Barrio: San Etelvino / Tema: Salud
Ubicación Histórica, Año:1991

Voluntarios Hospitalarios en el Cen
VOLUNTARIOS HOSPITALARIOS EN EL CENTENO Me encontraba meditando sobre ¿Qué representa ser voluntario?, y se me ocurrió buscar algunas respuestas, y entre ellas halle, que ser voluntario es un modo de ser, de estar en el mundo, de vivir. Y en primer lugar, nos deja ver una persona que tiene los pies en la tierra, que forma parte de una sociedad en la que descubre a otras personas como ella, carentes de amor y de un mínimo de bienestar material; en segundo lugar, toma conciencia de que sus acciones pueden afectar de manera positiva o negativa en su entorno y en sí misma, es decir, su forma de vivir no es indiferente. Voluntario es la persona que, por elección propia, da libremente su tiempo, sus conocimientos, su experiencia…sin recibir remuneración a cambio de la acción solidaria, y desde su conocimiento y su afán aportan a la creación de un mundo mejor. El voluntario no sólo se inquieta por sus necesidades, sino que también se ocupa de las necesidades de los demás, y se hace responsable de las soluciones. Esto lo lleva a tomar posición, y decide ejecutar acciones dirigidas hacia los demás. El desarrollo de éstas no se limita a la práctica personal, individual e íntima. Tampoco es un acto de espontaneidad o improvisación, sino que el voluntariado supone el trabajo en equipo de forma organizada y sistemática. Ser voluntario es dar a los demás una pequeña parte de tu propia vida, sabiendo que el amor cura. La solidaridad es un valor que la persona voluntaria encuentra en lo más profundo de su ser, porque ve que existe una relación con las personas que le rodean. Sin la solidaridad, cada hombre o mujer se encerraría en su pequeño mundo, trabajaría por su propio bien sin interesarle el de los demás, y en definitiva iría empequeñeciéndose sin darse cuenta. La solidaridad se convierte en un principio fundamental del crecimiento humano, sin el cual la humanidad no alcanzaría su completo desarrollo. La solidaridad por tanto se transforma en un deber prioritario de todo ser humano. La solidaridad, por lo tanto, es una forma de trato que inclina al hombre a sentirse unido a sus pares y a la cooperación con ellos. Un valor que nos ayuda a ser una mejor sociedad y que no solamente debe vivirse en casos de catástrofes y emergencias. Este vinculo y colaboración lo podemos expresar, cada vez que intentamos el bienestar de los demás, participando en ideas que nos empujen a servirles, como puede ser la visita a los enfermos en un hospital, haciendo colectas de ropa y alimentos para los más necesitados, o quizás nos encuentra educando en comunidades marginadas, trabajando en campañas de cuidado y aseo de calles y áreas recreativas de la comunidad, en los momentos que auxiliamos a quienes son víctimas de alguna catástrofe o simplemente empujando una silla de ruedas de un abuelo, para llevarlo a tomar sol; es decir, ofreciendo nuestros servicios en la creación de mejores condiciones de vida. Ser voluntario consiste en adquirir un compromiso: libre y altruista. Su meta es impulsar actividades que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los distintos grupos de personas a los que va dirigido el voluntariado. Naturalmente se une a los proyectos que lleva a cabo una entidad no lucrativa, y jamás se llama a si mismo joven solidario, porque solo cree haber hecho lo que corresponde. Ese mejorar la calidad de vida no sólo se refiere a lo material o meramente económico, es mucho más amplio. La carencia peor que pueden tener las personas es la falta de cariño, compañía, apoyo, comprensión, formación y ayuda. Los Valores que han de estar presentes en el voluntario son: la generosidad, el altruismo, el desinterés, además de poder reconocer, respetar y defender activamente la dignidad personal de los beneficiarios (Declaración de los Derechos Humanos), confidencialidad y discreción en lo relativo a lo que a menudo ve en un beneficiario. Es así como los integrantes del servicio de pediatría y servicio social del hospital Gobernador Centeno analizaban la problemática del paciente internado; refiriéndose a la ansiedad y depresión inherente a la enfermedad, incomodidad surgida de la forzada vida intima con personas desconocidas, prejuicios contra los hospitales, inactividad y monotonía. Y ahí fue cuando surge la idea de crear un lugar de recreación para los niños internados, que cuenten con material de lectura, televisión, música infantil y juegos didácticos para las distintas edades, con el objetivo de lograr la integración de los menores en el ámbito hospitalario, mientras durara su internación. La idea era lograr una rápida recuperación de los menores, actuando sobre su aspecto emocional, y así cambiar la rigidez del sistema hospitalario de internación, haciendo más amenas las horas de estadía de los niños. Y así fue que un 13 de Septiembre de 1991, se inauguro en la sala 6 del servicio de pediatría, el "Rincón Infantil”, el cual mas tarde seria trasladado al servicio de ginecología del mismo nosocomio. Ese rinconcito de la sala 6, fue equipado con mesitas, sillas, armario, TV, material de lectura, juegos didácticos, etc., gracias la comunidad de General Pico toda, entre otros, la Municipalidad, Asociaciones Cooperadoras, Asociaciones de servicio, proveedores, particulares, partidos políticos, Canal 4, etc. Sus fundadoras fueron la Dra. Cristina Ciclik y la Lic. Maria “Cachi” González de Lavecchia”. Cristina mientras estudiaba medicina se integro a un voluntariado en la Ciudad de Córdoba, el cual fuera fuente de inspiración. La sala de recreación del servicio de pediatría estaría a cargo de Voluntarios. Y se realizaría la primera convocatoria a la comunidad, sumándose algunos estudiantes universitarios. En el mes de Octubre de 1991, llegaron las primeras voluntarias, y ellas fueron: Micaela López, Roxana Vermeulen, Claudia Revuelta, Laura Carnovale, Laura Prieto, Marta Aimar, Marcela Aguirre, Lidia Canova, Marta Riquelme y Norma González; y prontas, comienzan a recorrer las salas, narrando cuentos y repartiendo juguetes y libros. Si algún niño se sentía bien se lo llevaba a “la sala 6” a jugar o mirar tele, y con mucha suerte, dar un pequeño paseo por el pasillo. Todas las semanas los días miércoles a las 14 hs. se reunían con la Dra. Cristiana y “Cachi”, donde se contaba lo que le había sucedido a cada una en su recorrido por las salas. Las coordinadoras del equipo de salud aportaban sus experiencias y ayudaban a resolver situaciones… así surgió tener un cuaderno de narración o cuaderno de novedades, donde se volcaría lo vivido al finalizar la tarea de cada día. Este era una vía de comunicación con la voluntaria que venia el día siguiente. Luego llegaría el uniforme a cuadritos verde y blanco, con cuello y bolsillos verde liso, y el distintivo “Payasito-niño”, con el corazón en la mano que da y recibe amor, al cual se lo llamo el querido “Voluntarito”. Mas adelante surgiría festejar las fechas especiales (cumpleaños, navidad, día del niño, etc.). Teniendo en cada ocasión un motivo para llegar al niño internado mas necesitado. En el año 1993 se incorpora la Lic. Silvia Lattanzi de Llanos a la coordinación, y con ella aparecen los pesebres, y llegan los primeros voluntarios varones, esa lista del ´93 incluyo a: Maria López, Fabiána Zarate, Alejandro Epifanio, Maria José Pérez, Claudia Andino, Fernanda Flores, Silvina Elero, Claudia Rosero, Guillermo Rojos, Liliana Luna, Gustavo Sosa, Hernán Bertolotti, Javier Herradon, Víctor Quiroga, Edgardo Quiroga, Marta Saavedra, Lorena González, Javier Grosso, Graciela Carrizo, Yanina Verano, Elizabet García, Gloria Lara, Gerardo Flores y Graciela Breit. Muchos de estos jóvenes pertenecían a la iglesia evangélica, y fueron ellos los que trajeron la música, intentando sacar otra sonrisa. Ya en el ´94 crecería el grupo llegando: Juan Carlos Guzmán, Maria Soledad Etecharte, Gabriela González, Cristian Rodriguez, Maria Eugenia Bonasera, Mirta Díaz, Norma Suárez, Elisa Barroso, Elizabeth Abalos, Cristian Villarreal, Paola Cuello, Verónica Schulmeister, Ana Liz Aristimuño, Hugo Piñeriro, Vanina Rodriguez, Mauricio Mediza, Oscar Laguna, Laura Ocampo, Cristina Richibut de Pastrana, Ana Sanabria, Luis Casatti, Claudia Montesino, Verónica Montesino, Rosana García, Marcelo Díaz, Valeria Sifón, Maria Laura Corredera, Marisa González, Adolfo Alliaga, Patricia Rubiano y Roberto Rodriguez. Y la promoción del ´95 fue: Vanesa Andreoli, Cristina Arguello, Eliana Colombero, Bangone Phouthakhiao, Natalia Ginart, Claudia Pechin, Maria Elisa Becher, Evangelina Calmens, Maria Belén Frade, Silvana Navarro, Valeria Ferrero, Luciana Verna, Paula Avance, Carina Barroso, Rubén “Gamba” Parera, Analia Villarruel, Claudia Muñoz, Melina Medus, Andrea Bustamante, Melina Alzadora, Silvina Del Prado, Maria del Carmen Cocuzza, Cinthia Barragán, Charrua Kraft, Aimee Kraft, Valeria Crenna y Gisella Bustamante. En el año 1996 con motivo de cumplirse 5 años de la creación del grupo de Voluntarios, se logra realizar un viaje a Buenos Aires, donde se recorren distintos hospitales, como el Garrahan, Gutiérrez, Santojanni y Carrillo, donde se intercambiaría experiencia con voluntarios de allí. El Regalo había sido ofrecido por el Ministerio de Bienestar Social de la provincia. Mirta Díaz, haciendo mención al nunca olvidado viaje a Buenos Aires, dice: “quien diría, ¡Cuantos Años pasaron!!! Sin duda uno de los mejores recuerdos del paso por el Voluntariado del Hospital”. De cualquier manera aquel no fue el ultimo viaje, pero si fue el único que pago el gobierno. Luego vendría el esfuerzo propio, para poder concurrir a cualquier tipo de encuentro o capacitación, aunque no se olvida que de una u otra forma el Dr. Delgado por entonces director del nosocomio se las arreglaba para colaborar con la causa y en una oportunidad también la Sra. Elsa Lluch pago el transporte para el grupo. El tiempo pasaba y los voluntarios del Centeno comenzaron a participar de los encuentros de C.I.V.H.A. (Coordinación Institucional de Voluntarios Hospitalarios de la Argentina), y hasta en algún momento las autoridades del movimiento visitaron General Pico, para conocer la trascendente obra. Es de destacar que en Buenos Aires, los padres Salesianos siempre colaboraron con el albergue, cediendo las instalaciones del Colegio San Miguel de la Ciudad de La Plata, para los jóvenes pampeanos, que eran recibidos afectuosamente por dos sacerdotes archiconocidos de Pico, como fueron el padre “Yiyo” Espinosa, y quien fuera párroco en nuestra Señora de la Merced, el padre Ricardo Sills. Es preciso contar que cuando el padre Espinosa estuvo a cargo el Colegio cumpliendo como Director, solo hacia falta llamar y decirle vamos para allá. Y se podría contar un montón de anécdotas de aquellas incursiones por Buenos Aires de nuestros voluntarios, pero no se olvidara nunca, el día que en un encuentro realizado por C.I.V.H.A., en la celebración del día del Voluntario en el mes de Octubre, en la Parroquia de San Francisco, cuando todas las delegaciones entraban con sus abanderados y escoltas… a la de La Pampa le faltaba uno, era nuestro querido voluntario German, que se había ido un ratito a dar una vuelta por la plaza, como si lo estuviera haciendo en Pico, y se perdió en Buenos Aires. Obviamente llegando para los aplausos. Si la ceremonia le había sido aburrida, no se imaginan el viaje de vuelta con las mujeres recriminándole el paseito. Y de a poco se había arribado a los 5 años de existencia, donde algunos jóvenes se iban y otros llegaban... se integran estudiantes de Enfermería, y en la sala de internacion la vida continuaba. Pero de repente; otra vez no quedaban casi voluntarios. Hasta que llega una fuerza renovadora, los estudiantes secundarios de los últimos años, y con ellos la remodelación del servicio de pediatría, que se traslada al lado opuesto, del pabellón a donde se encontraba. Los nuevos miembros fueron: Paula Curatolo, Miryan Del Prado, Javier Rodriguez, Sabrina Chiarelli, Eliana Flores, Anabella Pérez Doménech, Mirta Villarreal y Daniela Lucero. Y llegando el año 1997: Gabriela Calegari, Daiana Vera, Vanesa Vera, Yesica Robledo, Yesica Girabel, Evelia Quiles, Martín Sanguinetti, Teresa Martíni, Penélophe Llencura Andrés, Alicia Corradi y Laura Llencura Andrés. Mientras, el servicio comienza a funcionar en el servicio de Salud Mental, y es allí, que por cuestiones de espacio, los voluntarios pierden su sala; pero igual continúan con su tarea en un pasillo, solo con un armario donde poder guardar los juguetes y libros. Mientras se terminaba la remodelación, y otra vez una sala. Con la ayuda de una ONG Red (Programa de la Nación de fortalecimiento juvenil) se recibe un subsidio y se logra equipar la sala con juegos, libros, pintura para ambientar el pasillo, guardas, etc. Y ya en 1998 se inaugura en el patio, un parque con una hamaca, un tobogán, calesita, bancos de madera, y esa vez los elementos los proveyó la municipalidad y otras áreas del gobierno. Las paredes las pintaron los voluntarios, mientras que la comunidad dona las flores. Y seguían llegando voluntarios, y llego el turno de: Alicia Olivero, Marcela Ballari, Edgardo Cañete, Eloisa Tittarelli, Azucena Montelongo, Soledad Palacios, Gabriela Ludueña, Ana Laura González, Alejandra Spada, Adrián Maldonado, Soledad Ruiz, Carlos Vega, Silvia Montes y Bibiana Palacios. Y así se llego al año 1999-2000 donde el grupo seguía creciendo, abocado al trabajo silencioso, de mantener feliz a un niño, mientras pasa sus días en una sala de hospital, y los voluntarios en aquella época fueron: (año 1999) Romina Barrientos, Ruth Rivera, Roxana Acevedo y Maria “Maruca” Ruiz Díaz de Rotela. En tanto que en el año 2000 fueron: Mabel Fresco, Heather Kelly Davidson, Nicole Rose Jenkins, Marcela Fernández y Valeria Mani. Por las filas del voluntariado, mejor dicho por los pasillos, mejor dicho por el corazón muchas veces cansado, de algún anónimo niñito internado, pasaron voluntariamente, solo encontrando remuneración, en la satisfacción de haber hecho feliz por un momento a alguien, otros jóvenes de alma samaritana como: Juan “Cuchili” García, Adrián Arrieta, Ricardo Avance, Marcela De Laturi, Elsa Ambrosino de Icasatti, Diana Somoza y Patricia Olivieri de Arce (todos estos se incorporaron en el año 2001). Ese mismo año, Voluntarios de pediatría cambio su nombre a Voluntarios Hospitalarios dado que el grupo se extendió de la sala de pediatría del hospital Centeno a las otras salas, como ginecología, o cirugía. Comenzando a prestar un servicio mas amplio, y no solo se limito a alcanzar una revista a un paciente, sino también a ocuparse de la parte social del mismo, hasta llegar a conseguir un servicio de peluquería para los internados, muchas veces usado también en el servicio de Salud Mental. Además también se comenzó a reacondicionar ropa para aquellos que se encontraran con mayor necesidad. Y como corolario de todo esto, en ese mismo año se fundo la biblioteca “Sanaletras”, para uso de todo paciente internado en los pabellones del hospital zonal de General Pico. Luego llegarían las campañas en colaboración por las colectas de sangre, emprendimientos para llevar ropita abrigada a aquellos niños necesitados, y todo tipo de campañas en post de la empatía… pero nunca podrán olvidarse las obritas representativas en alusión a la navidad en donde participaban: voluntarios, músicos, familiares, personal hospitalario, y hasta alguno con cara de Papa Noel que pasara por la 17. Allí se lo pudo ver a Daniel Luna con su guitarra amenizando la entrada a escena de algún pastorcito, también algún angelito dando vueltas, aunque también los hubo angelotes, barbas postizas, quizás de algodón (hospital), y otras genuinas como las de Alberto Gugliara Cance, quien también siempre estuvo presto a estos acontecimientos. Y así el parquecito del Centeno se iba vistiendo de color Navidad. Nunca falto un recién nacido para improvisar mejor que nadie a Jesús redentor recién llegado al mundo, ni tampoco algún perro que nunca falto en el escenario del parque del hospital. Lo que no hubiera dado Maria, José, Isabel, los Reyes Magos, los Pastores, pastorcitos, ángeles y angelitos, Herodes, para verse 2000 años después, en la cara de estos carismáticos voluntarios. ¡Si hablara el mástil del hospital!... ¿Qué nos diría, con respecto a los voluntarios?, lo primero que diría seria que la solidaridad hace feliz al solidario, y no importa que das, sino con el amor que lo das, y diríamos que ese mástil es un sabio mástil. También con el tiempo llegaron los títeres, y al grupo se sumaron: Melisa Brum, Mariana Canone, Romina Rodriguez, Celia Tapia, Ana Díaz, Gimena Busso, German Cavilla, Pamela Quiles, Gustavo Cazenave, Verónica Spada, Silvia Páez, Mariana Gómez, Georgina Battistino, Claudia Badillo, Eugenia Roldan, Ezequiel Ramírez, Juan Pablo Díaz y Carina Sosa, era el año 2002. Las actividades se multiplicaban, los jóvenes iban y venían, en el caso de las chicas extranjeras volvieron a su país, y entre los que iban y venían algunos se quedaron para siempre, algunos en el grupo y otros trabajando para el prójimo, como es el caso de los que fueron médicos, enfermeros o asistentes sociales. Se hicieron habitúes las entregas de un pequeño presente de chocolate en Pascuas, hasta para el paciente que estaba esperando en la camilla de la guardia con un cólico hepático. De eso se trata la empatía (o todos con huevo de Pascuas, y todos con cólico hepático). Y la lista sigue, y en el año 2003 llegaron nuevas caras que pasaron por la “salita 6”, y estas fueron: Ester Funez, Ana Rodriguez, Marta Bringas, Eve Sotelo, Beatriz Soria, Susana Coria, Silvia “Pelusa” Bajo de Albizu y Ángel Linarez. Y siguiendo con la interminable lista encontramos en el 2004 a Elena Abraham y Marta Lucero de Gaite. Y en el 2005 a Emilce Britos de Baelo, Liana Orbea, Marcelo Mongelli, Ivana Hernández y Melina Molani; como así también las campañas de lactancia materna, donación de órganos y medula ósea, o la distribución de gorros para paciente oncológicos… pero también cuando hubo que rezar por un paciente enfermo… nadie se rindió. Y en una oportunidad alguien dijo algo (y creo que fue el sentimiento de muchos, durante mucho tiempo), refiriéndose a la voluntaria Esther Funez, “te damos las gracias por tu solidaridad especialmente con los adultos mayores, por las risas… por los chistes… los abrazos y todos los buenos momentos compartidos. La verdad que todo el mundo… debería tener cerca de alguien como vos”. Y esta historia viene a que mas de una ves, disimulando sus propios dolores físicos, se la vio a Esther ayudando a algún abuelo solo, a llevar una cuchara a la boca, o permitiéndole llegar simplemente a un vaso de agua. Estas historias vivieron en el anonimato, y seguramente los mismos voluntarios no hicieron absolutamente nada para que esto se conozca, no queriendo lograr reconocimiento, pero estas historias de corazón abierto, deben conocerse para que el mundo todo sepa que todavía existe gente buena, gente necesaria, que no debe pasar al olvido nunca. Luego llegaron los cuentos antes de ir a dormir, y acá dejamos uno pequeñito, de la autora Silvia Schujer, que seria el deseo de muchos niños antes de cerrar sus ojitos entregados a la noche. “Contáme un cuento de hadas para soñar esta noche letras doradas / Contáme un cuento liviano para que duerma esta noche bajo mi mano / Contáme un cuento y que flote sobre mi almohada, porque detrás del silencio no escucho nada/ Contámelo poco a poco muy despacito, que cuando cierro los ojos lo necesito”. En el año 2006 se empadronaron: Liliana Pogonza y Betina Bernal y en el 2009 Silvia Dalmaso, Cristian Barbosa, Edith Coux, Estefanía Cuello y Matías Ramírez, en tanto que en el 2010 lo haría Leonela Díaz. En Noviembre de 2011 llego el premio patrocinado por Corpico, al compromiso y al trabajo solidario. En esta oportunidad se gano el primer premio, y el aplaudido grupo. Tuvo entre sus felicitaciones estas sentidas palabras de la voluntaria Susana Coria, “la verdad que es una gratitud enorme el ser valorados, pero también es cierto que los premios afectivos que a través del tiempo nos hemos llevado en el corazón, no tienen precio”. La lista continua, como también continuara esta historia, porque en el voluntariado de pediatría del hospital a diario sigieron ingresando nuevos aspirantes, de hecho en el año 2011 se incorporo Dora Mohedano. Pero sin llegar a los voluntarios actuales, nos gustaría compartir algunos sentidos testimonios, como el de Eduardo Tortone quien nos diría: “hoy al recordar mi ingreso al voluntariado me doy cuenta que fue la satisfacción personal mas importante en mi vida, realmente contribuir con la sociedad en todos sus ámbitos refleja el grado de humanismo que hay en cada uno de los que trabajamos incansablemente para satisfacer las necesidades básicas insatisfechas de todos aquellos ciudadanos que no tienen nada, es realmente maravilloso poder contribuir de esa manera por eso insto a todos aquellas personas con un gran corazón, que se sumen haciendo el bien sin mirar a quien, gracias a todos por estar, y a seguir trabajando”. Y también en una arenga al grupo, alguna vez escribía: “tenemos un equipo maravilloso conformado por hombres y mujeres dedicados a dar solidaridad, amor, cariño, ternura, y por sobre todas las cosas tiempo para esas personas que tanto lo necesitan... Somos un equipo nunca lo olviden!!!!”. También Alexis Matías Ramírez, quien nos regalara este hermoso y sentido relato: “¿Como llegue? ¿Como olvidar ese día? Era una mezcla de nervios y emociones raras, ese día me recibió Maruka muy amablemente, pero recta, (…) el día que hice sala fui con Eve, muy dura a la hora de recordarnos las normas yo creo que era para que seamos buenos voluntarios, pero después con el tiempo fue aflojando, y era mas amigable y muy buena guía. Después pase con Estersita, ella tan buena onda, y siempre con una sonrisa, ¡que lindos momentos! estas tres personas fueron muy buenas en mi. Eva, Estersita y ¿como olvidar a Maruka?, una dulzura de persona. Un día triste fue cuando fuimos a una salita, la numero 5, en la que estaba Dieguito, un bebe de tan solo 5 o 6 meses que se encontraba en bajo peso, y con el abandono de sus padres en el sentido del amor y preocupación… También compartimos divertidas fiestas, en las cuales las compañeras se disfrazaban… ¡Al recordar que ganas de Volver!...”. Gustavo Cazenave, también nos comparte sus recuerdos diciendo: “son varios los momentos lindos que pasamos, obras de teatro… hice de Jesús en un vía crucis que salio genial… pero entre todo eso lindo, por momentos se tornaba triste, por los chicos internados, familias de otros pueblos sin tener adonde ir a darse un baño. Algo que nos dolió mucho fue un bebe, que no recuerdo cuanto tendría, calculo que por la foto que me quedo, serian 2 años, se lo sacaron a la madre por que le pegaban, así que por 2 días, si mal no recuerdo, nos turnábamos para cuidarlo en nuestra salita, hasta que las asistentes sociales se lo dieron a una familia sustituta. Se llamaba Enzo, y tenia toda la cabecita con rulitos. Recuerdo que lo íbamos a visitar a la casa de esa familia después. El hombre era militar, y buenísimo. Le festejamos el cumple en esa casa, y sinceramente no se que abra pasado... Después lo cotidiano, visitar las salas, hacer llevadera la estadía de los chicos a través de un juego, una lectura, etc. Cuidarlos para que los padres pudieran ir a bañarse. Visitar las otras salas donde ya había abuelos. Salir a recolectar juguetes, ir a los diarios, radios, en fin. Participar de las campañas contra el SIDA, lactancia materna…”. También el grupo mantuvo vivo el recuerdo de varios compañeros que pasaron a otra vida, y sintieron que fueron acompañados en cada nueva misión, que se desataba cuando golpeaban la puerta de una habitación, y el niño que esperaba ayer ya no estaba. Algunos ya sonreían en sus casas y otros en la paz del divino salvador. El corazón del voluntario siempre tuvo que estar preparado para sentir el dolor, y también para llorar, secar sus humanas lagrimas y golpear la siguiente puerta, con la sonrisa del primer día de trabajo. Como podemos ver han pasado muchas historias pero no debemos olvidar cada 4 de Octubre de saludar a nuestros voluntarios; mas cuando existe gente como Micaela López; porque allí todos tuvieron una función mas que importante, pero si alguno fue el cerebro de todo esto, o a alguno le toco poner los brazos, a ella le toco poner el corazón. Y se que no nos olvidaremos porque como siempre decimos, nuestro orgullo es que General Pico tiene memoria. Agradecimiento a los Sres.: Micaela López Romero y Héctor Omar Pérez Cristian D. RODRIGUEZ DNI: 25.300.563 Junta de Historia Regional



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