Barrio: / Tema: Salud
Ubicación Histórica, Año:1930
PROSTIBULOS EN PICO EN LOS AÑOS ´30
LA PROSTITUCION REGLAMENTADA. La masiva llegada de inmigrantes desde fines del siglo pasado, hombres en su inmensa mayoría, creó la necesidad de importar prostitutas y la consecuente instalación de los prostíbulos. Con la explotación económica, se produjo la segregación de los nativos hacia el arrabal y de los inmigrantes al conventillo, con su destino de marginalidad. El “compadrito”, soporte electoral del caudillo de Comité, se hace “cafiolo”, se traen prostitutas de Europa, que según las preferencias eran mejores que las criollas, y se organiza el mercado de burdeles en las ciudades más populosas. Ante el avance de la problemática de la prostitución, con sus secuelas de marginalidad, se movilizan distintas inquietudes que tienden a reglamentar el ejercicio de la prostitución, a través de la labor de muchos médicos higienistas. En 1875, la cosmopolita ciudad de Buenos Aires sancionaba la primera ordenanza reglamentaria de la prostitución. El ejemplo porteño es seguido por las principales ciudades del interior, cuyos municipios dictaron ordenanzas semejantes; Santa Fe (1882), Córdoba (1883), La Plata (1884), Rosario (1888) y Tucumán (1890). Otros municipios más pequeños, autorizaron la instalación de prostíbulos, incluso en las zonas de campaña. Es interesante el pensamiento del doctor Helman Gauna, en cuya tesis de 1900, sobre “La prostitución y la sífilis” explicaba la necesidad de la venalidad sexual y justificaba la función social de la prostituta: “La prostituta, tipo necesario del vicio, no es más que el instrumento pasivo en el que van a amortiguarse las pasiones brutales de los hombres, atemperando así los instintos y produciendo en la sociedad la tranquilidad y el orden ; sin ella, la pureza de las costumbres no tardaría en desaparecer, convirtiéndose en la guardiana más eficaz de la virtud. La prostitución debe ser aceptada como una necesidad inherente a la naturaleza humana.” El propósito del proyecto reglamentarista, era claro : acotar un espacio para el ejercicio de la prostitución, sometiéndolo a controles sanitarios y administrativos a fin de impedir la difusión de sus males en el cuerpo social. Las llamadas “casas públicas” en nuestra zona de la Pampa Central tienen su origen durante la colonización y se dan simultáneamente al proceso de poblamiento de los pueblos pampeanos. En General Pico, el 1° de diciembre de 1920, se sanciona la Ordenanza N° 41, que reglamentaba el ejercicio de la prostitución, con idéntico espíritu de la ordenanza porteña de 1875 y sus reglamentaciones posteriores. Se restringían los derechos de las prostitutas -obligadas a inscribirse en un registro municipal, imponiéndosele una revisión sanitaria-, y se reprimía la prostitución clandestina, con el fin de ejercer un control localizado de la actividad. Dentro del espectro de ideas respecto de la prostitución reglamentada, oponiéndose a los higienistas, estaban los “abolicionistas”, quienes rechazaban la existencia de un imperativo fisiológico, y recomendaban la abstinencia premarital como el mejor preservativo contra las enfermedades de transmisión sexual. Entre los integrantes de esta corriente, estaban quienes políticamente se encontraban en las antípodas, como liberales y socialistas. Estos últimos, partidarios del cierre de los burdeles, preconizaban la castidad, a través de los folletos de la serie “El problema sexual”, editada por la Sociedad Luz. Las posiciones de ésta Sociedad socialista, en muchos aspectos procuraron un punto de equilibrio entre las corrientes anarquistas, que propiciaban el amor libre, y los católicos más duros, que condenaban las relaciones prematrimoniales. El Dr. Telémaco Susini, en 1904, dice sobre la reglamentación, mostrando un sentimiento de piadosa simpatía hacia las prostitutas : “El sistema es cruel, martiriza a las mujeres, las hunde moralmente y son muy remotas las esperanzas de que puedan redimirse ; hace de la prostituta una clase especial, condenada para siempre, marcada como esclava y la entrega a la especulación... La prostituta tiene los mismos derechos que los demás habitantes y no son seguramente las mujeres inscriptas en el Dispensario las que ejercen una mayor acción represiva sobre la moral de nuestra sociedad. Son otros hechos que no tienen sanción penal en las ordenanzas municipales.” La ideología anarquista, preconizaba el “amor libre”, negando a las instituciones vigentes, entre ellas a la familia, y se proponían algunas experiencias de tipo poliándrico, como las llevadas a cabo en algunas colonias anarquistas americanas hacia 1880. Es de destacar que todos los que discutían el tema, sean “reglamentaristas” como “abolicionistas”, compartían la preocupación como fuente principal de las enfermedades venéreas, y también estaban de acuerdo en otro punto importante, que al menos bajo ciertas condiciones, la prostitución era un fenómeno inevitable. TANGO Y PROSTIBULO. LA VIDA MARGINAL EN LOS ARRABALES DE PICO. En Buenos Aires, el tango, un nuevo ritmo que a los comienzos se bailaba entre hombres, se difundía en los patios de los burdeles, y el título del primer tango alude a lo que ocurría en esas casas de placer. Se llamaba “Dame la lata”. Fue así como los prostíbulos de las zonas agrícolas, que los hubo diseminados a través de las líneas ferroviarias, albergaron los primeros ritmos tangueros, que originariamente tenía como coreografía las más audaces figuras intencionadamente sexuales. En General Pico, en los primeros años de la década del ’20 se instalan los primeros dos, ubicados cerca de las vías del ferrocarril, en la intersección de las calles 17 y 10, sobre calle 17 hasta la mitad de la cuadra, el conocido popularmente como el “quilombo grande”, enfrente, entre la 10 y la 8, estaba el “quilombo chico”. Lo que diferenciaba a estos, era que “el grande” contaba con unas 16 o 17 pupilas, mientras que “el chico” tendría unas diez o doce. En estos lugares, al margen del motivo principal, los concurrentes encontraban buena bebida y mejor música, ya que a veces actuaban algunas orquestas que venían de gira. Para bailar el tango, se cobraba 10 centavos, y el pasodoble 20. Se bailaba con grabaciones, por lo general, y a veces se presentaba algún músico con su instrumento, para deleite de la concurrencia que se congregaba en el patio del burdel. Los peones “golondrina” y los obreros ferroviarios eran los clientes más frecuentes. Más en las afueras, en las quintas, funcionaban en aquellos años, ya sin autorización legal, uno al que llamaban “Las catorce provincias” y en calle 28 esquina 13, el conocido como “La cueva del chancho”. Era común que hubiera disputas en esos establecimientos. Según “La Reforma”, que daba cuenta de los hechos policiales, una noticia del 1° de diciembre de 1927 nos revela: “Un empleado municipal asesinó a un hombre ayer en la Casa de Tolerancia. Ramón Andrés Farías y Flores (a)”Andresino”, se encerró con la pupila Julia Arteaga. Se siente desde el interior golpes, gritos y ruidos de todo tipo. Ingresa con ánimo de apaciguar el vecino José Ganzerain, a lo que “Andresino” disparó tres disparos mortales. Fue detenido por los empleados Morales, Videla y Herrera. El asesino era encargado del cementerio local y tenía antecedentes policiales.” Era una década convulsionada para el país, y Pico no se mantuvo al margen, con disturbios políticos, boicots, huelgas y atentados, que derivaron en los hechos sangrientos del Prado Español y sus consecuencias posteriores. Los enfrentamientos políticos, principalmente entre radicales y socialistas, tuvieron mucho que ver con la vida de los lupanares de nuestros arrabales. Entrevisté a don Mario Deballi, quien tuvo activa militancia en el socialismo de la época: “Había un policía que vigilaba por si había algún disturbio, que no siempre dejaban de producirse, a pesar de todo. Acá había entre los que regenteaban, un grupito de gente que estaban afiliados al Partido Radical, y que gozaban de cierta impunidad. Eran los “cafiolos”, iban a buscar las latas.” La lata, en términos de burdel, era la ficha que el cliente compraba en la caja del prostíbulo y que debía dar a la pupila, ésta a su vez, le daba las latas a su “protector”, quien las hacía dinero efectivo frente a la “madama”, previa deducción de los gastos de comida, ropas, etc. Por otro lado, en esos años en que el socialismo tenía una importante presencia, hasta el año ’35, se efectuaba un control relativo de la ordenanza en vigencia, en cuanto a la ubicación y funcionamiento de los prostíbulos. Entrevistado don Recaredo Rodríguez, me contó: “Eran concurridos, después de las nueve de la noche, hasta las dos o tres de la mañana... Las mujeres tenían revisación médica todos los lunes, eso era ya de ley. La Municipalidad, aparentemente controlaba eso, no así en los clandestinos, donde no había ningún control”. Según la ordenanza N° 41, de 1920, al referirse a las pupilas, éstas debían ser inscriptas en la Inspección general de la Municipalidad, ser mayores de 22 años y presentar un certificado médico del facultativo municipal, donde se comprobara libre de enfermedades contagiosas. También establecía los días de salida de las pupilas, ya que según el Art. 14, decía: “Sólo podrán salir a la calle de paseo o a compras durante el día y en coche, los martes y jueves, las asiladas en el lenocinio N°1, y los miércoles y sábados las del número 2.” Asimismo, estaban obligadas todas, regenta, pupilas y personal de servicio, a someterse dos veces por semana, a la inspección sanitaria correspondiente. Para precisarnos sobre las pupilas, nos dijo don Recaredo: “Dos pesos moneda nacional era la tarifa, ni más ni menos...eran mujeres que venían de otra parte, estaban una temporada y se iban, se conoce que el mismo candidato las cambiaba, cuando ya no comerciaban bien, las “fletaban” a otros lugares...” Después la ordenanza cayó en el olvido, las ideas reglamentaristas fueron revisadas en función de no poder controlar las enfermedades venéreas, haber aumentado el proxenetismo y la trata de blancas, y además el golpe militar del general Uriburu en 1930 contribuyó en gran medida a desautorizar el funcionamiento legal de los prostíbulos. Pero, a pesar de todo, siguieron existiendo en Pico varios clandestinos, durante muchos años. Sus desnudas paredes fueron testigos de infinidad de historias, de amores y desamores, que marcaron a fuego a los muchachos que visitaron sus piezas. Todavía circulan de boca en boca los nombres que habitaron las historias, como derrotando al olvido, como postales de otro tiempo, de un pueblo y sus arrabales. Arq. Ruben Wiggenhauser. REFERENCIAS DE FOTOS; 1- Trabajadores ferroviarios 2- Pupila 3- Baile 4- Comité Radical 5- Hospital regional FUENTES DE CONSULTA: • Entrevista con Mario Deballi, el 28 de febrero de 1990. • Entrevista con Recaredo Rodríguez, el 28 de febrero de 1990. • Archivo del Diario “La Reforma”. • “Folklore y música popular en La Pampa”. Rubén R. L. Evangelista. • “La Delincuencia”. Carlos Cúneo- Abel Gonzáles. • “Todo es Historia” N° 285 - Marzo 1991. • Material gráfico cedido gentilmente por el Sr. Lorenzo Colla, Sr. Jaime Ruiz, Sra. Nelly Crenna y Domingo Filippini.

Ubicación Histórica, Año:1930
PROSTIBULOS EN PICO EN LOS AÑOS ´30
LA PROSTITUCION REGLAMENTADA. La masiva llegada de inmigrantes desde fines del siglo pasado, hombres en su inmensa mayoría, creó la necesidad de importar prostitutas y la consecuente instalación de los prostíbulos. Con la explotación económica, se produjo la segregación de los nativos hacia el arrabal y de los inmigrantes al conventillo, con su destino de marginalidad. El “compadrito”, soporte electoral del caudillo de Comité, se hace “cafiolo”, se traen prostitutas de Europa, que según las preferencias eran mejores que las criollas, y se organiza el mercado de burdeles en las ciudades más populosas. Ante el avance de la problemática de la prostitución, con sus secuelas de marginalidad, se movilizan distintas inquietudes que tienden a reglamentar el ejercicio de la prostitución, a través de la labor de muchos médicos higienistas. En 1875, la cosmopolita ciudad de Buenos Aires sancionaba la primera ordenanza reglamentaria de la prostitución. El ejemplo porteño es seguido por las principales ciudades del interior, cuyos municipios dictaron ordenanzas semejantes; Santa Fe (1882), Córdoba (1883), La Plata (1884), Rosario (1888) y Tucumán (1890). Otros municipios más pequeños, autorizaron la instalación de prostíbulos, incluso en las zonas de campaña. Es interesante el pensamiento del doctor Helman Gauna, en cuya tesis de 1900, sobre “La prostitución y la sífilis” explicaba la necesidad de la venalidad sexual y justificaba la función social de la prostituta: “La prostituta, tipo necesario del vicio, no es más que el instrumento pasivo en el que van a amortiguarse las pasiones brutales de los hombres, atemperando así los instintos y produciendo en la sociedad la tranquilidad y el orden ; sin ella, la pureza de las costumbres no tardaría en desaparecer, convirtiéndose en la guardiana más eficaz de la virtud. La prostitución debe ser aceptada como una necesidad inherente a la naturaleza humana.” El propósito del proyecto reglamentarista, era claro : acotar un espacio para el ejercicio de la prostitución, sometiéndolo a controles sanitarios y administrativos a fin de impedir la difusión de sus males en el cuerpo social. Las llamadas “casas públicas” en nuestra zona de la Pampa Central tienen su origen durante la colonización y se dan simultáneamente al proceso de poblamiento de los pueblos pampeanos. En General Pico, el 1° de diciembre de 1920, se sanciona la Ordenanza N° 41, que reglamentaba el ejercicio de la prostitución, con idéntico espíritu de la ordenanza porteña de 1875 y sus reglamentaciones posteriores. Se restringían los derechos de las prostitutas -obligadas a inscribirse en un registro municipal, imponiéndosele una revisión sanitaria-, y se reprimía la prostitución clandestina, con el fin de ejercer un control localizado de la actividad. Dentro del espectro de ideas respecto de la prostitución reglamentada, oponiéndose a los higienistas, estaban los “abolicionistas”, quienes rechazaban la existencia de un imperativo fisiológico, y recomendaban la abstinencia premarital como el mejor preservativo contra las enfermedades de transmisión sexual. Entre los integrantes de esta corriente, estaban quienes políticamente se encontraban en las antípodas, como liberales y socialistas. Estos últimos, partidarios del cierre de los burdeles, preconizaban la castidad, a través de los folletos de la serie “El problema sexual”, editada por la Sociedad Luz. Las posiciones de ésta Sociedad socialista, en muchos aspectos procuraron un punto de equilibrio entre las corrientes anarquistas, que propiciaban el amor libre, y los católicos más duros, que condenaban las relaciones prematrimoniales. El Dr. Telémaco Susini, en 1904, dice sobre la reglamentación, mostrando un sentimiento de piadosa simpatía hacia las prostitutas : “El sistema es cruel, martiriza a las mujeres, las hunde moralmente y son muy remotas las esperanzas de que puedan redimirse ; hace de la prostituta una clase especial, condenada para siempre, marcada como esclava y la entrega a la especulación... La prostituta tiene los mismos derechos que los demás habitantes y no son seguramente las mujeres inscriptas en el Dispensario las que ejercen una mayor acción represiva sobre la moral de nuestra sociedad. Son otros hechos que no tienen sanción penal en las ordenanzas municipales.” La ideología anarquista, preconizaba el “amor libre”, negando a las instituciones vigentes, entre ellas a la familia, y se proponían algunas experiencias de tipo poliándrico, como las llevadas a cabo en algunas colonias anarquistas americanas hacia 1880. Es de destacar que todos los que discutían el tema, sean “reglamentaristas” como “abolicionistas”, compartían la preocupación como fuente principal de las enfermedades venéreas, y también estaban de acuerdo en otro punto importante, que al menos bajo ciertas condiciones, la prostitución era un fenómeno inevitable. TANGO Y PROSTIBULO. LA VIDA MARGINAL EN LOS ARRABALES DE PICO. En Buenos Aires, el tango, un nuevo ritmo que a los comienzos se bailaba entre hombres, se difundía en los patios de los burdeles, y el título del primer tango alude a lo que ocurría en esas casas de placer. Se llamaba “Dame la lata”. Fue así como los prostíbulos de las zonas agrícolas, que los hubo diseminados a través de las líneas ferroviarias, albergaron los primeros ritmos tangueros, que originariamente tenía como coreografía las más audaces figuras intencionadamente sexuales. En General Pico, en los primeros años de la década del ’20 se instalan los primeros dos, ubicados cerca de las vías del ferrocarril, en la intersección de las calles 17 y 10, sobre calle 17 hasta la mitad de la cuadra, el conocido popularmente como el “quilombo grande”, enfrente, entre la 10 y la 8, estaba el “quilombo chico”. Lo que diferenciaba a estos, era que “el grande” contaba con unas 16 o 17 pupilas, mientras que “el chico” tendría unas diez o doce. En estos lugares, al margen del motivo principal, los concurrentes encontraban buena bebida y mejor música, ya que a veces actuaban algunas orquestas que venían de gira. Para bailar el tango, se cobraba 10 centavos, y el pasodoble 20. Se bailaba con grabaciones, por lo general, y a veces se presentaba algún músico con su instrumento, para deleite de la concurrencia que se congregaba en el patio del burdel. Los peones “golondrina” y los obreros ferroviarios eran los clientes más frecuentes. Más en las afueras, en las quintas, funcionaban en aquellos años, ya sin autorización legal, uno al que llamaban “Las catorce provincias” y en calle 28 esquina 13, el conocido como “La cueva del chancho”. Era común que hubiera disputas en esos establecimientos. Según “La Reforma”, que daba cuenta de los hechos policiales, una noticia del 1° de diciembre de 1927 nos revela: “Un empleado municipal asesinó a un hombre ayer en la Casa de Tolerancia. Ramón Andrés Farías y Flores (a)”Andresino”, se encerró con la pupila Julia Arteaga. Se siente desde el interior golpes, gritos y ruidos de todo tipo. Ingresa con ánimo de apaciguar el vecino José Ganzerain, a lo que “Andresino” disparó tres disparos mortales. Fue detenido por los empleados Morales, Videla y Herrera. El asesino era encargado del cementerio local y tenía antecedentes policiales.” Era una década convulsionada para el país, y Pico no se mantuvo al margen, con disturbios políticos, boicots, huelgas y atentados, que derivaron en los hechos sangrientos del Prado Español y sus consecuencias posteriores. Los enfrentamientos políticos, principalmente entre radicales y socialistas, tuvieron mucho que ver con la vida de los lupanares de nuestros arrabales. Entrevisté a don Mario Deballi, quien tuvo activa militancia en el socialismo de la época: “Había un policía que vigilaba por si había algún disturbio, que no siempre dejaban de producirse, a pesar de todo. Acá había entre los que regenteaban, un grupito de gente que estaban afiliados al Partido Radical, y que gozaban de cierta impunidad. Eran los “cafiolos”, iban a buscar las latas.” La lata, en términos de burdel, era la ficha que el cliente compraba en la caja del prostíbulo y que debía dar a la pupila, ésta a su vez, le daba las latas a su “protector”, quien las hacía dinero efectivo frente a la “madama”, previa deducción de los gastos de comida, ropas, etc. Por otro lado, en esos años en que el socialismo tenía una importante presencia, hasta el año ’35, se efectuaba un control relativo de la ordenanza en vigencia, en cuanto a la ubicación y funcionamiento de los prostíbulos. Entrevistado don Recaredo Rodríguez, me contó: “Eran concurridos, después de las nueve de la noche, hasta las dos o tres de la mañana... Las mujeres tenían revisación médica todos los lunes, eso era ya de ley. La Municipalidad, aparentemente controlaba eso, no así en los clandestinos, donde no había ningún control”. Según la ordenanza N° 41, de 1920, al referirse a las pupilas, éstas debían ser inscriptas en la Inspección general de la Municipalidad, ser mayores de 22 años y presentar un certificado médico del facultativo municipal, donde se comprobara libre de enfermedades contagiosas. También establecía los días de salida de las pupilas, ya que según el Art. 14, decía: “Sólo podrán salir a la calle de paseo o a compras durante el día y en coche, los martes y jueves, las asiladas en el lenocinio N°1, y los miércoles y sábados las del número 2.” Asimismo, estaban obligadas todas, regenta, pupilas y personal de servicio, a someterse dos veces por semana, a la inspección sanitaria correspondiente. Para precisarnos sobre las pupilas, nos dijo don Recaredo: “Dos pesos moneda nacional era la tarifa, ni más ni menos...eran mujeres que venían de otra parte, estaban una temporada y se iban, se conoce que el mismo candidato las cambiaba, cuando ya no comerciaban bien, las “fletaban” a otros lugares...” Después la ordenanza cayó en el olvido, las ideas reglamentaristas fueron revisadas en función de no poder controlar las enfermedades venéreas, haber aumentado el proxenetismo y la trata de blancas, y además el golpe militar del general Uriburu en 1930 contribuyó en gran medida a desautorizar el funcionamiento legal de los prostíbulos. Pero, a pesar de todo, siguieron existiendo en Pico varios clandestinos, durante muchos años. Sus desnudas paredes fueron testigos de infinidad de historias, de amores y desamores, que marcaron a fuego a los muchachos que visitaron sus piezas. Todavía circulan de boca en boca los nombres que habitaron las historias, como derrotando al olvido, como postales de otro tiempo, de un pueblo y sus arrabales. Arq. Ruben Wiggenhauser. REFERENCIAS DE FOTOS; 1- Trabajadores ferroviarios 2- Pupila 3- Baile 4- Comité Radical 5- Hospital regional FUENTES DE CONSULTA: • Entrevista con Mario Deballi, el 28 de febrero de 1990. • Entrevista con Recaredo Rodríguez, el 28 de febrero de 1990. • Archivo del Diario “La Reforma”. • “Folklore y música popular en La Pampa”. Rubén R. L. Evangelista. • “La Delincuencia”. Carlos Cúneo- Abel Gonzáles. • “Todo es Historia” N° 285 - Marzo 1991. • Material gráfico cedido gentilmente por el Sr. Lorenzo Colla, Sr. Jaime Ruiz, Sra. Nelly Crenna y Domingo Filippini.

