Barrio: / Tema: Personajes
Ubicación Histórica, Año:1815

Cayupan, su memoria se mantiene viv
Haremos aquí una relación de la vida del Cacique Cayupán, con su descendencia y los sitios instaurados a su memoria patronímica , en nuestra ciudad. Para ir adentrándonos en los patrimonios tangibles e intangibles a cuidar,se han tomado diversas fuentes. Fuente: Caciques mapuches en Neuquén y en La Pampa, presentado por Michael Palomino (2011).pp. 342-343. Cayupán: (cayu =seis, pan, pangui = puma, león; así: cayupán = seis leones) Cacique araucano que entró en el país como invasor en el año 1815. Instaló su toldería cerca de Bahía Blanca. Se unió a Juan Catriel, Cachul y Llanquelén para combatir a los Pincheiras (pandilla de ladrones (rateros) de la familia Pincheira). Realizó algunos malones, pero al cabo de un tiempo decidió vivir en paz y se convirtió en colaborador de las fuerzas nacionales. Tanto en la Argentina como en Chile, Cayupán goza de muy buena reputación. Su nombre significa "seis leones" (p.343). Venancio Cayupan entro de chile 1815, padre de Jose Cayupan (quetrelo o catrilo) padre de Santiago, de Venancio y de Ignacia Cayupan de Marotti Ignacia nacio entre 1869- 1872 en Echo - hue (cerca de Victorica) ………………. Fuente: Jorge Castañeda Escritor, Desde su descubrimiento a la actualidad, una mirada. Rosas envió el 12 de septiembre al sargento mayor Leandro Ibáñez, guiado por el baqueano Juan León, a recorrer 100 leguas al sur de Carmen de Patagones, llegando hasta el arroyo Valcheta, en donde atacó la toldería del cacique Cayupán el 5 de octubre, haciendo 76 prisioneros y matando 20 indígenas y 5 mujeres. Ese día dejó una inscripción cerca del arroyo. Componían el destacamento 50 soldados y 100 indígenas. Cayupán y Archimán lograron huir, pero fueron alcanzados el 25 de noviembre a orillas del río Colorado por una partida enviada por Pacheco en su búsqueda, logrando huir nuevamente Cayupán, aunque solo. Comandaban la partida el ayudante Mariano Calderón y el alférez Eugenio Quiroz. De los 35 indígenas que lo acompañaban, 6 murieron y 21 cayeron prisioneros. Cayupán fue rodeado en el desierto por 45 de sus compañeros y se presentó con ellos ante un comandante, siendo remitido a Rosas. A consecuencia de esos ataques, el cacique Quentrel se presentó ante Rosas con 250 guerreros para someterse. Al regresar Ibáñez a Médano Redondo, fue felicitado y ascendido por el éxito que logró en su intrépida misión. Fuente: De la Conquista del Desierto a la Doctrina de la Seguridad Nacional Tratados de paz entre los representantes del Estado nacional y la Confederación Ranquel, de 1870 y 1872 El tratado de 1872 es firmado por los caciques Cayupan en nombre de Manual Baigorrita, y Huenchugner, de Epumer Rosas, por parte de los ranqueles; y el teniente Coronel Manuel José Olascoaga en nombre del Ministro de Guerra y Marina, Julio A. Roca. Entre los compromisos se encuentra que los indios dejan de dar malón sobre la frontera o cometan “robo o asesinato sobre los bienes o personas de algún transeúnte o estanciero”. Además, si hay guerra exterior o invasión de extranjeros “todos los caciques o tribus se comprometen a prestar decidido apoyo al Gobierno Argentino” si no serán considerados “traidores a la patria”. Fuente: Libro: Historia de la Vida de la Pampa Central. 1981. Autor: Benicio Delfín Pérez. Artículo: VIVENCIA DE UNA MUJER HISTÓRICA/ IGNACIA CAYUPÁN DE MAROTTI. Sus ciento cuatro años de existencia, su abolengo Ranquel. Su lucidez en el recuerdo. Su existencia presente, un documento agregado a la Historia de La Vida de La Pampa Central. Una entrevista especial. Ignacia Cayupán de Marotti: Corre el día 25 de Enero de 1979, cuando llega hasta el autor de este libro Historia de la Vida de La pampa Central, de que se encontraba siendo examinada por un facultativo de nuestro medio, (General Pico- La Pampa), una anciana que denotaba cierta deficiencia orgánica, no muy importante, y que a estar al resultado del examen médico, la edad de la anciana en cuestión oscilaría entre los ciento catorce a los ciento dieciocho años y, que según manifestaciones de la misma anciana y sus familiares, tendría asiento de Ley Civil donde constaría en ciento cuatro los años de existencia. De inmediato se efectuó el contacto necesario para obtener de labios de la aludida centenaria, que no era otra que la mujer Ignacia Cayupán de Marotti, todo cuanto pudiésemos recoger y que sirviera de conocimiento a los lectores de las narraciones históricas de la vida de La Pampa Central. La nombrada es descendiente del Cacique José Cayupán que tuviera asiento de sus tolderías en las zonas conocidas por “Cayupán”, en las proximidades de “Quetré-lo” comúnmente llamado Catriló, ubicado en la tierra de La Pampa Central, y éste sería el enfoque biográfico esquemáticamente realizado. Ignacia Cayupán, hace manifestación: Que es hija del Cacique Santiago Cayupán, nieta de José Cayupán, que nació en las zonas de “Echó-Hué” luego Fuerte y más tarde pueblo de Victorica. Que su padre le había contado a ella y demás familiares, que se había entregado a las fuerzas militares, para no andar disparando y porque quería defender a la Patria, que se encontraba enrolado en el Regimiento Nueve de Caballería que comandaba al Tte. Coronel don Froilán Leyria y que se desempeñaba como “Baqueano del Regimiento”, que tenía asiento este regimiento en el Fuerte “Resina” (Echó-hué). Dice que se crió en la casa de una señora de nombre Rosaura Zambrano, que era su Madrina y parienta del comandante Leyria, a cuyo domicilio concurría porque le enseñaban a coser y leer, y sentía mucho afecto por una hija del militar de nombre Teodosía. Recuerda muchos pasajes de la vida primera del Fuerte y su poblamiento civil, “dice eran casas muy pobres”. Recuerda que en una “comisión” que salió a perseguir a indios que habían robado los caballos del Fuerte iba también su padre, “como era Baqueano, sabía los lugares donde se escondían los indios”. Algo se confunde en el hilván de sus relatos, pero se sobreentiende, se trata de una persona muy mayor ya y que no está acostumbrada a soportar presiones, es necesario dejarla que ella, de por sí, vuelva a sus relatos y cuante lo que oyó decir a su padre, respecto al combate de cochí-có, que esta pelea fue muy brava “que los indios no se querían entregar” y los cargaban de a caballo con boleadoras y Lanzas, “que a tránsito Mora” se refiere al Teniente que salió del cerco de defensa que armaron para procurar ayuda del resto de la columna que Vivaqueaba sobre la margen izquierda del río Salado a varias leguas de donde se estaba produciendo la lucha. “Dice que a Tránsito Mora” le pegaron treinta y tres lanzazos y no se murió entonces (sino después sin duda a consecuencia de ellos) dice también que, en persecución de los indios, iba el Comandante Santerbó que era Mayor, y que después los soldados levantaron una Pirámide en la plaza de armas (actual plaza Pública en Victorica) que esa Pirámide la hicieron por los soldados que murieron en el combate de Cochí-Có. Habla luego de que la Hija del Comandante Leyria, mandó construir una Capilla que, ahora, es la Iglesia Parroquial del pueblo citado antes. Más adelante cita la realización de una revolución llevada a cabo contra un francés de nombre Alfonso Capdeville, pero esto se ha establecido corresponde a otra época (al año 1897). Dice que a su padre lo mandaron al Chaco, ella quedó con la madre y otros hermanitos, que ya estaba el cuartel cuando la revolución, pero que había un mayor de apellido Corvalán. Que después de algunos años, por mediación de su madrina, contrajo matrimonio con Miguel Marotti. Que recuerda cuando llegaron algunos pobladores que traían carros con sus enseres y animales, pero no sabe adónde los mandaron a poblar. Ignacia Cayupán de Marotti: significa un documento histórico por cuanto ha vivido los aconteceres mas salientes en la vida de esa parte de la tierra de La Pampa Central. También es digna de mención como una de las mujeres que, al tener descendientes, cinco en total, también aportó al poblamiento de habitantes de la tierra de La Pampa Central. Ignacia Cayupán, nieta del Cacique José Cayupán e hija de Santiago Cayupán, que, según sus manifestaciones, habría nacido en 1872, alcanzando en consecuencia la edad de Ciento Diez años, corroborado por un comprobante de identificación otorgado para obtener una pensión graciable. No obstante, de acuerdo a la información de un facultativo médico que la controla, su edad oscilaría entre los ciento catorce a ciento veinte años. Al ser reporteada por el diario La Reforma de General Pico, La Pampa, el día 30 de Enero de 1979; memorizó con bastante lucidez recuerdos de la Campaña al Desierto, y poblamiento del Fuerte Resina; cierto es que superpone actos y fechas, conserva detalles, tales como haberse criado hasta los siete años en Victorica. De que su padre, Santiago Cayupán, que no quería andar disparando, y se incorporó al Regimiento 9 de Caballería para servir y defender La Patria, en cuyas filas hacía de “Baqueano”. Recuerda el Combate de Cochí-Có, la construcción de la Capilla (primera en La Pampa) y de la revolución que le hicieron al “francés-dice-Alfonso Capdeville” y se ríe con ganas, como si aquello hubiese sido un chiste. Tiene buenos recuerdos del comandante Leyria y de su familia, donde dice le enseñaron a coser y leer y hace especial recuerdo de la hija de Leyria que se llamaba Teodosia y que ese nombre le pusieron a la Capilla. Hace un recuerdo de “las viejas cuarteleras que vinieron con las tropas de la Comandancia” citando algunos nombres tales como Juana Paz, Santos Godoy y Encarnación Gonzáles. Dice haberse terminado de criar en casa de su madrina doña Rosaura Zambrano, cuñada del Comandante Leyria, de donde salió casada con Antonio Marotti. De jovencita conoció y trató a Félix Romero (Romerito) también como ella era jovencito y era maestro, dice que Victorica entonces, cuando ella recuerda, eran unos pocos ranchos solamente. Actualmente vive en la zona de Zeballos de esta Provincia con un hijo de nombre Manuel. Señor Lector: el autor de este libro “Historia de la vida de La Pampa Central”, hace grata la oportunidad de presentar un vivo testimonio de ellos a través de la foto y sus relatos. Fuente; Extraído del Blog “Sintesis” de Luis Cesanelli Paz (Ernesto Roldàn) En este libro que tengo en mi biblioteca personal y que adquirí hace más de quince años, el gran investigador que fue el Padre Meinrado Hux ya fallecido, menciona, aunque tangencialmente al Cacique Santiago Cayupán. Como ayer me referí a su longeva hija, doña Ignacia Cayupán, me parece oportuno compartir para quienes le interese el tema de la genealogía indígena, de los caciques que vivieron en el territorio de lo que fue la antigua Pampa Central, dar a conocer esto y permitir que en los comentarios se puedan agregar datos específicos sobre su persona exclusivamente. La primera mención que he detectado de Cayupán es en el texto del tratado de paz que firmó primero Manuel Baigorrita fechado en Poytagué el 18 de junio de 1865, dado que su representante era precisamente el entonces capitanejo Santiago Cayupán. La segunda huella de Santiago Cayupán es en los primeros días de enero del año 1870 en circunstancias de los prolegómenos de la firma de un nuevo tratado de pacificación. En esta ocasión Cayupán es nombrado junto a Martín López, el secretario de Mariano Rosas y Linconao, hermano del cacique Ramón ("El Platero") y como cien indios que llegaron al fuerte Sarmiento (Córdoba) por la gestión mencionada, y como recordarán ustedes el Jefe de la Frontera Sur en ese momento ya era el Coronel Lucio V. Mansilla. La tercera aparición en escena de la historia entre las tratativas entre los jefes de la frontera y los caciques de la disnastía ranquelina; es al momento de iniciarse las gestiones para un nuevo tratado en cuyo artículo 4° se dice expresamente: "El gobierno Nacional pagará mensualmente a los caciques Yanquetruz, Cayupán y Ramón, cincuenta pesos a cada uno, y quince pesos mensuales a los lenguaraces de cada uno de estos caciques." Esta mención da una idea aproximada de la estima con la que contaba Santiago Cayupán entre los jefes indígenas de Leuvucó y el Quenque. Sobre todo porque en el artículo 8° se lo vuelve a mencionar como titular de otro beneficio: "También por una sola vez, al mismo tiempo, un uniforme completo a los caciques Mariano Rosas y Baigorrita y otros para Epumer, Ramón, Yanquetruz y Cayupán..." El cuarto momento en que aparece citado Cayupán es en una carta que le envía al cura franciscano Marcos Donati el cacique Baigorrita en la que entre otras cuestiones le dice: "...hoy mando a mi cuñado Cayupán y a mi cuñado Millacedo (Millaqueo) y a mi hijo mayor...para asentar nuevos tratados." Aquí vemos que el poder de Cayupán no provenía únicamente de la cantidad de gente que integraba su tribu y sobre todo sus lanceros, sino también de las relaciones de parentesco que tenía con los grandes caciques y de su capacidad de representación por la lealtad que les dispensaba. La quinta presencia, en el relato que hace el autor del libro mencionado, es el momento en que se firma un nuevo tratado de paz el 24 de julio de 1878, dado que entre los integrantes de la Comisión estuvieron el Cacique Huenchugner y el secretario de Epugner (el nuevo Lonko de los ranqueles, dado que Mariano había fallecido), Martín López; el representante de Baigorria, (Baigorrita), el cacique Cayupán...". Comentarios en el tema; Pedro Vigne: El coronel Lucio Mansilla en su libro "Una Excursión a los Indios Ranqueles" nombra a los sesenta capitanejos de las tribus de Mariano Rosas, Manuel Baigorrita y Ramón Cabral y cita entre ellos al capitanejo Cayupán, aunque Mansilla lo escribe como Caiupán. Luis Cesanelli Paz: lo escribe mal, cuando en los tratados estaba correctamente escrito, con lo cual genera dudas. Pedro Vigne: Para mi es el mismo. Lo que pasa que el tratado ellos (los capitanejos, lenguaraces escribientes o quien fuera) lo han leído y firmado. En cambio Mansilla lo escribió como lo escuchó sin que nadie lo corrigiera y justamente el único error es i por y que si uno lo escucha no nota la diferencia.. Luis Cesanelli Paz: Ya me he referido otras veces en mi perfil a este tema, pero para quienes lean esto por primera vez diré que, doña Ignacia había sido objeto del interés del periodismo por su edad, además por supuest... Seguir leyendo Mario Ruben Marotti: Mi viejo, no fue hijo de Ignacia, lo mismo que la tía casada con Sondon, ellos eran esos dos hermanos, Ignacia murió en Santa Rosa, la velaron en ésa ciudad y la enterraron en el mismo lugar. Yo vivía en Realico y fuimos con el “Negro” Montiel otro Victoriquense… Ytamar Collado: Santiago Cayupan era capitanejo, según Crawford asume recién un rol destacado como jefe de su gran familia en los años de las operaciones militares, por ese entonces fue reconocido por sus pares como "cabeza' de su núcleo de parientes y de los capitanejos…Ver más Luis Cesanelli Paz: Interesante, muchas gracias por tu aporte. Julio Peralta: Segun el acta de casamiento Ignacia habria nacido en 1884.- Halle otra Ignacia CAYUPAN, nacida en 1867, hija de Feliciana CAYUPAN, casada en Victorica el 03-10-1891 con Froilan MARIQUEO, ella de 24 años y el de 26 años, siendo padrinos de boda Belisario MEDINA y Petronila CHIRINO Luis Cesanelli Paz : La primera que mencionás es esta señora que aparece en la foto y es a la que me refiero en este escrito, gracias por tu aporte. Mario Ruben Marotti Cuando quedó viuda Ignacia, se casó con Miguel Marotti Julio Peralta: Sera la misma? alguien me comentó que puede ser la misma, solo que fue asentada como nacida en 1884 porque ese año comenzó a funcionar el registro Civil en Victorica. Tambien figuran como hijos naturales de Ignacia CAYUPAN los siguientes: Remigio CAGIUPAN (asi esta anotado), bautizado en Gral. Acha el 15-01-1889, padrinos Belisario MEDINA y Remigia MARIQUEO; Geronimo CAYUPAN, bautizado en Victorica el 25-02-1904, nacido el 9-9-1903, y Elias Antonio, bautizado en Victorica el 20-02-1907, nacido el 16-02-1907, padrinos Ciro LUCERO y Rosaura ZAMBRANO Aida Sondon: hija de Doña Ignasia fue la tia Fermina. Yo visite a Doña Ignasia con mamà en Luan Toro, ella era una gran dama y nuestro abuelo Don Antonio Marotti me dijo ( yo tenia 10 años entonces) tienes que ir a Calabria a la tierra de tu abuelo . Aida Sondon: La tia Fermina casada con Blas Pissani vivia en Bs As lo que me sorprendio fue su parecido a mamà, idéntica como si fueran gemelas, ella si mantenía relacion con familiares de Rosario. El tio Blas tenia fábrica de artículos de plástico.. Aida Sondon: Asi es que yo tengo un recuerdo de nuestra abuela Dominga, ella fumaba en boquilla por las noches y en la galeria del patio se veia la estela de humo que dejaba. Pedro Vigne: En el libro "Los Rostros de la Tierra" que publicamos con José Carlos Depetris en el 2000 hay una fotografía de José Cayupán (pag. 69), hijo del cacique Cayupán y Fermina Quinchabel, nacido en Villa Mercedes (San Luis) en 1878. Vivió en la Cnia. Emilio…(Ver más) Margarita Beatriz Betty Lobato: Santa Rosa tiene una calle con su nombre Mario Ruben Marotti : Falucho y Gral.Pico también Fuente: Diario: La Galera / La Reforma Fecha: viernes 14 de octubre de 2005 Autor: Ibero Arroyo. Memorias del tiempo de Ignacia Cayupán y su hija Fermina Alta Italia queda a 60 kilómetros de General Pico. Y en la casa de unos parientes, en Sargento Cabral al 368, vivió hasta 1992, Ignacia Cayupán de Marotti. En 1993, esos parientes la trasladaron a la vivienda de uno de sus hijos en Santa Rosa, donde falleció el 11 de junio del mismo año. Tenía 126 años y los lenguaraces bien informados, decían que era tal vez la mujer más vieja del mundo. El Chohué era el nombre que identificaba al lugar (Morada de Ranqueles) y allí había nacido doña Ignacia Cayupán, algunas de cuyas memorias tuve tiempo de rescatar antes de que se fuera su cielo de estrellas y lunas lejanas. Y ella me contaba que, después que nació, llegarían las tropas del ejército para extender las conquistas del desierto. Corría febrero de 1882 cuando el coronel Ernesto Rodríguez, fundó el fortín Victorica, en homenaje al entonces ministro de Guerra y Marina. Hija de Ignacia Cayupán y de la cautiva Fermina Lorenzo, Ignacia creció en el llamado corazón ranquelino, hoy departamento pampeano Loventuel, 150 kilómetros al oeste de Santa Rosa. Las tierras ganadas a los aborígenes se repartieron en 1885, de acuerdo con la llamada Ley de Premios. A cada jefe de frontera le correspondieron 8.000 hectáreas. Los jefes de batallones recibieron 5 mil, capitanes y ayudantes mayores, 4.000. Mientras que tenientes primeros y segundos, 5.000. La distribución también comprendió a los soldados. Les dieron 100 hectáreas para cada uno y raciones por el término de un año. Las tierras se malvendieron muy pronto. La apremiante situación económica de los adjudicatarios, fue aprovechada por los oportunistas. “A los pobres indios no les dieron casi nada. Unos pocos consiguieron algunas leguas cerca de El Salado, pero nada más”, rememora doña Ignacia Cayupán. “Los nativos quedaron deambulando por las pampas. Y se fueron perdiendo en la historia, perseguidos sin recursos ni estímulos”. Corte en la memoria de la injustica y seguimos con Ignacia Cayupán que se casó en Victorica, con Miguel Marotti. De la pareja nacieron cinco varones y una niña Petrona, la mayor, tiene ahora 97 años. Y detrás de ella se escalonaron Ignacio, Martín y Manuel. Serafina falleció a los 24 años, víctima de un accidente. Y otro de sus hijos, del cual no pudo precisar el nombre, murió en la adolescencia. Indocumentada hasta 1985, Ignacia, por ese entonces, cuando hizo memoria conmigo, y ya cumplidos los 126, acreditó su identidad con el DNI 16.632.281, donde figura el 18 de febrero de 1884 como fecha de su nacimiento”. Lúcida, sabiendo que días más, días menos se le venía encima la “que te dije”, bromea: “Nací en Victorica. En esa época había poca curiosidad para anotar a la gente. Ni se ocupaban de esas cosas. Cuando los huincas llegaron y quisieron que los indios se casaran, se armó un barullo bárbaro”. Y una carcajada espontánea le ilumina y le arruga infinitamente el rostro, que parece hecho de cuero”- Y le da, con la voz cascada y que por momentos se toma un descanso: “Mi padre era hijo de un cacique. Fue muy vivaracho y corajudo. Mamá no era india. Fue cautivada en los pagos de Santa Fe. Y me la acuerdo tejiendo matras o trabajando el telar haciendo cojinillos”. Le ofrecí un frasco de crema Hinds que le llevaba como regalo. Hizo señales de pasárselo por la cara y con una sonrisa, entró por unos minutos en vigilia. Pero imprevistamente se despertó y: “Papá tenía a Mora, un lenguaraz. Así le decían porque hablaba tanto con los indios como con los huincas. Por eso siempre estaba al tanto de lo que pasaba. Los soldados trajeron a los curas para convencernos y amansarnos. Fuente; Vida y Milagros de Doña Ignacia Cayupán y de cómo Llegó a Tener 121 Años. La Reforma Por Ibero Arroyo 18 de octubre de 1989 Está ahí, quietecita y chiquita, metida para adentro en los recuerdos, vaya a saber uno manejando qué máquina del tiempo. Se ve que belleza no le ha faltado... Ingenio tampoco. Lo que sucede que cuando alguien tiene tantos años, debe tener tanto para recordar, que el tiempo no le alcanza para morirse. ¿Cómo será tener 121 años? Haber nacido y después visto pasar, 120 años? Casi la última mitad del siglo pasado, y éste, como van las cosas, casi todo; ser testigo para contarlo, tener a mano la memoria para no olvidarse de nada pero, fundamentalmente, encontrar la clave de la longevidad en el amor. Porque todo es lo de menos: la única fuente de Juvencia pareciera que por ahora, es el amor. Pero son cinco aparte. Ignacia Cayupán de Marotti nació hace 121 años, en 1868, por los pagos de Victorica. Es la dueña absoluta de una historia deslumbrante y la protagonista novelesca que solamente la ficción nos cuenta a veces. Hija del cacique Santiago Cayupán —toda una dinastía aquí en La Pampa— que supo ser valiente y arremetedor en la conquista del desierto y argentino cabal en la guerra del Chaco contra el Paraguay —como las grandes estrellas (lo es, caramba si lo es, tal vez la mujer más vieja del país) nos advierte, cuando llegamos con el fotógrafo, que solamente nos puede atender cinco minutos, porque sino después el doctor Massó se enoja porque “me empieza a dar vuelta la cabeza”. Pero parece no darle importancia a la cosa, se ríe medio como con burla, y finalmente se engra-… (al parecer el texto continuaba) Caciques eran los de antes Antes, hablaba la lengua indígena, pero ahora no me recuerdo casi nada”. Y se le viene encima el famoso Combate de Cochicó: “Fue en Victorica. Ahí peleó papá, que me contó lo que pasó. Hubo muchos muertos y lo lancearon a Mora que se había pasado a los huincas. La gente se acordó de eso por muchos años. Siempre tiraban bombas. Y mi vida, como la de tantos indios, cambió después de esa batalla. Mi abuelo había muerto, muchos indios se entregaron. Los más cabezas duras se fueron pa’ dentro el campo. Pero papá no disparó. Ya no tenía alma pa’ defenderse. Decía que lo mejor era entregarse y no separar a la familia. No fuimos a la escuela. Éramos tan ignorantes que nos parecía que, por ir al colegio, nos iban a separar de mamá. Igual me quedé huérfana y me llevaron con una madrina que acabó de criarme. Allí aprendí algunas cosas”. Ignacia se quedó quietita, su sobrina hizo Shhhhh, con un dedo sobre los labios, indicando que se había dormido y yo me quedé sin algunas memorias. Sintiendo el tiempo correr por esa mano rugosa que me apretó muy fuerte cuando llegué ese día a Alta Italia. La historia que sigue “Y si, aunque no esté en el documento, yo me llamo Fermina. Eso de Petrona lo puso la partera porque se había olvidado de lo que mamá le había encargado”. Pero yo, cuando me encuentro con Petrona Marotti viuda de García, decido darle el gusto a la venerable anciana que tengo enfrente y decido que se llame como quiere ella, Fermina, y también como ordena la ley. Entonces, Fermina Petrona, Marotti de apellido de soltera y estoy hablando en grande, porque esta mujer que cose florido batón en frente a la ventana, es nada menos que la hija mayor de Ignacia Cayupán de Marotti, y ha llegado airosa a los 98 años, sin que se le caiga, al parecer por su cabeza enrulada, ni un solo pelo. -Y claro que sí. Yo tuve unos cuantos hermanos, pero la mayor soy yo. Y la única mujer. Ignacio vive en Santa Rosa”. Y reconoce: “Claro, yo no soy totalmente india. Mi papá era italiano, Marotti, con dos “t”. Pero ni me acuerdo cuando se casaron mis padres. Tiene que haber sido en el otro siglo. Papá trabajaba de chatero en la casa Llorente. Andaba por las estancias para tomar nota de lo que necesitaba la gente. Y también en una jardinera vendía cosas por los lugares de alrededor. Era mercadería que sacaba también de los de Llorente. Pero yo no estuve mucho tiempo con mis padres, porque me pasaron a lo de una madrina que era Rosaura Sambrano, una mujer muy caritativa que se ocupaba de las chicas pobres. Una gran mujer, que nos daba educación y alimento”, cuenta casi emocionada Fermina que se maneja con un lenguaje culto y tiene maneras de niña muy bien educada. Porque Rosaura Sambrano se había quedado en Victorica, luego de que su familia, toda de militares, se fuera a vivir a Buenos Aires. Ella también, después de todo lo que pasó, había sido madrina de mamá”. Entonces la vida de la hija de Ignacia Cayupán estuvo rodeada de todos los lujos que hacen a la buena educación. Y como se usaba en la época, aprendió tareas impuestas: bordar, coser y todas esas obligaciones para ser una buena ama de casa. “Pero claro está. Yo quería educarme de otra manera, porque lo que más quería era tener un buen empleo fuera de casa. Había aprendido ya muchas cosas, porque a madrina le hacía hasta de secretaria. Escribía las cartas que iban para Buenos Aires y hasta le iba a cobrar los giros que le enviaban al banco. Y ocurrió que un día, vinieron a buscarla sus parientes para llevarla para que se operara, con la orden de llevarme a mí también para internarme en un colegio y tuviera una buena educación. Pero madrina se opuso diciendo que yo debía quedarme a vivir con mi mamá. De todas maneras, yo me di el gusto después de tener un empleo, cuando me casé con Fernando García, que era mecánico, para ayudarlo un poco. Porque después vinieron mis cinco hijos y hubo que criarlos. Y ahora todavía vive una, Carolina García, en Buenos Aires. Yo vivo allá con ella”. Pero dice Fermina, a la que le gusta mucho hablar “fui muy feliz con García que me llevo 14 años seguidos veranear a Mar del Plata. Después vinimos unos años a Pico, antes de que él se muriera, porque aquí había familia. Y compramos una casa, por eso ahora volví para vender la propiedad. Y mientras tanto me quedo aquí”. Se refiere al geriátrico donde se hospeda y llena sus ratos libres cosiendo, haciendo hermosas flores, tejiendo. “Mientras espero que se venda la casa. Después me voy. Porque yo tengo dos jubilaciones: la mía (trabajé mucho tiempo en Buenos Aires en una fábrica de zapatos) y la de mi marido. Y ponga que yo sigo siempre adorando a mi madre Ignacia, que es verdaderamente una reliquia que los pampeanos no tienen que olvidar”.   Fuente: (sin confirmar) Diario: Flash Autor: Carlos Rodrigo. En La Pampa vive Ignacia Cayupán, la mujer más longeva que se conoce en todo el mundo. El pasado mes de enero algunos diarios publicaron una noticia procedente de Londres, que decía: “Anna Williams, una anciana británica calificada como la más longeva del mundo, ha muerto a los 114 años en Swansea, Gales”. Anna Williams, quién celebró el 2 de junio último su 114 cumpleaños, sobrevivió a una hija suya y también tenía nietos y bisnietos, pero ella decía no saber cuántos eran. La centenaria británica fue reconocida por el libro de récords mundiales Guinness, como la tercera persona más longeva del mundo, tras el japonés Shingechiyo Izumi, quien murió en febrero de 1986 a los 120 años y el soviético Shirali “Baba” Mulinov, quien falleció en 1973 a los 168 años, según libro. De lo anterior se desprende entonces que Ignacia Cayupán de Marotti, que vive actualmente en la pequeña localidad de Alta Italia, departamento de Realicó, Provincia de La Pampa, con sus 120 años que cumple el 22 de este mes, es la persona más longeva del mundo. Ignacia Cayupán de Marotti es nieta del cacique José Cayupán, que fuera en los albores del siglo pasado una de las más importantes figuras de la historia del territorio pampeano. El padre de doña Ignacia se llamaba Santiago Cayupán, y de labios de él conoció historias y leyendas que aún hoy recuerda con sorprendente fidelidad. Entre las cosas que recuerda, dice que su padre le relataba que se entregó a las fuerzas militares para no andar disparando, y pasó a servir -como baqueano- en el Regimiento 9 de Caballería, que comandaba el Coronel Froilán Leyría. Conocíamos a doña Ignacia a través de un reportaje que le hiciera el diario La Reforma, de General Pico, el 30 de enero de 1979; también por un muy interesante reportaje que le efectuara el historiador pampeano Benicio Delfín Pérez, en su muy importante obra “Historia de la vida de la Pampa Central”, editado en noviembre de 1981, pero la promoción mayor la obtuvo nuestra entrevistada el 12 de febrero de 1982 cuando en el famoso “asado del siglo” realizado en la localidad de Victorica (La Pampa), Galtieri la saludó efusivamente ante las cámaras de la televisión y los objetivos de los reporteros gráficos de las principales publicaciones del país recogieron la simpática nota. Personalmente la conocimos hace un año, por gentileza de su nieto, Ignacio Serafín Marotti, que vive con ella en Alta Italia. El encuentro fue fugaz, pero quedó firme la promesa de volver a hacer una nota. Ahora, doña Ignacia, al filo de los 120 años y convertida en “la abuela del mundo”, recibe nuestra visita. La rodean su nieto Ignacio y la esposa de éste. Doña Ignacia, con su lucidez de siempre, su sonrisa cordial y la increíble agudeza de su oído responde a nuestras preguntas: - ¿Cuál es el lugar exacto donde usted nació? - Yo nací en un paraje de campo, que le decían Echo-hué, cerca de lo que hoy es Victorica. - ¿Conoció a alguno de los expedicionarios que llegaron a poblar Victorica? - Si, porque mi padre fue baqueano de ellos. Recuerdo al mayor Santerbó, al comandante Leyría, también a un “lenguaraz” que se llamaba Mora. (Sin duda se trataba del teniente Tránsito Mora, que fue uno de los integrantes de la partida durante la famosa batalla de Cochicó). - ¿Cómo se llamaban sus padres? - Mi padre, Santiago Cayupán y mi madre, Fermina Lorenzo. - ¿Cómo era el trato de los militares para con los indios? - A nosotros nos trataban bien. Los militares traían curas, y como los indios eran muy humildes seguían los consejos que éstos les daban. - ¿Qué recuerda de cuando era chica, qué festejos había? - ¡Oh! Aquello era lindo; las mejores fiestas que había eran las romerías, los carnavales y también el 25 de Mayo. Antes, el 25 de Mayo era la fiesta más grande que había, pero ahora, cualquier día nomás es 25 de Mayo… También se festejaba con mucho entusiasmo el 9 de Julio, pero ahora, pasan como si nada… - ¿Cuántos hijos ha tenido? - Tuve 7, de los cuales vivieron 4; también tengo nietos y bisnietos. Nietos tengo muchos. - A usted, con sus 120 años se la ve muy bien, ¿hace algún régimen especial de comidas? - Yo como de todo, basta que no sean cosas picantes… Carne no puedo comer porque no tengo dentadura, pero hago lo posible por comer jugos, papa hervida, zapallo… de vez en cuando alguna presita de pollo… - Del famoso “asado del siglo”, que se hizo en Victorica, y a usted la llevaron -con sus 114 años- a saludar al general Galtieri, ¿Qué nos puede decir de eso? - Que me prometió una pensión, pero nunca me la dieron. Ahora estoy cobrando una que no me alcanza para nada. Yo quisiera que me dieran una pensión un poco mayor, para poder poner una persona que me cuide y así poder irme con mi hijo que vive en Falucho. El se llama Manuel Marotti, es soltero, ahora compró una casita en el pueblo, y entonces me gustaría ir a vivir nuevamente con él, con quien viví muchos años cuando estaba en el campo. Acá donde estoy con mis nietos, estoy bien, pero quisiera una ayuda del Gobierno para poder pagar a una persona que me cuide y poder volver con mi hijo. Antes de despedirnos, y aprovechando la hermosa tarde de este verano pampeano, la abuela y sus nietos nos acompañaron hasta afuera y allí nuestro fotógrafo vuelve a efectuar otras tomas. Ignacia Cayupán de Marotti “la abuela del mundo”, camina sola -apenas ayudada por su bastón- Es aún una firme raíz de aquel poderoso tronco ranquel, que pobló La Pampa, cuando esto era un desierto que parecía extenderse más allá del horizonte.   Fuente: Diario del lunes 8 de marzo de 1993 (No se aclara que diario es) Artículo ¿Hay acaso un homenaje más merecido? General Pico, 8 de Marzo de 1993. Querida abuela Ignacia: Tal vez usted ni siquiera se imaginó, en tantos años de vida, cuenta la historia, porque usted ya es historia y leyenda, algo así como la abuela de todos los pampeanos, que alguien alguna vez en el mundo tuviera la idea de ponerle al calendario un día que fuera destinado a conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Justamente usted, que ya pasó la barrera de los 100 hace rato, y que seguramente tiene historias sin tiempo. Qué suerte que la tenemos en La Pampa, y entre nosotros, celebrando la vida, siendo embajadora, por qué no de todas las mujeres. Desde chiquitos nos enseñaron que el de MADRE era el oficio más antiguo del mundo. Maravilloso oficio si es que los hay. Y creo que allí, casualmente, o por obra y gracia de Dios, nació realmente el Día Internacional de la Mujer. ¿Se imaginó tal vez alguna vez, abuela, que en ustedes desde siempre descansa el privilegio de ser las salvadoras del universo?, porque sin ustedes la especie humanas hace miles de años que ya no sería más. Perdóneme si me equivoco en algo, pero voy a contar brevemente su epopeya. Y a vuelta de correo, contésteme si en algo me equivoqué. La leyenda, según dice, comenzó allá por 1867… Entonces la historia la contaban los ranqueles … en una tierra desolada, pero todavía con un poco de agua, de jarillas y alpatacos que estaba ubicada justamente donde comienza y se hace inmensidad el oeste de esta provincia. Una madre rubia, un padre cacique… Una mujer rubia, un padre ranquel -por allí se dice que pudo ser araucano-, comenzaron a contar esta historia en una noche en la que tal vez esperaban que los conquistadores llegaran en cualquier momento y, en nombre de la civilización, arrasaran con todo. Ese hombre, esa mujer… … también lo cuenta esa historia sin tiempo, se habían conocido por la fuerza del destino. El cacique Cayupán había hecho, con su indiada una rápida incursión por las tierras santafesinas. Allí el cacique no pudo resistir el hechizo de la asustada mujer blanca que había quedado acurrucada en un rancho. Y jugó su destino, que después fue el suyo, a todo o nada: me llevo esta mujer. Y la hizo cautiva. Pero como en los cuentos, en las leyendas, la cautiva no resistió demasiado tiempo el hechizo y la bravura del moreno guerrero. Y le entregó su corazón. Y le dio los hijos que cada nueve lunas celebraban la vida… Y así fue como… …después de una de esas nueve lunas, un día vino Ignacia a celebrar la vida. Y a transitar un camino de 125 años… Y si… era en 1867 y así fue como… “Fue muy difícil, pero valió la pena…” Esto me lo dijo usted un día, hace ya tiempo (para mí, porque, ¿qué son dos años para usted?). ¿Usted que pide con ese extraño reloj que parece tener el minutero de la eternidad? Y me contó otras cosas: de una infancia feliz y salvaje, siempre de a caballo, de una Victorica donde de a poco comenzaron a llegar los blancos… de unos hombres y unas mujeres que un día descubrieron a la cautiva de su madre y se la quisieron llevar de vuelta. Pero su madre, ya templada por los soles y el amor, y florecida en hijos, dijo no. Y se quedó nomás. ¿Se acuerda cuando me contó que de chica a veces se escapaba, se quedaba en el monte uno o dos días y se alimentaba de chaucha y piquillín?, ¿Y de cuando su padre finalmente decidió que ya era una mujer, apenas a los 15 años, y que ese hijo de italianos, un tal Marotti, que trabajaba en la casa de ramos generales, quería ser su marido? El hombre era bastante mayor, pero estaba enamorado. Y usted le pasó lo mismo que a su madre. Se enamoró. Y comenzaron a llegar los hijos. Espléndidos y de ojos claros como el cielo. Y después vino la lucha: de la toldería al poblado, en el poblado los trajines de la madre y las preocupaciones que dan los hijos y después, en plena juventud, la viudez. Y hubo entonces que arremeter. Y pelearla de cualquier manera por esos cinco hijos: trabajar, aprender a ser el hombre y la mujer, desafiar todas las adversidades, pero encontrar el camino Que se hizo cada vez más largo. Como de 125 años. Ahora claro… Ya no lucha… … pero sigue rebelde. Usted me lo dijo: “La única desgracia es que me levanto y empiezo a comer. No sé por qué tengo tanta hambre. Pero es que mis ojos no me dejan ver nada. No puedo ni coser ni tejer… ni siquiera a usted lo veo. Tengo que encontrar algo para hacer”. No hay caso, pese a los consejos de hijos (los tiene y de 90 años, que longevidad increíble la de toda su familia), bisnietos y tataranietos que se preocupan: “Quédese tranquila abuela… descanse ahora que puede”, usted no se entrega. Y las ganas de vivir la ganan. Y los recuerdos se le tropiezan, pero se empeña en rescatarlos. Y tiene razón son su capital más valioso. Porque usted “es” LA HISTORIA DE LA PAMPA. “Hay que comer de todo”, también me lo dijo alguna vez, “No como ahora que las mujeres se privan de todo porque quieren ser flacas”. Y no hay que tenerle miedo al trabajo. Pero también “HAY QUE aprender A SUFRIR”. ¿Era coqueta?, le pregunté también aquella vez, y me contestó: “Eso ni sabíamos lo que era. No teníamos tiempo. Nosotros teníamos que ser mujeres. No íbamos a andar todo el tiempo perfumadas y pintadas. Agua y jabón y ya estaba”. A los 100 todo cambió También dice su leyenda que recién a los 100 años pudo descansar. Y muchos la recuerdan yendo y viniendo, por tren y colectivo, yendo a visitar sus hijos y nietos que están por todas partes de La Pampa. Y que ahora, a los 125 le gusta un poco ponerse crema y perfume. Y los chocolates. ¡Qué suerte que descubrió todo esto, que a los 125 se emperifolla como las chicas de hoy de 15! Se me ocurre abuela, en este Día internacional de la Mujer, que a usted le tocó vivir la vida de muchas mujeres. Fue niña, esposa, madre, militante de la vida. Longeva a muerte porque hizo un pacto con Dios: yo me voy a morir cuando tenga ganas. Y Dios la entendió. Y la recuerda en sus oraciones, como nosotros que la elegimos la abuela del mundo, en este Día Internacional de la Mujer. Chau, abuela y ¡VIVA LA VIDA! Cariño para toda la familia. Y cuando tenga ganas, contésteme.  Fuente: Diario del 19 de febrero de 1993 (No se aclara que diario es) Abuelita… ¿Qué hora es? Alta Italia celebró la vida de Ignacia Cayupán. Exactamente a la hora de la siesta, cuando el sol cae a pique sobre Alta Italia y el tiempo parece no tener medida, en una vivienda modesta, de patio sombreado, sin embargo, y mal que le pese a la siesta pueblerina, la vida se mueve. Y tiene 126 años, comenzaron allá por 1867 en Victorica, en un paraje llamado Echohue (Morada de Ranqueles). Allí nació Ignacia Cayupán que después fue de Marotti y por eso hoy la vida de Alta Italia la celebra como la abuela Marotti. De la misma manera que en muchos lugares del mundo, los hombres sabios que estudian la vida, y los que la prolongan en la longevidad, es están preguntando si la que vive en La Pampa, Ignacia Cayupán de Marotti es la mujer más vieja del mundo. Un reloj sin tiempo ¿Qué extraño reloj habrá puesto Dios en el corazón de esta mujer? ¿Qué agujas son estas que no registran el paso de los minutos y que llevaron a Ignacia Cayupán a vivir 45.990 días? Corría febrero de 1882 cuando el coronel Ernesto Rodríguez fundó el Fortín Benjamín Victorica. Hija de Santiago Cayupán y de la cautiva Fermina Lorenzo, Ignacia tuvo un destino mestizo pero ranquelino. Mestizo por la piel. Ranquelino por las furias de las pampas. Según la leyenda que es su vida, su madre, Fermina, era una rubia grácil y esplendorosa que enamoró al cacique en una de sus incursiones por Santa Fe. Y se alzó con ella, la hizo cautiva primero y su enamorada mujer después. Esa es la imprecisa, pero llena de misterio, historia del origen. Después vino la conquista y los indios quedaron errando por la inmensa llanura pampeana. Y fueron después pasando, casi nada de historia y apenas si unas anécdotas para recordar. Pero la vida sigue igual ¿Se acordará doña Ignacia de cuando era chica? Algo. Algo nada más. Andaba mucho a caballo, trabajó siempre en todas las tareas y vivía en una casa de yuyos con techo de cuero. Apenas adolescente- los indios no saben de estas cosas de ser apenas una niña- tendría 16 años, ella recuerda “me casé con Miguel Marotti”. Y nacieron entonces cinco varones y una mujer. Que ahora anda por cerca de los 90, se llama Petrona y vive en General Pico. Pero hay como una decena de nietos, una treintena de bisnietos y casi diez tataranietos prolongando la historia de doña Ignacia. Su marido era un hombre bastante mayor, de ascendencia italiana, que la dejó muy joven. Ella memora: “Trabajaba en la casa Scoren’s Victorica. Y cuando me quedé viuda, tuve que arreglármelas como pude. Meta luchar nomás, meta sacrificios”. Con todos ya grandes, en medio del relato, la furia que se mantenía escondida salta: “si van a hablar ustedes, yo me callo la boca”. Y también el humor: “Me levanto a la hora que se me da la gana. Y como todo el día. Ahora no puedo hacer nada porque no veo”. Las cataratas le tornan los ojos acelestados. La viejecita se ve chiquita pero entera, ¿Será que el tiempo no arruga más después de los cien? De a ratos recuerda, de a ratos se pierde en sus recuerdos. Vaya a saber de qué manera tantos años se tropiezan todavía en su lucidez de 126 años. En el D.N.I: Como corresponde a alguien que entró en la modernidad, Ignacia Cayupán de Marotti tiene Documento Nacional de Identidad. Allí consta que nació en 1885. Pero la verdad es que: ese año es el nacimiento del Registro Civil en Victorica. En 1867 cuando ella nació, la gente quedaba asentada solamente en la Iglesia. Pero a Ignacia no se sabe si la anotaron. Sí, que cuando obtuvo el documento, le pusieron como año de nacimiento el que correspondía a ese momento. La fiesta inolvidable Todos coinciden en que Ignacia Cayupán de Marotti, tiene 126 años, una salud prodigiosa y una memoria a prueba del tiempo. Antes solía pasar largas temporadas en Victorica, en Santa Rosa y en General Pico. Ahora pareciera que para siempre se quedó en Alta Italia, bajo el cuidado amoroso de Ignacio Marotti, de 46 años, y uno de sus nietos. Ayer, los de Alta Italia, casualmente, se anticiparon uno días a su cumpleaños 126, que es el 22, y con la iniciativa de la Dirección de Cultura de la municipalidad, hicieron un festejo. Cálido, pequeño, lleno de tortas y brindis y hasta con medalla de oro. Pero emotivo. Pleno de afecto. Los 126 años de la abuela Ignacia, se emocionaron. Todavía le queda emoción para las lágrimas. Las que provocan la celebración de la vida. Alegría y emoción. Las necesarias para vivir tantos años. Que no solamente con salud vive el hombre. Hasta todos los días, doña Ignacia. Y que siga soñando el despertador de su corazón. Ahora bien, para contar como se inicia esta tarea, puedo decir que necesité hacer un proyecto de intervención cultural para un posgrado, pensado desde el seminario Memoria y patrimonio, surge la certeza que vivo en un barrio piquense, rodeada de vecinos que tienen apellidos aborígenes y que podría entrevistarlos para que cuenten que registros tienen de sus historias familiares y con ello hacer una fonoteca para mi lugar de trabajo, comienzo asì a consultar con mi vecina más próxima Beatriz Cayupan de Diaz, quién accede a que recopilemos información y así hizo el nexo para conseguir una grabación, original del señor Josè Secco, que fuè quien le regaló a Pablo Dìaz Cayupàn,(hijo de Beatriz) ese antiguo casette con el reportaje. Para continuar nos comunicamos con el Sr. Jose Secco, para pedir autorización de incorporar lo que estaba grabado en esa cinta a este trabajo para la página de Historia de Gral. Pico, y contó esto; - tengo grabada una charla con ella cuando residia en Alta Italia, ella tenía entonces 121 años… Victorica 1982, fiesta de los 100 años, el asado del siglo, alli conoci a Ignacia Cayupan, ranquelina de pura cepa, murió olvidada a los 123 años. Tambièn transcribimos la grabación, desde un casette de audio de cinta magnética, muy antiguo y vulnerable, que fue llevado a digitalizar (Sonidos García, Galería Pico).el reportaje realizado a doña Ignacia Cayupan en su casa de Alta Italia, el dìa 26-01-1993, a las 10:30 hs. …….120 años, es una edad más que respetable. Por allí se puede llegar a decir ¿Cómo se ha llegado a comprobar esto? Ustedes me decían que hay papeles de cuando ella se casó. ……………………. Cuénteme algo que se acuerde. Abuela Cayupán: ¿Qué es lo que me acuerdo?, que había cuarteles en Victorica, cuarteles que eran militares. Que estaba en Victorica el Comandante Leyría, ¿Quién sabe si lo conocen? Yo lo conozco, ese manejaba el cuartel y cuando se entregaron los indios sobrevivientes, para que se reunieran, para que se cristianaran los hijos, para que mandaran a la escuela los hijos, ellos no creían, cómo era que iban a dejar de amar a los hijos, por eso disparaban. Pero le hicieron convencer a algunos, mi padre se entregó enseguida. Dice, “Yo me voy a entregar, yo no tengo ninguna defensa, ¿Con qué voy a pelear? ¿Con las boleadoras?” Decía mi padre. Y, se entregó él, y lo hicieron soldado, a mi padre. Pero yo no había nacido, esto me lo contaban después. - ¿Él se hizo soldado? ¿Cómo es eso? Abuela Cayupán: Él era soldado, de caballería. Se entregó él, con los indios. En esos años había un lenguaraz que se llamaba Mora, él entendía el idioma castellano como el de los indios. - ¿Qué más recuerda de su padre? Abuela Cayupán: Y que después lo mandaron al Chaco cuando ya estaban mansos los indios de acá, lo mandaron por 7 años a amansar los indios chaqueños, que eran más malos esos. - ¿Cómo le fue allá con esa misión? Abuela Cayupán: Estuvo 7 años, y mi madre quedó con 3 hijos varones , y yo - ¿Había población en aquella época, acá en la provincia? ¿Había gente? Abuela Cayupán: En Victorica sí,y había poblados. - ¿Cómo era la comunidad ahí? ¿La gente? Abuela Cayupán: Y hacían ranchos, labraban madera los soldados, hacían muebles de la misma madera de caldén que hay ahora, hacían lo que podían. - Pero básicamente eran todos soldados los que estaban ¿no? Abuela Cayupán: Soldados. - Soldados. ¿Algo más que se acuerde de su familia? Abuela Cayupán: Algo más, ¿cómo no?, toda mi familia, que me acuerde, ninguno queda vivo, solamente yo, tíos, tías, primos, todos se han muerto, todos todos, la única soy yo. Mariqueo, Milán y había muchos, y paisanos antiguos. - ¿Me podría decir alguno de los nombres de sus hermanos? Abuela Cayupán: uno se llamaba José, José Cayupán. El otro se llamaba Toribio Cayupán, el otro se llamaba Venancio Cayupán. La única mujer era yo, Ignacia Cayupán. Tres varones y yo - Después usted se casó, ¿Dónde se casó? Abuela Cayupán: En Victorica. - En Victorica. ¿Usted siempre fue de allí? Abuela Cayupán: Si, cómo no. Había iglesia, estaba el cura, todo. Muchos cristianamientos había, porque había más indios que no eran cristianos ni nada. Pero yo no era nacida, si no que me contaron después. - Claro. Después de que se casó, ¿Siguió viviendo allí en Victorica? Abuela Cayupán: Si, en Victorica no más. ¿A dónde iba a ir? - Ese era, en aquel entonces, el pueblo más grande que había ¿no? Abuela Cayupán: Sí, ese y Santa Rosa. Victorica el pueblo más viejo. - Claro. Ahora, yo cuando la conocí a usted, la vi por televisión por primera vez, fue cuando se festejó el centenario de Victorica, y su encuentro con el General Galtieri. ¿Qué recuerda de esa fiesta? Abuela Cayupán: ¿Qué recuerdo? Que había fiesta para los chacareros, hicieron la fiesta y me llevaron a mí también, pero yo no recuerdo bien. - Fue muy grande esa fiesta. ¿Se acuerda de Galtieri? Abuela Cayupán: Si ¿Cómo no? Y él nunca se acuerda de mí, pero siempre me acordaba, aunque estaba en la cárcel. Y él tampoco preguntó si estaba viva yo. - ¿Qué se siente ser una persona de tanta edad? ¿Qué puede ser, posiblemente, una de las de mayor edad en el mundo? Abuela Cayupán: Y siento, lo único, del cuerpo, pero después, el estómago, así para comer, no se me queja, tengo buen apetito, y de todo. Nunca fui operada, y así, nunca sufrí nada, hasta ahora. Yo fui alguna vez al médico, cuando sentía un poco mal el estómago, me daban una pastilla para el hígado, y con eso me sostenía yo. Después, otra enfermedad no he tenido. El estómago, principalmente, he tenido buen estómago, hasta ahora gracias a Dios. - Y ahora se la ve que todavía conserva muy buena salud, sin lugar a dudas ¿verdad? Abuela Cayupán: Si, lo único que no puedo comer es la carne porque no puedo masticar, no tengo dentadura, nada. - Pasando a la familia más nueva, los nietos, tiene varios nietos, está con ellos ¿verdad? Abuela Cayupán: Si. - Bueno, no la vamos a molestar más. Le decimos muchísimas gracias, y esperamos que siga cumpliendo años como hasta ahora. Abuela Cayupán: Yo también espero buena suerte. Siempre, que me pasen, si quiera, un sueldito. Bueno me pasen también, no sé si el gobierno, una pensión. Podría haber tenido pensiones más grandes, pero, con nadie se puede hablar. - Bueno, esperemos que se logre algo así, que usted realmente se lo merece. Muchísimas gracias. Abuela Cayupán: Igualmente. De la grabacion también surge una canción, que no se entiende, porque está en lengua Ranquel, lo cual no sabemos transcribir. De esa digitalización, se hicieron copias, de las cuales una, se entregó a Beatriz, esta familiar descendiente del Cacique Cayupán, bisnieta de él, que vive en General Pico. L.P. Tambièn en esta recopilación se adjunta transcripción de párrafos, de la Ordenanza Municipal vigente, sobre una Plaza de nuestra ciudad que recuerda a Cayupàn, Sancionada el día: 4 Agosto 1994, que expresa lo siguiente: Honorable Concejo Deliberante Ord. N° 61/94 Visto: El espacio delimitado por calles 33, 35, 38 bis y 36 bis en el Barrio Ranqueles y Considerando; Que si bien el mismo no tiene una parquización y una infraestructura adecuada para poder ser utilizada como plaza y playón deportivo, en la práctica se utiliza por los chicos del sector para realizar “picaditos”. Que es un lugar ideal para la tradicional tertulia dominguera, donde se puede disfrutar del sol y de la tranquilidad, permitiendo el sano esparcimiento de la familia. Que además corresponde dotar al sector con una denominación acorde al espíritu que se consideró para la designación del nombre del barrio y de sus calles internas. Que teniendo en cuenta lo expresado sería un justo reconocimiento a quien es uno de los últimos baluartes de nuestra ascendencia indígena, Doña IGNACIA CAYUPÁN. Que esta abuela que supo del sufrimiento, de la opresión de la colonización, del deambular por La Pampa tratando solamente de defender su integridad y peleándole a la vida misma, su existencia y la de los suyos, solamente con el respaldo que da una convicción de honestidad avalada por el sufrimiento y el sacrificio de pertenecer a una raza que a pesar de ser los auténticos propietarios de la historia, fueron marginados durantes siglos; Por ello: EL HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE DE GENERAL PICO ORDENA: Art.1; Créase la Plaza, que se designará con el nombre de IGNACIA CAYUPÀN, en el espacio delimitado por las calles 33, 35, 38 bis y 36 bis. Del Barrio Indios Ranqueles de la ciudad de General Pico.- (siguen otros artículos relacionados a infraestructura y erogaciones) Dada en el recinto de Sesiones del H.C.D, a los 4 dias del mes de Agosto de 1994.- Firman Faustino Cisneros, Secretario, y Jorge Felix Tebes, Presidente, del H. C. Deliberante. FAMILIA PIQUENSE Tambièn para este trabajo, Beatriz Cayupàn, nos armó su línea de sangre Ranquel: Su abuelo era Venancio Cayupán casado con Armanda Marotìas, quienes fueron padres de Alba, Olga, Gladys, Venancio, Armando (padre de Beatriz), Adolfo, Oscar y Alberto. De su abuela Armanda, recuerda que era una mujer muy blanca, decían que había sido cautiva, de origen francés. Su padre Armando, y su madre Selva Aide Cervetto. De ellos descienden dos hermanas, ella y Norma Noemì. Nos dice además, que debido al trabajo de su padre, que era policía de la provincia, anduvieron por muchos lugares pero residieron aquí en Pico hasta que él fallece el 23 de Abril de 1992, y que su madre falleció el 12 de Mayo de 2018. Cuenta que siendo muy jovencita tuvo trato familiar con su tía abuela Ignacia Cayupán. pues iban a visitarla a la zona de Ojeda, aunque era de poco hablar pero que les contaba sus recuerdos, entre los que hacía mención a carnear potros, beber su sangre y comer carne cruda. Bety pone especial énfasis en los rasgos indígenas y su baja estatura. Recuerda especialmente a uno de sus primos, hijo de Ignacia, José, a quien apodaban Petiso. Asì es como Cayupan, es un patronímico que después de tantos años, tiene estaciones, calles, plazas y familia que continúa el linaje, pero además General Pico, lo tiene en sus memorias!!! Recopilación de Marta Rosana Hondere Agradeciendo la colaboración de Silvia Schneider del H.C.Deliberante, Beatriz Cayupán, José Secco, Héctor Pérez, estudiantes de la Fac. de Ing. de la U.N.L.P, y la información tomada del blog de Luis Ernesto Roldàn, Referencias; Foto 1 y 2: Plaza piquense Foto 3: Ignacia, Venancio y Beatriz Cayupan Foto 4: Armando Cayupan (Padre de Beatriz)



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