor de niños que asistían a almorzar 130 pequeños. Además en los barrios realizaba catequesis familiar los domingos. Aquí estuvo durante todo el 2002. Se abren las puertas y los caminos la llevan a Chaco, a la capital Resistencia. Su labor fue de administradora del Colegio María Auxiliadora, que tenía los dos niveles: primario y secundario. Esa tarea lo hacía por la mañana, y a la tarde iba al último barrio de Resistencia, que era barrio Fontana. Estaba asentado sobre los terrenos del ferrocarril. Los días miércoles realizaba la formación en catequesis en las casa de familia y los sábados era para los niños. Con el tiempo se pudo construir una ermita que lleva el nombre de Santa Teresita. Luego se levantó un tinglado, y posteriormente se pudo cerrar y allí funcionó la Capilla. Como un recuerdo de su labor misionera nos cuenta María Esther: “una señora de 80 años, se bautizó y tomó la comunión y me eligió como su madrina. Al ser elegida para que sea su madrina, le pregunté qué quería que le regalara, y me sorprendió con su pedido, deseaba una crema o un perfume algo que siempre quiso y no pudo tenerlo”. Cuando la salud de la mamá de María Esther, necesitaba de un cuidado especial, pide volver a La Pampa, y su destino fue la ciudad de Santa Rosa, como administradora del Colegio María Auxiliadora, como ella lo refiere “me daban nuevamente la función que menos me gustaba administrar, a mí me gustaba toda la labor misionera”. Sin importar todo lo que implicaba llevar la administración del colegio, en sus tarde se unió a la labor del Padre Ricardo Ermesino, que estaba en la Parroquia Sagrada Familia, en Santa Rosa. María Esther se refiere a su labor en el Hogar María Magdalena: “era un centro para ayudar a la mujer golpeada, que funcionaba en un reciclado de lo que alguna vez fue un hotel alojamiento llamado “Tulipan”. Se reutilizaron los espacios y se hicieron 8 departamentos, para que las mujeres tuvieran un lugar de protección hasta que pudieran tener un lugar seguro. Las visitaba en la semana para un acompañamiento espiritual, algunas aceptaban y otras que no querían escuchar” Incansable, dispuesta a llegar a todos con la palabra de Jesús, empieza su labor misionera en el barrio de Villa Germinal, en Santa Rosa. Su primer paso fue la formación de catequistas los días de la semana, y los fines de semana se utilizaban las instalaciones del Salón de la Junta Vecinal para dar catequesis a los niños. Aún hoy las mismas catequistas siguen haciendo su labor en el barrio. Han levantado una ermita, y han conseguido los galpones contenedores para guardar las cosas y siguen trabajando para construir su capilla. Se arman nuevamente las valijas y el rumbo es Santiago de Estero, era el año 2006 y se radica en Atamiski, el primer pueblo fundado en la Argentina, según la documentación con la que se cuenta que es del año 1543. Fundada sobre la rivera del Río Dulce, en donde la región es de mucha pobreza. Contaba con una iglesia hermosa donde los libros de bautismos datan del 1700. En Atamiski, María Esther, se hace cargo de la administración del Internado para los habitantes de las comunidades del campo, una de mujeres y otro de varones. Permanece durante un año en dicha comunidad. Para el año 2007, se traslada al norte de Santiago del Estero, a la localidad de Nueva Esperanza, su labor misionera era la de llegar a las comunidades cercanas, formando para la catequesis y apoyo espiritual. Han pasado algunos años más y ahora pide regresar a La Pampa, para estar cerca de su mamá, más precisamente a Colonia Barón. Comenzaba el 2008 y le fue asignada la administración del colegio María Auxiliadora en General Pico, para cumplir dicha función, viajaba desde Colonia Barón a General Pico, los días martes y viernes. En Colonia Barón, se había ido el Padre Claudio, y asiste a la iglesia los padres de Catriló y María Esther en toda la organización de la comunidad católica. Era el año 2009 y coincidió que la Iglesia San Juan Bosco, cumplía sus Bodas de Oro. Y se hace cargo de todos los festejos y organización María Esther. El 24 de junio de 2008, Benedicto XVI, designó como obispo de la diócesis de Santa Rosa, a Mario Poli. Fue quien siempre le comentaba a la hermana María Esther, que se tenía que hacer algo con la iglesia de Colonia San José. No era el único que quería que “San José”, fuera la sede de una gran movimiento católico, como lo había sido años anteriores. Había una comisión que se encargaba del mantenimiento de la iglesia, quien para la celebración del 1º de mayo, le pidieron colaboración a María Esther y ella accedió: “para ayudarlos me hice cargo de la procesión y todo lo referido al servicio de la misa”. Había mucha perseverancia de parte del obispo Mario Poli, y cada vez que mantenía una reunión o una charla le pedía a María Esther, que tomara la posta. Y tomó la gran responsabilidad: “al final después de reunirnos con los integrantes de la comisión y Poli, se decidió hacer el 1º día de cada mes, la misa en la Colonia. Se dispuso todo para que el 1º de agosto de 2012, se celebrara la misa. Como tenía experiencia de otras parroquias, propuse que al terminar la misa se ofreciera algo para beber y comer, ya que vienen en algunos casos desde lejos. Quien ofició la misa fue el obispo, fue mucha más gente que la que yo esperaba. Cuando los colaboradores me preguntaron, para cuantas personas preparan torta y jugo, les dije que para 50 personas como una exageración. Y no fue así la iglesia estaba repleta y pedí la palabra para disculparme, que lo que se compartiría sería poco, porque no es espera tanta asistencia. Y allí Poli, dijo” lo que pasa que la hermana María Esther, no tenía fé” Se disuelve la comisión que tenía la iglesia y Poli dijo,” ahora son todos servidores, son misioneros de San José”. Y María Esther sabía que ahí estaría puesta toda su vocación, su formación y la experiencia que traía consigo. En 2015, el 1º de mayo el Papa Francisco, declara a la iglesia San José, como Santuario. Y sigue María Ester, administrando, aunque ella dice que no es lo que gusta hacer, pero sigue abriendo caminos para que cada uno de los creyentes sea misionero, que lleve la palabra de Jesús, a quien lo necesite. Todos los meses el Santuario abre sus puertas a los fieles y entre ellos siempre está María Ester. Vayan a conocerla. Vale la pena. Autor: Silvina Dunel 2019 Para 13º Enc.Historiadores del Norte de La Pampa
